historia historica

Sexualidad en la República Popular de Polonia: la revolución sexual bajo el comunismo

Introducción

La sociedad polaca ha sido tradicionalmente conservadora en temas de sexo, aunque siempre mostró curiosidad por la vida íntima de los demás, independientemente del sistema político. ¿Cómo era la vida sexual de los polacos durante la época de la República Popular?

Moralidad oficial y realidad cotidiana

Investigar la sexualidad en Polonia es complicado: desde la Edad Media hasta la actualidad, el tema sigue siendo tabú y rara vez se discute en público. Sólo los escándalos políticos han sacado la sexualidad a la calle.

El historiador y profesor Marcin Kula, en la introducción de su libro Problemas con el sexo en la República Popular de Polonia, escribe: «El comunismo, como régimen totalizador, pretendía pronunciarse sobre todo, incluso sobre lo íntimo. En la esfera oficial se mostraba muy moralista… pero la realidad era otra, tanto entre los dirigentes del partido como entre la gente común. El comunismo parecía una comunidad cerrada donde todo estaba bien en la superficie y el sexo ni se mencionaba, mientras en los arbustos ocurrían cosas distintas».

Así era la realidad: la autoridad estatal y la sociedad mantenían una fachada moral reforzada por la poderosa Iglesia católica y por la moral puritana de generaciones anteriores.

Enfermedades venéreas

Tras la Segunda Guerra Mundial, Polonia enfrentó una verdadera epidemia de enfermedades de transmisión sexual. En 1947, el número de personas infectadas con sífilis, gonorrea o escabiosis era cuatro veces mayor que antes de la guerra.

El Ministerio de Salud lanzó la "Acción W": se produjeron folletos, se emitieron instrucciones para médicos y se realizaron películas de propaganda que se proyectaban en los cines. Sólo en el verano de 1948 se imprimieron cerca de medio millón de folletos.

Sexualidad en la República Popular de Polonia: la revolución sexual bajo el comunismo

En 1946, el presidente Bolesław Bierut promulgó un decreto contra las enfermedades venéreas que establecía como delito ocultar una infección, rehusarse a un examen obligatorio o interrumpir el tratamiento. La pena consistía en dos semanas de prisión o una multa, más la prohibición de contraer matrimonio y, en caso de estar casado, la orden judicial de divorcio.

Aborto

El tema del aborto estuvo en el centro del debate legislativo desde la recuperación de la independencia y continuó sin resolverse en la posguerra. No fue sino hasta el 27 de abril de 1956 que se aprobó una ley que permitía el aborto en todas las situaciones, rompiendo con la postura conservadora vigente desde los años 20.

El secretario general del Partido Obrero Polaco, Władysław Gomułka, apoyó esta liberalización por motivos pragmáticos: la escasez de empleo y la necesidad de controlar la natalidad en una economía en crisis. Curiosamente, la mayor libertad no provocó un aumento de los abortos; al contrario, el número de procedimientos disminuyó, sobre todo en los centros clandestinos.

En los años 50 y 60, la falta de anticonceptivos hacía que el aborto fuera una opción frecuente. Los condones estaban disponibles, pero comprar uno resultaba embarazoso para los jóvenes, y rara vez una chica se atreía a adquirirlo. La educación sexual estaba ausente; el sexo seguía siendo un tema tabú.

Educación sexual

En los años 50 aparecieron folletos informativos distribuidos en las escuelas primarias bajo los títulos «Lo que todo niño debe saber» y «Lo que toda niña debe saber». Estos materiales abordaban la diferencia de sexos, la pubertad, la menstruación, la concepción, el embarazo, las enfermedades de transmisión sexual y la masturbación, a la que se describía como una desviación. A partir de los años 80 esa calificación desapareció.

Sexualidad en la República Popular de Polonia: la revolución sexual bajo el comunismo

El libro de referencia para esa generación fue «El arte de amar» de Michalina Wisłocka, que pasó de leerse en secreto a convertirse en un texto abierto tras la pequeña revolución sexual polaca.

En el entorno familiar, la enseñanza era distinta: a las niñas se les inculcaba que los hombres solo deseaban una cosa y que la virtud era su mayor bien; el sexo se presentaba como un deber femenino, no como placer, y solo después del matrimonio. Los niños, por su parte, recibían poca información y descubrían por experiencia propia los usos del pene.

Vida clandestina

Los jóvenes a menudo desobedecían las prohibiciones de sus padres. Algunos viajaban kilómetros en bicicleta o a pie para encontrarse en pueblos cercanos, donde la teoría se convertía en práctica, aunque el sexo todavía no se nombraba abiertamente. Compartían sus sentimientos, pero no hablaban directamente del acto físico.

La búsqueda de información se hacía de forma autodidacta, recurriendo al libro de Wisłocka y a cualquier recurso clandestino disponible.

Revolución sexual

El primer indicio de cambio llegó con la película de 1972 «Sexolaters», de Huebner, que mostraba a dos adolescentes viviendo juntos abiertamente, provocando la sorpresa de la sociedad. Fue una de las primeras obras que habló sin tapujos de sexo y anticoncepción.

Durante el gobierno de Gierek, en los años de apertura hacia Occidente, el sexo empezó a mostrarse como algo natural. La desnudez apareció en la televisión y la sexualidad se discutía más en las escuelas. Sin embargo, la vida íntima seguía enmarcada en una burbuja ideológica que servía al partido y a la nación, esperando aún su plena liberación.

Bibliografía

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  2. Tomasik K., Gejerel. Sexual minorities in the People’s Republic of Poland, Ed. Krytyka Polityczna, 2012.
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