Las fuentes históricas son los rastros del pasado que la humanidad ha dejado como legado para la posteridad y que constituyen la base del trabajo de investigación de los historiadores. Hasta el siglo XIX solo se consideraban fuentes escritas, pero a partir del siglo XX se ha ampliado enormemente el abanico de materiales que pueden servir de evidencia.
Comprender las fuentes históricas
El historiador es el profesional encargado de estudiar esos rastros y de reconstruir e interpretar el pasado de la manera más rigurosa posible. Su labor se apoya en métodos que le permiten analizar tanto los documentos escritos como cualquier otro vestigio que haya sobrevivido al tiempo.
Estas evidencias, conocidas también como documentos históricos, pueden ser materiales (objetos, ruinas, artefactos) o inmateriales (canciones, costumbres) y son esenciales para dar sentido a la realidad que estudiamos.
Según el historiador Marc Bloch, todo lo que el ser humano produce, sea material o inmaterial, puede aportar información sobre él.1 Sin embargo, la mera existencia de un documento no garantiza su comprensión; el historiador debe formular las preguntas correctas y aplicar una metodología adecuada.1
Hoy en día los historiadores disponen de una variedad mucho mayor de fuentes, que depende del objeto de estudio. Hasta el siglo XIX la única fuente aceptada era el documento escrito oficial, producido por autoridades o por otros historiadores.
En esa época la historia se entendía como la crónica de grandes eventos, gobiernos y personajes ilustres. A partir del siglo XX esa visión se transformó: se incorporaron pinturas, esculturas, fotografías, videos, canciones, ruinas, vestimentas y, en el plano inmaterial, cartas personales, diarios, poemas y relatos de viajes.
Además, el historiador puede recurrir a otras disciplinas como la geografía, la arqueología, la sociología, la antropología o la psicología, pues el conocimiento interdisciplinario enriquece la investigación histórica.3
Fuentes voluntarias e involuntarias
Marc Bloch diferencia las fuentes en voluntarias y involuntarias.4 Las primeras se crean con la intención explícita de registrar un hecho para la posteridad, como el relato de Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso. Las segundas son rastros que no fueron concebidos como documentos, pero que resultan útiles para el investigador, como las momias y los rituales funerarios del Antiguo Egipto.
Aunque no fueron diseñadas para ser leídas por futuros estudiosos, las fuentes involuntarias aportan detalles valiosos que complementan la visión del pasado.
Tipos de fuentes históricas
José D'Assunção Barros clasifica las fuentes históricas en cuatro grandes grupos:
- Documentos textuales: documentos gubernamentales, informes de viajes, diarios, cartas personales y oficiales, crónicas, poemas, libros literarios, periódicos, documentos judiciales, folletos, revistas, etc.
- Restos arqueológicos y fuentes de cultura material: ruinas de edificios, calles, tumbas, vestimentas, armas, cerámica, así como objetos más recientes como muebles, utensilios domésticos y objetos personales.
- Representaciones pictóricas: pinturas rupestres, frescos, obras de arte, fotografías, ilustraciones, animaciones, etc.
- Registros orales: testimonios de testigos, mitos de origen, leyendas y tradiciones transmitidas de generación en generación.
Otra clasificación útil distingue entre fuentes directas e indirectas. Las directas son producidas por los propios agentes que vivieron los hechos (por ejemplo, el propio Tucídides describiendo la peste de Atenas). Las indirectas son trabajos de historiadores posteriores que analizan esas fuentes directas.
Notas
1 Bloch, Marc. Apología por la historia o el oficio del historiador. Río de Janeiro: Zahar, 2001, p. 79.
2 Barros, José D'Assunção. Fuentes históricas: revisitando algunos aspectos esenciales para la investigación histórica. Disponible en línea.
3 Bloch, Marc. Apología por la historia o el oficio del historiador. Río de Janeiro: Zahar, 2001, p. 81.
4 Bloch, Marc. Apología por la historia, p. 76.
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