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El sentido común: características, límites y relación con la ciencia

El conocimiento cotidiano, no reflexionado ni contrastado, que adquirimos a través de la repetición de experiencias y la transmisión cultural de generación en generación, se conoce como sentido común. Sus rasgos no garantizan que sea verdadero o válido, pero tampoco demuestran lo contrario.

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Características del sentido común

El sentido común: características, límites y relación con la ciencia

El filósofo italiano y teórico del anarquismo Antonio Gramsci, además de sus intereses políticos, estudió la naturaleza del conocimiento humano. Para él, el sentido común es la composición del saber popular, lo que le otorga un valor positivo: cualquier persona genera saber popular, emite juicios sobre experiencias vividas y aporta opiniones que pueden dar lugar a nuevos conocimientos, a menudo acertados y que fortalecen al pueblo.

Gramsci también reconoce que los saberes más fiables, como los surgidos de la ciencia y la filosofía, parten de la experiencia rudimentaria del sentido común.

Marilena Chaui, profesora emérita de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo y autora del exitoso manual Invitación a la Filosofía, sostiene que el sentido común constituye un obstáculo para adquirir conocimiento seguro, al compararlo con la caverna de Platón.

En la Allegoría de la caverna (Libro VII de La República), Platón describe la caverna como la limitación de nuestras percepciones y creencias. Escapar de ella implica alcanzar el verdadero conocimiento mediante la razón y la reflexión filosófica.

Siguiendo a Platón, Chaui afirma que, para llegar al conocimiento auténtico, es necesario abandonar las creencias tradicionales, los prejuicios y las opiniones no fundamentadas que provienen del sentido común.

Para Silvio Gallo, filósofo brasileño y docente de la Facultad de Educación de la UNICAMP, el sentido común puede ser un punto de partida útil, pero también genera opiniones y sentencias que, con frecuencia, se convierten en prejuicios sociales.

Si lo reflexionamos, el origen del racismo, la xenofobia, la misoginia y la homofobia se halla en el sentido común. Estas formas retrógradas de intolerancia nacen de la mezcla entre el odio a lo diferente y la reproducción de estructuras sociales heredadas, lo que revela una característica negativa del sentido común.

«[…] el sentido común suele ser dañino y alimenta los prejuicios y la injusticia. La estructura de las sociedades patriarcales y la depreciación de la mujer, siempre relegada a una posición inferior frente al hombre, son ejemplos de ello. Este prejuicio se mantiene gracias a la creencia popular de que las mujeres son más frágiles, carecen de las mismas habilidades o inteligencia, nacieron para servir al hombre y, por lo tanto, no pueden tener los mismos derechos y deben permanecer subordinadas.»

El saber del sentido común puede formular y difundir prejuicios; carece de validez científica y certeza. Sin embargo, eso no implica que todo el conocimiento popular sea erróneo. Existen, por ejemplo, técnicas medicinales ancestrales basadas en la sabiduría popular, como la fitoterapia tradicional y la acupuntura.

Sentido común y ciencia

El sentido común: características, límites y relación con la ciencia

Aunque emplean procedimientos diferentes, el sentido común y la ciencia no son necesariamente opuestos; algunos teóricos plantean una complementariedad entre ambos. Para Gramsci, esa complementariedad evidencia la validez del saber popular.

El positivismo de Auguste Comte (considerado el “padre” de la sociología) descarta por completo el sentido común como fuente de conocimiento. Para él, la ciencia es la única vía segura, incluso superior a la filosofía. Según el positivismo, la humanidad solo evoluciona cuando abandona las viejas formas de entender el mundo, reduciendo progresivamente la presencia del sentido común.

La ley de los tres estados de Comte identifica tres momentos históricos: el teológico, el metafísico y el positivo. En la etapa teológica, la religión explica el universo, manteniendo al ser humano cerca del sentido común al no ofrecer explicaciones racionales. En la etapa metafísica, se busca una explicación racional mediante la filosofía, pero sin alejarse totalmente del sentido común. Finalmente, la fase positiva representa, para Comte, la supremacía de la ciencia como medio para abandonar por completo el sentido común y describir la realidad sin interferencias.

La ciencia es la fuente de conocimiento más segura que poseemos. Sus resultados se prueban y verifican metodológicamente. No obstante, en ciertos casos la validez del sentido común resulta notable; grandes descubrimientos farmacológicos, por ejemplo, surgieron a partir de la medicina herbal popular.

Sentido común y sentido crítico

Mientras la filosofía y la ciencia pueden complementarse con el sentido común, este último rara vez se relaciona con el sentido crítico. En el sentido crítico predominan la desconfianza, el escepticismo, la crítica y el análisis; en el sentido común, la aceptación de conocimientos dados y repetidos.

Un científico o filósofo puede partir del sentido común siempre que mantenga una actitud crítica respecto a los elementos que analiza. Permanecer únicamente en el sentido común equivale a estancarse, mientras que adoptar una visión crítica impulsa el avance hacia un conocimiento más profundo.

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Cultura y sentido común

La cultura se basa en el sentido común y viceversa. Existe una relación recíproca: el conocimiento popular se difunde culturalmente y se refuerza. La repetición cultural transforma una simple opinión en saber popular.

La cultura es el principal componente del sentido común (y, a la inversa, el sentido común es uno de los elementos esenciales de la cultura). Así, sentido común y cultura son elementos complementarios.

Ejemplos de sentido común

El sentido común puede establecer nexos causales y formular juicios de valor. Algunos de estos vínculos son verdaderos y ya han sido validados científicamente, como el uso del boldo para tratar trastornos gastrointestinales y hepáticos.

Un nexo causal frecuente pero no necesariamente verdadero es la asociación entre resfriado y gripe. El dicho popular de que “si te resfrías, te da la gripe” es erróneo: la gripe es causada por un virus que puede aprovechar la vulnerabilidad pulmonar provocada por el frío, pero su aparición depende principalmente del estado inmunológico de la persona.

Los estereotipos reproducidos por el sentido común suelen ser juicios de valor falsos: “las mujeres son frágiles”, “los asiáticos son buenos en matemáticas”, “los musulmanes son terroristas” o “los indios son perezosos” son afirmaciones prejuiciosas sin fundamento.

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[1] Nadiia_foto / Shutterstock


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