historia historica

Dioses corruptos: erotismo extremo en la mitología egipcia [18+]

Los dioses griegos y romanos mostraban pasiones humanas; los egipcios fueron aún más atrevidos, aunque siempre con un objetivo divino.

En los textos egipcios sobre prostitución y maldiciones eróticas ya se percibe una actitud relajada hacia el sexo. No sorprende, pues sus escritos religiosos también contienen descripciones casi pornográficas de distintas formas de amor.

A diferencia de los dioses griegos y romanos, que a menudo resultan desagradables, sus homólogos egipcios se consideraban creados para propósitos superiores. Sus actos sexuales no buscaban placer, sino cumplir funciones utilitarias: crear, engendrar o humillar a un adversario.

La masturbación divina como origen de la historia

Heródoto, describiendo el Egipto del siglo V a.C., menciona la ciudad de Heliópolis, “ciudad del sol”. Allí, alrededor del 3000 a.C., los sacerdotes elaboraron una de las cosmogonías egipcias para explicar el origen del mundo.

Según esta versión, Atum, el dios solar, emergió del Nun (la nada) y, siendo un ser perfecto, empezó a crear deidades. Existen dos relatos sobre el primer acto de creación:

Versión 1: Atum tomó su miembro erecto con la mano y lo estimuló, dando origen a los gemelos Shu y Tefnut.

Versión 2: Shu, el dios del viento, y Tefnut, diosa de la humedad, fueron expulsados por su padre, quien previamente había sido su cónyuge.

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Sea cual sea la versión, los primeros dioses del Enéade heliopolitano nacieron de un acto masturbatorio. Los demás dioses siguieron una genealogía más “clásica”. Shu y Tefnut, al no haber otros, engendraron a Geb y Nut, quienes a su vez dieron vida a Osiris, Isis, Seth y Nephthys.

Curiosamente, la mayoría de los mitos de creación omiten al ser humano, apareciendo sólo en la historia de Khnum, el dios carnero que moldeaba a la gente en una rueda de alfarero, ajustando sus genitales y enseñándoles a reproducirse.

Falo falso y sexo con zombis

Set y Osiris, hermanos en pugna por el poder, terminaron en una sangrienta disputa: Set asesinó a su hermano y dispersó sus partes por el mundo. Isis, viuda desconsolada, buscó los fragmentos para recomponer a Osiris y, si fuera posible, concebir a un hijo que vengara a su padre.

Al no encontrar la pieza esencial para la procreación, la diosa utilizó su magia: creó el fragmento faltante y lo unió al cuerpo de Osiris. Después de devolverle la vida, concibió a Horus en forma de milano o azor. El motivo de la forma aviar es desconocido, pero el resultado fue un dios con cabeza de halcón.

Así, Osiris pasó a ser señor del inframundo y su hijo Horus inició la senda de la venganza, con la semilla divina como elemento crucial.

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Al crecer, Horus buscó recuperar el trono de su padre, pero los duelos divinos resultaron infructuosos. En una extraña competición, rivales en forma de hipopótamos intentaron ver quién permanecía más tiempo bajo el agua.

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El “papiro erótico” de Turín ilustra perfectamente la actitud desenfadada de los egipcios hacia el sexo. Cuando Horus se embriagó, Set lo sorprendió y lo violó. El semi‑consciente dios halcón, al percatarse, introdujo su mano entre sus muslos, evitando que la semilla de Set ingresara en su cuerpo y depositándola en su propia mano divina.

Horus, como corresponde a un dios violado, acudió a su madre. Al ver la semilla en su mano, Isis, disgustada o furiosa, le cortó la mano divina, la arrojó al lago y la recreó. No era la primera vez que lo hacía; previamente había creado a su esposo con un pene.

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Usando una ungüento aromático, hacía que Horus eyaculara, recogía su semen y lo esparcía sobre lechugas, el vegetal predilecto de Set. Cuando Set se reunió con los demás dioses, comió la lechuga impregnada de la semilla divina.

Para los dioses egipcios, el acto homosexual no era inmoral siempre que el penetrador fuera otro ser; la auto‑penetración era considerada una gran deshonra.

Set relató a los demás dioses los supuestos detalles de su violación, pero Horus negó todo y afirmó haber violado a Set. El dios Tot decidió resolver el asunto invocando la semilla divina. La semilla de Set no emergió de Horus, sino del lago donde había sido arrojada la mano cortada.

En cambio, la semilla de Horus brotó del lago, formando un halo sobre la cabeza de Set, prueba inequívoca de que él era quien había sido deshonrado.

Poción para la potencia: el camino a la divinidad

En las paredes de los templos egipcios suele aparecer una silueta característica: un hombre con un solo brazo, una sola pierna y una erección, envuelto en una túnica blanca. Ese es Min, dios de la fertilidad.

Según la leyenda, Min fue un hombre ordinario al servicio del faraón Ramsés el Grande. En una campaña militar resultó gravemente herido, perdiendo un brazo y una pierna, lo que le impidió seguir luchando.

Dioses corruptos: erotismo extremo en la mitología egipcia [18+]

Cuando la ciudad quedó sin hombres porque todos estaban en la guerra, llegó la noticia de una derrota catastrófica del ejército egipcio. Ramsés y sus tropas fueron diezmados y los sobrevivientes capturados. Min, sin perder la calma, preparó el equivalente antiguo de la Viagra con ajo y cebolla y se dedicó a repoblar la población.

Su sorpresa fue enorme cuando Ramsés reapareció en las murallas con un ejército victorioso y la derrota resultó ser un rumor. Aún mayor fue la sorpresa de las mujeres, que aparecían embarazadas de forma avanzada.

El faraón, sin embargo, no agradeció el gesto; Min fue condenado a muerte. Tras su ejecución, la devoción popular lo transformó en un dios venerado como símbolo de fertilidad.