¿El día más feliz de tu vida? No para todos. A veces una boda se convierte en el inicio de una pesadilla.
En esta lista hemos seleccionado diez episodios históricos donde el matrimonio, la boda o la unión conyugal resultaron ser todo menos alentadores. Si te interesa leer más sobre amores complicados, visita aquí.
10. Tu familia puede impedirte elegir a tu pareja
A principios de la década de 1930, el Príncipe de Gales Eduardo se enamoró de Wallis Simpson, una mujer divorciada. La rígida etiqueta real británica no aceptaba a una divorciada, lo que provocó una gran oposición familiar y oficial.
Edward y Wallis fueron fotografiados en Kitzbühel, Austria, en febrero de 1935. Finalmente, el rey abdicó en 1936 para poder casarse con ella, pero la familia real, el gobierno y sus antiguos amigos les mostraron una hostilidad constante. Cuando la boda se celebró, apenas asistió nadie.
9. Susurros y chismes sobre un matrimonio fallido
Los historiadores describen la unión forzada entre la reina Jadwiga de Polonia y el rey Władysław Jagiełło como una relación infeliz, marcada por la diferencia de edad y cultura.
Algunos relatos hablan de un amor imposible entre Jadwiga y el archiduque Guillermo de Habsburgo, incluso una leyenda dice que intentó escapar con él armada con un hacha. Aunque no todos están de acuerdo, la percepción popular ha sido que su matrimonio fue un fracaso.
8. Una boda que se convirtió en tragedia
El 30 de mayo de 1867, en Turín, el duque Amadeo de Saboya, hijo menor de Víctor Manuel II, contrajo matrimonio con María Victoria dal Pozzo della Cisterna, una heredera extremadamente rica.
La ceremonia, destinada a sellar una alianza entre la corona y la fortuna, se transformó en una serie de desastres: la dama de honor se ahorcó, un oficial montado sufrió un golpe de calor, y el encargado de la procesión se suicidó por culpa. El día terminó en una verdadera catástrofe.
7. "¿Cuándo llega el bebé?"
En el Renacimiento, la presión por engendrar herederos era enorme. Las mujeres recurrían a remedios extraños para concebir.
Barbara Radziwiłłówna, esposa de Sigismundo II Augusto, usó infusiones, ungüentos y bolsas de hierbas vaginales. Además, la suegra solía preguntar insistentemente: "¿Cuándo tendremos un nieto?", lo que aumentaba la tensión familiar.
6. La noche de bodas puede ser una pesadilla (para ella)
Hasta mediados del siglo XX, los médicos aconsejaban a los hombres ser delicados en la noche de bodas, pues muchas jóvenes temían el sexo y necesitaban ser tranquilizadas.
Los manuales de la época señalaban que la mayoría de los esposos no estaban a la altura del papel que les correspondía, actuando de forma torpe y distante, lo que generaba una visión negativa del sexo entre las mujeres de entonces.
5. La noche de bodas (para él)
Imagina que los invitados observan al novio durante su intimidad. En la Polonia del siglo XVII, los sirvientes llevaban dulces y vino a la alcoba, mientras la nobleza hacía comentarios groseros y poéticos sobre la “lucha amorosa”.
Incluso se organizaban concursos de poesía para animar a los recién casados, y algunos relatos hablan de que el dios Marte aplaudía a los monarcas durante su unión.
4. Perder tu identidad
En la Edad Media, muchas mujeres fueron obligadas a adoptar el nombre de su marido, e incluso a perder su nombre propio.
Ejemplos provienen del Imperio Bizantino, donde al menos doce mujeres que se unieron a la familia imperial dejaron de usar su nombre de origen. Lo mismo ocurrió con princesas polacas como Gertrudis, renombrada como Olisava, o Ludgarda, cuyo nombre eslovaco se perdió en los registros.
3. El divorcio como humillación
Anna Kliwijska, esposa de Enrique VIII, no cumplía con los estándares de belleza del rey y fue despreciada por él. Enrique la acusó de falta de virginidad y de emitir malos olores, lo que llevó a su anulación y a que la tratara como una hermana.
2. Un divorcio humillante
En 1092, el rey Felipe I de Francia, tras doce años de matrimonio, acusó a su esposa Berta de ser demasiado gorda y la encerró en el castillo de Montreuil-sur-Mer. Más tarde se casó con Bertrada, una condesa de Anjou, sin remordimientos.
1. El veneno como último recurso
Hace cuatro siglos, cuando el matrimonio no era una opción deseada, algunas mujeres recurrieron al veneno para escapar. La famosa Giulia Tofana y su círculo comercializaban sustancias como la datura, la aconita y la belladona, pero el arsénico era el más usado, vendido como veneno para ratas sin restricciones.
El bajo costo y la facilidad de adquisición hacían del arsénico una herramienta mortal al alcance de cualquier mujer desesperada por evitar un matrimonio indeseado.