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El arma secreta de Stalin: ¿Los rusos lo adoraban por prometerles un mar de vodka?

El contexto tras la muerte de Lenin

Tras la muerte de Vladimir Lenin, la Unión Soviética quedó sumida en un vacío de poder. El principal rival por suceder al líder revolucionario era León Trotsky, un comunista ortodoxo y ferviente defensor de la continuidad ideológica del predecesor.

Tanto Lenin como Trotsky repudiaban la "política de la borrachera", es decir, la obtención de inmensos ingresos para el Estado a costa de la salud de la población. En una reunión del Comité Central de 1923, Trotsky proclamó:

«Nuestro objetivo es consolidar y coronar el régimen anti‑alcohol en una sociedad obrera renacida… No habrá concesiones».

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Lenin apoyó firmemente la prohibición del alcohol, pero su sucesor mortal, José Stalin, empezó a tejer una alianza con aquellos que veían en la reactivación de la industria licorera una prioridad.

El fin de la prohibición

El vino ligero se legalizó en 1921, la cerveza en 1922 y, en 1923, todas las bebidas con menos del 20 % de alcohol. En 1925, la prohibición casi decenal se abolió por completo, pese a la oposición de Trotsky y sus seguidores.

La medida fue recibida con entusiasmo popular.

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Según el libro de Mark Lawrence Schrad, Empire of Vodka: Drunken Politics from Lenin to Putin, el periodista estadounidense William Henry Chamberlin describió el regreso de la vodka de 40 % de alcohol como "una señal para iniciar una orgía salvaje"; filas interminables se formaban frente a los comercios y los clientes rompían los corchos con violencia mientras la muchedumbre vitoreaba.

Una estrategia presupuestaria

Stalin comprendió que la revivida industria del vodka podía servir para dos fines: fortalecer las arcas del Estado y ganar apoyo popular. El monopolio estatal del licor permitió financiar la rápida industrialización del país.

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Un cartel de la época proclamaba: "El padre borracho es una desgracia para la familia", pero la política de Stalin ignoró ese mensaje.

Para desacreditar a Trotsky, Stalin invocó supuestas declaraciones de Lenin que justificaban un monopolio de la vodka y la creación de un fondo mínimo para sostener la moneda y la industria. Aunque la mayoría sabía que se trataba de una falsedad, la propaganda fue suficiente para aislar a Trotsky.

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El lujo como herramienta de control

El objetivo del régimen stalinista era mantener a la población bajo control mediante el método del «garrote y la zanahoria». El terror brutal generaba miedo, mientras que la aparente prosperidad, impulsada por el comisario de alimentos Anastas Mikoyan, ofrecía una recompensa consumista.

Mikoyan reorganizó la industria alimentaria y, gracias a la propaganda del éxito, surgió una cultura de consumo que incluía no solo vodka, sino también champán, coñac, caviar y chocolate para la nueva burguesía provincial.

«El lujo democrático o el lujo plebeyo simple se convirtió en parte esencial de la vida cotidiana soviética», escribe Schrad en Soviets from the Kitchen: Mikoyan and Soviet Gastronomy. El arma secreta de Stalin: ¿Los rusos lo adoraban por prometerles un mar de vodka?

Cuando Mikoyan fue acusado de embriaguez, respondió que bajo el zar la gente bebía por miseria; ahora, con el socialismo, el consumo era “una vida más feliz”.

Los opositores a la política del alcohol fueron reprimidos: los miembros de la Sociedad para la Lucha contra el Alcoholismo fueron enviados a campos y su líder, Nikolái Bujarin, fue ejecutado durante las purgas.

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Vodka y valor en el frente

Durante la Gran Guerra Patriótica, la vodka se convirtió en un aliado estratégico. El 25 de agosto de 1941, Stalin ordenó raciones de alcohol en el frente: cada soldado recibía 100 g de vodka al día. Según el historiador Konstantin Pleszakow, “28 millones de personas recibieron un vaso de vodka cada día durante cuatro años”.

Las destilerías trabajaron con la misma intensidad que las fábricas de armamento, suministrando miles de millones de litros anuales. Los veteranos recuerdan que, tras la guerra, el equivalente a un litro de vodka podía comprar alimentos para los niños.

Los soldados también se abastecían de licor tomado de los depósitos enemigos, lo que reforzaba la creencia de que “el coraje nace de la borrachera”.

Esta combinación de disciplina férrea y valentía estimulada por el alcohol es, según muchos historiadores, una de las claves del éxito del Ejército Rojo contra los nazis.

Bibliografía

  1. Mark Lawrence Schrad, Empire of Vodka: Drunken Politics from Lenin to Putin, Ed. Universidad Jagellónica, Cracovia 2015.
  2. Catherine Merridale, Ivan's War: The Red Army 1939‑1945, Rebis, Poznań 2007.
  3. Irina Glushchenko, Soviets from the Kitchen: Mikoyan and Soviet Gastronomy, Krytyka Polityczna, Varsovia 2012.

¿Qué habría sido de la URSS sin la vodka?

El libro de Schrad explora cómo la bebida nacional no solo llenó los cofres del Estado, sino que también sirvió para manipular a la población. Analizar la historia rusa a través de la botella de vodka ayuda a entender por qué el "problema del alcohol" sigue influyendo en la política rusa contemporánea, casi un siglo después de que la mayoría de los países occidentales lo abandonaran.

Reconocer y enfrentar el legado político de la vodka podría ser el mayor desafío para las nuevas generaciones de líderes rusos.