Los aztecas eran famosos por sus sacrificios humanos, pero también compartían con nosotros un gusto por la bebida alcohólica. ¿Cómo reconciliar su afición al pulque con la prohibición más estricta de la historia?
Al contrario de muchas tribus norteamericanas, los aztecas dominaban la tecnología de fermentación. Su bebida tradicional se llamaba octli (también conocida como pulque) y se elaboraba a partir del agave, la misma planta de la que proviene el tequila.
Se extraía el corazón del agave maduro, se recogía el jugo en calabazas y luego se dejaba fermentar en grandes tinajas. El producto resultante tenía un contenido alcohólico comparable al de la cerveza o al vino ligero.
Además de alcohol, el octli aportaba minerales y vitaminas como hierro, fósforo y vitamina C. Sin embargo, el consumo habitual era poco frecuente, ya que los dioses aztecas castigaban severamente a quienes abusaban de la bebida.
El agave es una planta de gran tamaño (foto: Palmarito Tochapán, CC BY-SA 3.0).
Héroes aztecas y problemas con el alcohol
El primero fue Topiltzín Quetzalcóatl, gobernante‑sacerdote de Tollan. Su vida cambió cuando apareció Tezcatlipoca, quien buscaba destronarlo mediante engaños y magia.
Una de sus artimañas consistió en presentarse como un anciano enfermo en el palacio de Quetzalcóatl y ofrecerle octli como medicina. El gobernante quedó tan fascinado que invitó a su hermana, también sacerdotisa, a beber. Ambos, embriagados, descuidaron sus deberes religiosos, lo que enfureció a los dioses. Algunos investigadores interpretan la historia como una advertencia contra el incesto de una pareja ebria.
Otro caso es el del mítico señor de los huastecos, población del golfo de México. Tras inventar el octli, lo abusó tanto que quedó expuesto ante sus comensales y tuvo que huir con su tribu hasta la costa, avergonzado. Los aztecas consideraban a los huastecos como extremadamente disolutos y bebedores.
Tezcatlipoca representado en el Códice Borgia (dominio público).
Prohibiciones que iban más allá de lo público
El octli era visto como una bebida peligrosa. Las personas nacidas bajo el día llamado Ome Tochtli (Dos Conejos) estaban consideradas en riesgo de alcohismo. Se decía: «Este es su conejo, su señal del día; los dioses de la culpa se manifiestan en él».
En numerosos discursos morales de la época, el consumo de octli se presentaba como la causa de desastres y caídas. Su ingesta se limitaba a fiestas y ceremonias religiosas, a menudo mezclada con plantas alucinógenas para propiciar “viajes” y contactos con los dioses.
Las sanciones eran severas. Si un sacerdote o alto funcionario se embriagaba en público, podía ser condenado a muerte; con pocos testigos, solo perdía su cargo. Los plebeyos tenían una pena menos drástica: la primera borrachera provocaba el afeitado público de la cabeza y la demolición de su vivienda; la segunda, la ejecución mediante lapidación en la plaza del mercado. Los ancianos, de ambos sexos, estaban exentos; la edad mínima para beber sin restricción era 70 años y ser abuelo.
Los ancianos podían consumir octli sin problemas (imagen del Códice Mendoza, dominio público).
Los crónicas españolas también relatan la calidad variable del pulque. Bernardino de Sahagún describe: «No le causa molestia ni náuseas, aunque lo que queda es como terrones sueltos de tierra llenos de mosquitos – repugnante, pero lo traga como un perro que se lame los labios».
La tradición persiste
Hoy el octli se conoce mayormente como pulque y sigue siendo una bebida popular en México. Existen locales especializados llamados pulquerías, donde se sirve esta cerveza ancestral.
El pulque se deteriora rápidamente, lo que dificulta su transporte y exportación. Además, compite cada vez más con otras bebidas alcohólicas, lo que ha reducido su consumo. Es una lástima, pues ofrece una probada del México precolombino.
Bibliografía
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