Pobreza, violencia y suciedad: Estocolmo a finales del siglo XVIII
La capital sueca estaba sumida en la miseria, la violencia y la falta de higiene. Incluso la ropa colorida y el café se convirtieron en temas de preocupación para las autoridades.
Los suecos no pueden imaginar la vida sin café. El descendiente medio de los vikingos consume alrededor de 10 kg de café al año, lo que equivale a unas cuatro tazas diarias, el doble que el europeo promedio y más del triple que un polaco.
En el siglo XVIII el café dejó de ser un lujo exclusivo y se extendió a todos los sectores. A comienzos de siglo había decenas de cafés en Estocolmo. Para la clase educada la bebida era indispensable: acompañaba conversaciones, debates científicos y ayudaba a mantener la claridad mental.
El enorme éxito del café despertó voces que denunciaban sus supuestos efectos nocivos. Estas críticas llegaron al palacio. El rey Gustavo III, heredero de la política fiscal de su predecesor, consideró que los suecos consumían demasiado café y té, y elevó gravámenes sobre ambas bebidas.
Un experimento extraño
Gustavo III, como buen monarca ilustrado, organizó un experimento científico. Ordenó que dos prisioneros gemelos fueran alimentados durante años bajo supervisión médica: a uno se le dio exclusivamente café, al otro exclusivamente té. Los médicos observaron que ninguno murió prematuramente; al contrario, ambos vivieron hasta una edad avanzada.
El propio Gustavo III fue asesinado en 1792; la polémica del café quedó sin resolver. Mientras tanto, los suecos siguieron pagando impuestos exorbitantes y consumiendo su bebida favorita, a veces recurriendo al contrabando.
Incluso el rey ilustrado sufría de "cafeofobia".
Prohibición en nombre de la ilustración
Tras la muerte del monarca, el gobierno de regencia, liderado por el barón Reuterholm, adoptó una postura aún más hostil hacia el café. Decidieron prohibir la compra, venta y consumo del estimulante. En el libro 1794 de Niklas Natt och Dag se relata:
«El café está prohibido desde agosto; la medida se justifica alegando que la importación del producto perjudica al Estado».
La prohibición fomentó un floreciente mercado negro. Los suecos no dejaron de beber café; aprendieron a prepararlo sin que su aroma característico se percibiera en la calle. La “cafeofobia” de los gobernantes perduró hasta 1820, cuando se levantaron las restricciones.
Curiosamente, el mismo gobierno también prohibió el uso de ropa de colores, dejando las calles de Estocolmo en tonos grisáceos.
¿Qué quedó en la cultura sueca?
El episodio del café influyó en la configuración de la sociedad sueca moderna. El siglo XVIII, con la Ilustración y los inicios del capitalismo, marcó la transición de una comunidad de campesinos libres a un modelo de Estado de bienestar.
Según David Kościewicz, de la Universidad de Economía de Wrocław, factores como el protestantismo, la ética del trabajo y la relación equilibrada entre individuo, sociedad y Estado fueron determinantes para el desarrollo del llamado "modelo sueco".
En 1794 se señala que la relación entre noble y campesino no era de servidumbre sino de una especie de jerarquía más bien colaborativa, donde la riqueza –no solo la heredada– empezó a jugar un papel crucial.
Bibliografía
- Niklas Natt och Dag, 1794, Katowice 2021.
- David Kościewicz, Cultural conditions of the welfare state in Sweden, disponible en www.cejsh.icm.edu.pl (consultado el 6 de septiembre 2021).