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7 razones para querer ser un aldeano medieval

¿Suciedad, hambre y sumisión? ¡No necesariamente! La vida de los campesinos medievales tenía ventajas, y no son pocas. Te lo demostramos en 7 puntos.

Como siempre, nuestros rankings se basan en artículos publicados previamente. En esta ocasión hemos reunido textos que resaltan los beneficios de vivir en una aldea medieval. Puedes leer más sobre cómo la gente afrontó la “oscura” Edad Media AQUÍ.

Si fueras un campesino medieval, seguramente apreciarías que:

7. Tienes metas claras en la vida…

7 razones para querer ser un aldeano medieval

Los señores ingleses rara vez interferían en la vida de sus súbditos. La relativa autonomía no equivalía a libertad total, sino a la posibilidad de autogestionar el trabajo. Pintura de Pieter Bruegel el Joven, “Campesinos trabajando”.

Puede que el nivel de vida del campesino medieval fuera inferior al actual, pero él contaba con algo que hoy solo se puede envidiar: metas de vida bien definidas, una posición bastante estable en la sociedad y un equilibrio vital relativo (lee más sobre este tema).

6. … Pero no estás atado a tu posición social

7 razones para querer ser un aldeano medieval

La situación de los siervos en la Inglaterra medieval era, a primera vista, más trágica de lo que hoy percibimos. Muchos de ellos podían competir con los libres en riqueza.

El historiador británico Ian Mortimer, en su libro “Cómo sobrevivir en la Inglaterra medieval”, señala que, tras la peste negra en la segunda mitad del siglo XIV, los campesinos más acaudalados alquilaban incluso la corte del señor. Luego se casaban con hijas de escuderos, pertenecientes a la baja nobleza, y ascendían un escalón social (lee más al respecto).

5. Puedes influir eficazmente en tu principal empleador

7 razones para querer ser un aldeano medieval

Los señores no siempre querían arriesgarse a conflictos con los campesinos, pues podían derivar en revueltas, como la de 1381 liderada por Wat Tyler.

Si bien existían disputas entre el señor, el alcalde y el párroco, el campesino disponía de algunas formas de presión: negociaciones, resistencia pasiva o evasión de obligaciones. Aunque arriesgaba castigos judiciales, esta presión a veces obligaba al señor a ceder, evitando mayores conflictos (más información).

4. Combinas beneficio con entretenimiento en los juegos del pueblo

7 razones para querer ser un aldeano medieval

Los señores ingleses amasaban su fortuna principalmente en la tierra y en el trabajo de los campesinos. Sin embargo, otras fuentes de ingreso también favorecían a sus súbditos.

Aunque los campesinos compartían parte de sus ganancias de ferias con el señor, la mayoría estaba satisfecha, lo que demuestra que el comercio local era rentable tanto para el señor como para los aldeanos (más detalles).

3. Probablemente comes más sano que la gente del siglo XXI

7 razones para querer ser un aldeano medieval

Los campesinos ingleses solían comer hasta saciarse. Aunque la carne era escasa, la hambre se suplía con productos de harina.

La dieta típica incluía pan, gachas, pescado, huevos, queso y, ocasionalmente, tocino o grasa de cerdo. Estos alimentos aportaban los nutrientes necesarios sin los excesos de la dieta moderna (más información).

2. Catadores profesionales velan por la calidad de tus bebidas…

7 razones para querer ser un aldeano medieval

La cerveza era fundamental en la Inglaterra medieval. Existían tanto cerveceros como catadores encargados de asegurar su calidad.

En la aldea, la oficina del “butler” (encargado de la cerveza) era tan importante como la del alguacil, el juez o el reeve (administrador del feudo). Los miembros se elegían entre los propios campesinos y juraban ejercer su cargo con diligencia, bajo pena de castigo. Curiosamente, era el único puesto que podían ocupar mujeres (más datos).

1. … Y puedes beber cerveza en cada comida (y en cualquier ocasión)

7 razones para querer ser un aldeano medieval

Para los campesinos ingleses, el alcohol era parte de la rutina diaria, tan habitual como el pan. Su precio estaba regulado por ley y se consumía en cada comida, incluso en el desayuno, aunque en una versión ligera que no entorpeciera el trabajo. Las variedades más fuertes se reservaban para banquetes (más información).