Orígenes de los "Stalags"
En la década de 1960 surgieron en Israel los Stalags, novelas eróticas de bajo costo que se vendían en estaciones de tren y kioscos. Se presentaban como "memorias auténticas" de prisioneros anglosajones de campos de concentración, pero en realidad eran fabricaciones locales.
Tramas y estilo
Todos los relatos seguían una fórmula similar: un prisionero atraía la atención de un guardia o de una mujer del SS, y ambos protagonizaban actos de sadismo, tortura y violación descritos con extremo detalle. Según el periodista Piotr Zychowicz, en su libro "Żydzi 2. Opowieści politically incorrect", los autores combinaban clichés como azotes, aplastamiento de genitales y mordeduras de perros alemanes con escenas de tortura más elaboradas, por ejemplo, una mujer del SS que untaba los testículos de su víctima con miel y luego los soltaba sobre una colmena de avispas enfurecidas.
Los fetiches recurrentes incluían símbolos nazis (cruces de la Suástica, runas de la SS), tacones de aguja, látigos, correas de cuero, subfusiles y alambre de púas. Las portadas, explícitas y sensacionalistas, dejaban claro el contenido de los libros.
Finales siempre idénticos
El desenlace de cada novela consistía en una venganza brutal: los propios verdugos eran humillados, violados y asesinados, ofreciendo al lector una catarsis de retribución contra los nazis.
Producción y difusión
Zychowicz explica que los Stalags se imprimían en masa en Israel por escritores judíos bajo seudónimos, y que la actividad era vista como una "donación bien pagada". El precursor del género fue el escritor polaco‑judío Jechiel De‑Nur, quien también vendía como verídicas sus ficciones, incluida la historia de una supuesta hermana que terminó prostituyéndose en el campo de Auschwitz; esa narración, censurada, llegó incluso al canon escolar.
El libro más vendido de la serie alcanzó 25 000 copias, una cifra asombrosa en una población de apenas 2 millones de habitantes.
Contexto histórico
El auge de los Stalags coincidió con la reapertura del debate sobre el Holocausto en Israel, impulsada por el juicio de Adolf Eichmann (abril 1961). En una de las novelas, el propio oficial nazi era el héroe, lo que reflejaba la fascinación del público por los procesos judiciales.
Motivaciones de los lectores
Muchos jóvenes, hijos de sobrevivientes, recurrían a estos libros porque eran la única pornografía disponible en el Estado judío. Sirvían como estímulo durante la masturbación y, según Zychowicz, también aliviaban una profunda vergüenza y frustración heredadas de la culpa colectiva: los hijos de supervivientes sentían que sus padres habían sido "cobardes pasivos" y que los perpetradores del Holocausto no habían sido castigados.
Al identificarse con los prisioneros torturados, los lectores experimentaban una venganza simbólica que les permitía “saborear” la justicia.
Censura y legado
Cuando en 1963 una novela titulada "Yo fui la perra privada del coronel Schultz" presentaba a una mujer judía prisionera como heroína, las autoridades intervinieron. La distribución quedó prohibida, se confiscaron ejemplares en redadas policiales y, hoy en día, los únicos ejemplares accesibles están en la Biblioteca Nacional de Jerusalén, bajo estrictas autorizaciones.
Fuentes
- Piotr Zychowicz, Jews 2. Politically Incorrect Stories, Rebis 2018.