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Los juicios de brujas de Salem en 1692: causas y consecuencias

La locura que envolvió a los habitantes de este pequeño asentamiento americano en el siglo XVII desembocó en una tragedia. El proceso se alargó durante meses, con acusaciones que se lanzaban como dardos. Murieron catorce mujeres, cinco hombres y, curiosamente, dos perros. ¿Por qué tuvieron que morir las “brujas de Salem”?

Durante mucho tiempo se creyó que las colonias británicas de América no estaban tan contaminadas por la histeria que asoló a Europa tras la Edad Media. Los juicios por brujería eran escasos y, cuando ocurrían, rara vez concluían en sentencia de muerte.

Los juicios de brujas de Salem en 1692: causas y consecuencias

Sin embargo, los juicios de Salem se convirtieron en una de las mayores tragedias de la historia estadounidense. ¿Por qué ocurrió?

Los pioneros se mostraban escépticos respecto a la práctica de la magia negra, pero en 1692 los habitantes de Salem, en el noreste, vivieron los extraños acontecimientos que dieron origen al proceso más famoso de brujería.

Un Nuevo Mundo sin antecedentes

En los tribunales coloniales, cuando surgían acusaciones de brujería, la respuesta habitual era encarcelar al acusado, desterrarlo o, en muchos casos, absolvérselo. La absolución también se utilizaba para acusar de difamación a los denunciantes y así obtener compensaciones.

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En el siglo XVII no existía la presunción de inocencia: el acusado debía demostrar que no había cometido el delito, algo casi imposible cuando la tortura forzaba confesiones.

Los colonos percibían que detrás de las sospechas de magia negra se ocultaba hostilidad humana y envidia hacia quienes, por alguna razón, eran diferentes. Un ejemplo es el juicio en Pensilvania contra dos supuestas brujas suecas, que fueron absueltas porque no se halló evidencia de actos ilícitos.

Incluso en Nueva York (antes Nueva Ámsterdam), la influencia holandesa mantenía la cautela y los pocos procesos allí tampoco culminaron en condenas.

¿Qué hizo que Salem sobresaliera en el mapa del Nuevo Mundo y se convirtiera en el epicentro de los juicios más célebres?

Una zona fronteriza

Mientras en Europa la caza de brujas se extinguía, en Salem la obsesión por la magia negra resurgió con fuerza. Stacy Schiff, en su libro "Witches: Salem, 1692", describe la zona como una comunidad que surgió alrededor de un puerto próspero, pero que pronto se vio amenazada por la migración de agricultores hacia tierras más fértiles al norte y al oeste.

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Todo comenzó con dos niñas que, acompañadas de un grupo de adolescentes, acusaron a varios vecinos de brujería, muchos de los cuales eran totalmente ajenos a ellas.

A primera vista, Salem parecía una comunidad moderna y en crecimiento, pero bajo esa fachada se ocultaba una sociedad puritana extremadamente rígida.

En el abrazo de la superstición

En esa aparente tranquilidad cristiana, la creencia en la magia negra tenía el mismo peso que la fe bíblica. Los puritanos, que habían cruzado el Atlántico para practicar su religión "en su forma más pura", veían la brujería como una amenaza directa del diablo.

Su mundo estaba aislado: al otro lado del bosque acechaban indios y franceses hostiles, las cosechas fallaban, la viruela azotaba y las relaciones con Londres eran tensas. Todo ello alimentaba una sensación de aislamiento que intensificó el miedo colectivo.

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Entre los primeros acusados estaba Tituba, una esclava africana a la que se le imputó haber causado convulsiones misteriosas en la hija del ama de casa.

En ese clima de desconfianza y relatos fantásticos, las niñas, según Schiff, llevaron a la horca a "catorce mujeres, cinco hombres y dos perros", sin contar los fallecidos en prisión.

Paranoia satánica

Marvin Harris sugiere que la caza de brujas funcionaba como regulador social, protegiendo a la élite de protestas populares. En Salem, sin embargo, la explicación es más compleja.

Los puritanos creían que su llegada había liberado a Nueva Inglaterra de las garras del diablo. Cada objeto bíblico, cada sueño, cada castigo se interpretaba a la luz de la brujería, convirtiéndola en un presagio ominoso.

¿Qué ocurrió en Salem?

Todo comenzó con Betty Parris (9 años) y su prima Abigail Williams (11 años), que experimentaron convulsiones inexplicables y ruidos aterradores. Su padre, Samuel Parris, llamó al doctor William Griggs, quien diagnosticó que estaban bajo la influencia de brujas.

Ante la presión, Tituba confesó haber practicado magia y, siguiendo el consejo de una vecina, preparó un pan con la orina de las niñas y lo dio al perro de la familia, intentando romper la supuesta maldición.

Su confesión apuntó a tres personas: la mendiga Sarah Good, la enferma Sarah Osborne y la propia Tituba. Las dos primeras negaron los cargos, pero la falta de pruebas y la atmósfera de miedo llevaron a que muchos fueran condenados, sobre todo aquellos que se negaban a admitir culpa.

Los juicios de brujas de Salem en 1692: causas y consecuencias

Las acusaciones se multiplicaron: rivalidades vecinales, miradas sospechosas y resentimientos familiares alimentaron la ola de denuncias. Las niñas actuaban con habilidades dramáticas, convulsionando, gritando y fingiendo posesiones para reforzar sus testimonios.

En esa época, la carga de la prueba recaía sobre el acusado, lo que facilitaba confesiones forzadas. Solo admitir rápidamente la culpa ofrecía una mínima esperanza de vida.

La histeria se prolongó de marzo a octubre de 1692. El último juicio se celebró en enero de 1693, cuando cuarenta y nueve personas fueron finalmente absueltas. Como escribe Schiff, "los juicios de brujas son una fábula enmarañada que nos recuerda que una rectitud extrema puede engendrar un mal absoluto".

Bibliografía

  1. Kurt Baschwitz, Witches – History of Witchcraft Trials, Cyclades, 1999.
  2. Marvin Harris, Cows, Pigs, Wars and Witches: The Mysteries of Culture, Instituto de Publicaciones del Estado, 1985.
  3. Jean‑Michel Sallmann, Witches. Satan's Bride, Editorial Dolnośląskie, 1994.
  4. Stacy Schiff, Witches: Salem, 1692, Margins, 2019.