Boleslao II el Audaz (también llamado "Szczodry") soñó con devolver a Polonia la gloria de su bisabuelo, Boleslao el Valiente. Generoso, ambicioso, orgulloso, impetuoso y a veces cruel, el monarca intervino en los asuntos de sus vecinos siguiendo una política de superpotencia. Entre sus campañas estuvo la expedición a Rus', donde instaló a su protegido Izjasláv en el trono de Kiev. Según los cronistas, la misión no solo fracasó, sino que terminó en escándalo: los guerreros de Boleslao abandonaron al rey y regresaron a Polonia. La razón, según la crónica, fue que mientras ellos luchaban, sus esposas disfrutaban de placeres ajenos…
Un informe sobre este episodio, escrito unos 130 años después, proviene del obispo de Cracovia, Wincenty Kadłubek. El cronista asegura que la voluntad de combatir de los guerreros se extinguió al enterarse de las aventuras de sus mujeres.
«Cuando el rey permanecía mucho tiempo en tierras rutenas, los sirvientes casi convencían a las esposas y hijas de sus señores de sucumbir a sus deseos, cansadas de esperar a sus maridos o desesperadas, algunas eran capturadas y convertidas en sirvientas.»
¿Qué castigo les esperaba a las esposas infieles?
La venganza del rey fue brutal. Al regresar a Polonia, Boleslao no solo persiguió a los caballeros que lo habían abandonado, sino también a sus prostitutasas esposas.
«…incluso a aquellas mujeres cuyos maridos le perdonaron, las persiguió con tal crueldad que no dudó en atar cachorros a sus pechos después de haber arrojado a sus bebés.»
El gesto simbolizaba un profundo desprecio hacia la mujer, equiparándola a una hembra animal. Aunque el relato de Kadłubek está teñido de dramatismo, muchos historiadores admiten que contiene al menos un grano de verdad.
Las continuas campañas militares de Boleslao sumieron al reino en una profunda crisis. El rey silenciaba cruelmente a los caballeros desleales y, finalmente, cometió su crimen más sonado: el asesinato del obispo de Cracovia, San Estanislao.
Distribución del poder y los guerreros
Según el cronista anónimo Gall, escrito unas cuatro décadas después del reinado, Boleslao mostraba extremos: por un lado, era generoso, fundó el monasterio de Mogilno y reconstruyó la catedral de Gniezno; por otro, su ambición desmesurada y vanidad lo impulsaron a constantes expediciones.
Su política expansionista rivalizaba con la de su bisabuelo. Intervino dos veces en Hungría, reinstauró la dependencia de Pomerania, rechazó el tributo a los checos y formó una coalición anti‑alemana en apoyo al Papa. Además, realizó dos campañas en la Rus' de Kiev.
Primera expedición (1069): Boleslao instaló a Izjasláv, esposo de su tía Gertrudis, en el trono de Kiev. El acto fue una clara alusión a las hazañas de su bisabuelo. Sin embargo, Boleslao humilló públicamente a Izjasláv, arrebatándole el beso de respeto y tirándole de la barba, señal de superioridad.
Kiev, una de las ciudades más ricas de Europa, proporcionó botín que reforzó la lealtad de los guerreros y silenció a los críticos.
El agotamiento económico
El modelo de guerra constante funcionó mientras los recursos lo permitían, pero a partir de la coronación de 1076 la balanza se volvió desfavorable. Los gastos militares superaron los ingresos y la moneda del reino se devaluó: los denarios, antes con un 20 % de plata, pasaron a estar compuestos mayormente por cobre.
«Los denarios reales de Boleslao el Audaz contienen muy poca plata; las últimas emisiones son casi cobre. Este fraude monetario alimentó la resistencia popular y contribuyó a su derrocamiento.»
La aristocracia, atenta a la calidad del metal en sus arcas, vio amenazados sus intereses, lo que avivó el descontento.
Las frecuentes campañas (cuatro entre 1069 y 1077) agotaron a los caballeros, especialmente cuando el botín prometido escaseaba. En la segunda expedición a Rus' (1077), algunos guerreros se negaron a obedecer y desertaron, regresando a su tierra natal.
Las motivaciones son objeto de debate: miedo a perder posesiones, temor a una rebelión interna, o simplemente el cansancio de luchar lejos de casa.
Orgullo antes de la caída
Las campañas y la represión de los desertores intensificaron la rebelión interna. La mayoría de los historiadores vinculan estos hechos al asesinato de San Estanislao, que habría liderado la oposición contra Boleslao.
Según Gall Anónimo, el obispo estaba implicado en una traición; quizás apoyaba a los guerreros perseguidos o buscaba su propio ascenso.
Las acciones despóticas no lograron calmar la crisis. Boleslao se vio obligado a huir a Hungría con su esposa y su hijo, buscando el apoyo del rey Vladislav, a quien él mismo había puesto en el trono. Sin embargo, su orgullo y dependencia de tutores extranjeros alejaron a los húngaros, y el monarca murió en circunstancias misteriosas alrededor de 1081‑1082, probablemente asesinado.
Bibliografía
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