historia historica

Embarazo de cinco años, curación por la serpiente y resurrección por mandato: terapias ocultas de la antigüedad

Al igual que hoy, en la antigüedad no todos los pacientes confiaban en los médicos. Temiendo que los colegas de Hipócrates colaboraran con una especie de "Gran Farmacia" antigua y no tuvieran sus mejores intereses en mente, muchos recurrieron a curanderos, sacerdotes y dioses. Así lograron los milagros que la medicina convencional nunca había imaginado.

Aunque los médicos, curanderos y sacerdotes de entonces carecían de los recursos y conocimientos de la medicina moderna, sus pacientes no podían quejarse de la falta de atención. Con la ayuda de deidades apropiadas, resolvían embarazos de cinco años, concedían fuerza sobrehumana y, según los iamata (estelas que conservan "registros médicos" milenarios), incluso devolvían la vida a los muertos.

¡Por Asclepio!

Quien desconfiaba de los médicos hipocráticos podía acudir al templo de Asclepio, Theos Hypsistos, Poseidón, Apolo y muchos otros.

¿En qué consistía la terapia "divina"? El patólogo Philippe Charlier explica:

El paciente debía acudir al santuario donde se llevaba a cabo el proceso curativo. Allí recibía lo que hoy llamaríamos terapia ritualizada: seguía dietas y normas higiénicas especiales, sacrificaba un animal al dios y pasaba la noche en un ábaton (una galería cubierta con camas alineadas) o en un tolos (edificio circular donde se alojaban serpientes).

Durante el sueño, el enfermo recibía una visión enviada por un sanador celestial. El sacerdote interpretaba el mensaje divino (a cambio de una remuneración) y completaba la terapia.

Embarazo de cinco años, curación por la serpiente y resurrección por mandato: terapias ocultas de la antigüedad

Estatua alegada de Asclepio en un templo romano (Colección Farnese, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).

Una vez curado, el paciente encargaba una estela (iamata) que describía su caso y la colocaba en el templo como testimonio de la calidad del servicio médico local y como publicidad.

El caso de Hermón de Tesalo ilustra la advertencia de que, al no pagar por su curación, Dios lo volvió a cegar; después, al regresar y dormir de nuevo, recuperó la vista.

Un nacimiento milagroso

¿Era eficaz el consejo del sacerdote? Cuando la enfermedad tenía origen psicológico, el ritual realmente producía alivio. Un ejemplo del siglo IV a.C. es el de un niño mudo de Epidauro que recuperó el habla después de que el sirviente del templo le exigiera prometer otro sacrificio dentro de un año.

Los sacerdotes también dominaban la herbolaria. La estela de Lentas (siglo II‑I a.C.) relata una receta que incluía rúcula, pimienta, vino italiano, almidón, cenizas benditas, huevo con resina de pino, entre otros ingredientes.

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En una de esas inscripciones se menciona la supuesta terminación de un embarazo que duró ¡cinco años!

Una dieta tan draconiana podría haber aliviado síntomas: la rúcula es diurética y analgésica, el almidón y la membrilla ayudan la digestión, y la membrilla se usa en algunas afecciones pulmonares. No obstante, no todos los iamata son fiables.

Kleo, del siglo IV a.C., afirmó haber estado embarazada cinco años. Tras dormir en el ábaton, dio a luz a un niño que, al nacer, se lavó en la fuente y rodeó a su madre.

El texto de la dedicación exaltaba el milagro: «No es el tamaño de la placa votiva lo que debemos admirar, sino el milagro del dios, porque Kleo llevó una carga en su vientre durante cinco años hasta que el dios la curó.»

Fuerte como una roca

Otro caso curioso es el de Hermodico de Lamsaco, curado por Asclepio en el siglo IV a.C. Sufría una “terrible enfermedad” que provocaba paresia de brazos y supuración de los senos (probablemente una infección torácica). Tras la intervención divina, recuperó la fuerza con renovado vigor.

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La evidencia proviene de su iamata, tallada en una losa de 250 kg que el propio curado transportó al templo.

Un hombre con una hinchazón desagradable en el dedo del pie fue sanado por una serpiente que, al deslizarse por el ábaton, lamió la herida con su lengua. El paciente despertó sano y recordó una visión de un joven vertiendo medicina sobre su dedo.

¿Podía la saliva de la serpiente curar? Hoy en día se emplea saliva animal en el tratamiento de ciertas dermatosis; es probable que en aquel caso se utilizara una pomada preparada con la saliva de la serpiente.

Licencia para resucitar

El caso más sorprendente es el de Apolonio de Tiana. Según su biógrafo Filóstrato, este curandero del siglo I nació en circunstancias milagrosas y, adulto, viajaba con discípulos enseñando, curando enfermos, expulsando demonios y, según los relatos, resucitando a los muertos.

En el siglo III, Porfirio de Tiro lo llamó el equivalente pagano de Jesús; otros autores señalaban que, a diferencia de Cristo, Apolonio comprendía el lenguaje de los animales.

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Se le atribuye, entre otras hazañas, devolver a la vida a una joven que murió antes de su boda. No era el único resucitador: Sexto Empírico, del siglo II, afirmaba que los casos de resurrección (principalmente atribuidos a Asclepio) eran incontables, quizá porque la medicina de la época no sabía determinar con precisión la muerte y la declaraba prematuramente.

Incluso Plinio el Viejo relata casos de muertos que, al ser expuestos al fuego, desaparecían sin posibilidad de curación milagrosa.

Bibliografía

  1. P. Charlier, *What the Dead Teach Us. Pathologist on the trail of the mysteries of history*, Esprit 2015.
  2. F. Filostratos, *The Life of Apollonius of Tyana*, Nicolaus Copernicus University Scientific Publishers 2012.
  3. M. L. Lang, *Cure and Cult in Ancient Corinth: A Guide to the Asklepieion*, American School of Classical Studies at Athens, Princeton 1997.
  4. L. Wells, *The Greek Language of Healing from Homer to New Testament Times*, Walter de Gruyter 1998.