El impacto humano sobre el medio natural, conocido como antropopresión, afecta directamente a la flora y fauna locales. Incluye acciones accidentales y deliberadas para adaptar el entorno a las necesidades humanas.
Para rastrear el proceso de extinción de animales en Lesotho y determinar los factores más determinantes en la disminución de la fauna del sur de África, los investigadores combinaron tres tipos de fuentes: datos arqueológicos, crónicas históricas de colonizadores británicos y testimonios orales de residentes lesothenses desde la década de 1930 hasta la actualidad.
Geografía de Lesotho
Lesotho es un pequeño país enclavado dentro de Sudáfrica (30.300 km²). A pesar de su extensión limitada, su relieve es extremadamente diverso. El oeste presenta llanuras intercaladas con colinas, mientras que la mayor parte del territorio está dominada por los macizos de Maloti, Thaba‑Putsoa, la Cordillera Central y los Drakensberg. El principal río es el Oranje; el río Caledon, que forma la frontera, es la principal fuente de agua potable. Las zonas bajas poseen vegetación de sabana, conocida en afrikáans como sourveld, y en las áreas montañosas predomina la flora afro‑alpina.
Antropopresión y Antropoceno
La antropopresión engloba todas las actividades humanas que transforman el medio ambiente para satisfacer sus necesidades, llegando en casos extremos a la degradación, deforestación y destrucción de hábitats. Estas acciones provocan contaminación del suelo y del agua, cambio climático y desertificación gradual. En el sur de África, además de la pérdida de hábitat, se añaden la caza deliberada de depredadores y animales considerados plagas, y la caza industrial de bushmeat.
Paisaje de estribaciones y la cordillera Maloti en el norte de Lesotho © Christopher Charles – licencia CC BY‑NC‑SA 2.0, via Wikimedia Commons
Al reflexionar sobre la influencia humana, algunos científicos proponen distinguir la época geológica actual como Antropoceno. Aunque la fecha de inicio sigue en debate, sus rasgos principales —pérdida de biodiversidad, deforestación acelerada, urbanización, contaminación y consumo de combustibles fósiles— ya se observan a comienzos del siglo XXI.
Arqueología
Los restos de mamíferos desde el final del Pleistoceno se obtuvieron de excavaciones en cuevas y yacimientos a cielo abierto de Lesotho. El criterio fundamental fue la presencia de huesos de animales en asentamientos humanos. Sin embargo, estos datos están sesgados por las preferencias alimenticias y tabúes culturales de los cazadores prehistóricos; la ausencia de restos no implica ausencia real.
Durante la última glaciación máxima, hace unos 21 000 años, el clima era más frío y la biodiversidad era reducida. La megafauna del Pleistoceno estaba dominada por bisontes, búfalos gigantes y la antigua cebra grande (Equus capensis), especies que desaparecieron al inicio del Holoceno (≈ 11 000‑10 000 año). Posteriormente, el antílope extinto de Bond fue aniquilado hace unos 7 500 años por cambios climáticos bruscos y desertificación.
Entre 10 000‑8 000 años atrás, especies como el gran kudu, el pez gato de sabana, el buitre gris, el antílope común, el corzo y la cabra de roca comenzaron a colonizar también las zonas bajas. El Holoceno medio y tardío se caracterizó por episodios alternados de clima húmedo‑cálido y seco‑frío, lo que explica la distribución actual de muchas especies entre montaña y llanura.
En ese periodo abundaban jabalíes salvajes, cebras de estepa, babuinos, jerbos de roca, ciervos pálidos, antílopes de montaña, cabras de roca, ñus, búfalos rojos, antílopes Sasebi, zorros negros, chacales de lomo negro, caracales de estepa y gatos de Nubia. El leopardo era el felino mayor, mientras que los leones y guepardos aparecían escasamente. Las hienas moteadas y pardas eran raras, incrementándose su número alrededor de 3 000 años atrás.
Arte rupestre
Las pinturas en roca ofrecen pistas adicionales, aunque la identificación exacta de especies es a veces imprecisa. Se observan impalas en paneles de llanuras y, en los macizos, representaciones de mecáceas, pangolines y proteles con crines.
Representación del eland común en un panel de los Drakensberg, asociada a los ancestros san © Lukas Kaffer – licencia CC BY‑SA 3.0, via Wikimedia Commons
Los estudios revelan una clara tendencia al aumento de la biodiversidad. De 14 000‑10 000 años atrás se registraron al menos 29 especies; de 10 000‑5 000, 31; de 5 000‑3 000, 36; y en los últimos 3 000 años, 43 especies de mamíferos. Este incremento refleja tanto la mayor cantidad de yacimientos arqueológicos como los cambios climáticos que favorecieron la expansión de hábitats.
Relaciones coloniales históricas
Los relatos escritos por exploradores y colonizadores europeos son fuentes valiosas, aunque con sesgos. Entre 1830‑1900, los autores más activos fueron Thomas Arbousset, Eugène Casali (misiones evangélicas de París) y administradores británicos como el Dr. Andrew Smith y Sir Godfrey Lagden. También se consultó el periódico local en sesotho Leselinyana la Lesotho, fundado en 1863.
Imagen de "African Hunting from Natal to the Zambesi" (1852‑1860) por William Charles Baldwin – Biblioteca Británica – dominio público.
Los topónimos locales revelan la presencia histórica de especies: numerosos pueblos llevan nombres vinculados a animales, lo que indica su importancia cultural. Por ejemplo, en la zona metropolitana de Mangaung (Sudáfrica) existe el topónimo lekholo la cheetah (lugar del guepardo).
En la década de 1830, los misioneros franceses describieron abundantes manadas de ñus, cebras de estepa y antílopes rojos en las llanuras del río Caledon. También mencionaron depredadores como leones e hienas, que ya causaban problemas a los colonos.
«Los animales salvajes nos acosaron toda la noche… Decenas de leones aterradores merodeaban las riberas del Caledon. Uno de mis bueyes fue devorado». – Eugène Casali, 22 jul 1833
Los herbívoros también dañaban cultivos; algunas vacas se escapaban con manadas de ñus.
El primer indicio de disminución significativa de la fauna data de 1840, cuando Thomas Arbousset, cazando en las montañas Maloti, observó que los elands habían disminuido notablemente. Hasta 1846, estos grandes herbívoros sólo se encontraban en regiones montañosas inaccesibles.
Cebras de estepa y ñus marrones coexistiendo en las llanuras de Lesotho desde el Holoceno medio © Mosi Lager – licencia CC BY‑NC‑SA 2.0, via Wikimedia Commons
Un ejemplo temprano de antropopresión fue la tala de bosques de acacia ribereños para crear pastos. Para 1856, gran parte del valle del Caledon había sido transformado, provocando la casi total desaparición de leones, ñus, hienas, cebras quagga y antílopes. En su lugar, los colonos introdujeron ovejas, mulas, cabras, vacas, caballos y bueyes.
«Al volver en primavera a los llanos llamados jagt veld, sólo había silencio: no había gacelas, ni leones rugiendo, ni chacales que rompieran la monotonía del desierto». – Prosper Lemue, 28 oct 1861
La biodiversidad siguió decayendo durante las décadas siguientes. El último avistamiento de un león registrado data de 1897 en el río Likolobeng. Los periódicos mencionan leopardos abatidos en 1895‑1896. A partir de estas fuentes, se distinguen tres fases de desaparición en el siglo XIX:
- Antes de 1820: desaparecen hipopótamos, cocodrilos del Nilo y especies de sabana del valle del Caledon.
- Años 1840: se extinguen guepardos, hienas moteadas, cebras quagga, ñus rayados, antílopes ridgeback y leones.
- Años 1850‑1860: desaparecen antílopes, ñus marrones y antílopes Sasebi Zulu.
Entrevistas etnográficas
Como complemento, investigadores de la Universidad de Witwatersrand realizaron 58 entrevistas en 44 aldeas, con ancianos de 60‑106 años. La mayoría había sido pastores, docentes o curanderos tradicionales, quienes aportaron valiosa información sobre especies usadas con fines medicinales.
Según los testimonios, en el siglo XX sólo quedaban el eland común y el búfalo rojo como antílopes salvajes. El eland se limitaba a las zonas montañosas desde mediados del siglo XIX, mientras que el búfalo rojo, con una población estimada de 500‑700 individuos, persistía en las Montañas del Dragón. En los macizos se siguen observando ciervos, antílopes de montaña, oribi y cabras de roca.
Entre los depredadores, los locales recuerdan leopardo y hiena marrón; el último leopardo abatido se registra en 1993 y la última hiena marrón en la década de 1970. En los años 60 se avistaron proteles con crines, servales de sabana y tejones meleros cerca de los parques nacionales Sehlabathebe y Ts'ehlanyane.
Los pequeños depredadores (gato nubio, chacal de lomo negro, comadreja esbelta) siguen presentes en todo el país; también se observan zorros de rayas, hormigas africanas, puercoespines y erizos en el oeste. Los babuinos de oso habitaban las montañas a finales del siglo XX, aunque su número disminuye.
Las entrevistas confirman que la tendencia de pérdida de biodiversidad iniciada a mediados del siglo XIX continúa, con escasas señales de reversión. Un intento de reintroducir ñus marrones y eland comunes en los parques Sehlabathebe y Ts'ehlanyane fracasó por la caza furtiva generalizada.
La mayoría de las especies mamíferas descritas por los primeros europeos ya habían aparecido en los registros arqueológicos del Holoceno. Entre las que desaparecieron antes de 1830 se encuentran hipopótamos, antílopes de caballo, antílope azul, jabalíes rojos, búfalos rojos y peces gato de sabana, cuya extinción probablemente se debió a cambios climáticos o a la presión de cazadores y pastores precoloniales.
Un drástico declive de la biodiversidad ocurrió entre 1840‑1870, coincidiendo con la llegada de los colonizadores europeos, la interrupción de rutas migratorias y la conversión de hábitats en campos agrícolas y pastizales. Un artículo de 1884 en Leselinyana la Lesotho reflejaba esta pérdida:
«Los antílopes ya no se ven en Lesotho… Migraron al norte y no regresaron. En un lugar donde siempre matan animales, no pueden convivir con los humanos y se fueron».
La caza intensiva selló el destino de la fauna de las llanuras: además de la carne, se buscaban pieles (leopardo, nutria) y materiales para usos medicinales y mágicos, como colas de ñu y sangre de búfalo.
Informes de prensa del 15 jul 1897 indican que, al final del siglo XIX, todavía existían migraciones de grandes manadas por los valles de los ríos Makhaleng y Orange, probablemente el último corredor natural en el sur de Lesotho. Hoy, pequeñas poblaciones de eland, ñu marrón, babuinos y leopardo subsisten en los macizos aislados, obligadas a adaptarse a los cambios provocados por la antropopresión que persiste desde mediados del siglo XIX.
Fuentes
Grab, Stefan W., y David J. Nash. “But what silence! No more gazelles …”: Occurrence and extinction of fauna in Lesotho, southern Africa, since the late Pleistocene. Quaternary International 611 (2022): 91‑105.
Autor: Adam Budziszewski
Edición: A.C.
Corrección lingüística: A.J.