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Joanna Gryzik, la Cenicienta de Silesia

Una historia que parece un cuento de hadas

La historia no siempre tiene que ser seria; a veces los hechos extraordinarios rozan lo mágico. ¿Conoces el cuento de la Cenicienta? En Silesia ocurrió una versión real.

Infancia dura y abandono

Joanna Gryzik nació en 1842 en una familia muy pobre. Su padre trabajaba en una mina de zinc y su madre era sirvienta en la finca del industrial Karol Godula, uno de los mayores magnates de la región. Cuando Joanna tenía sólo tres años, su padre falleció, dejando a la familia sin el único sostén económico. Incapaz de seguir cuidándola, su madre la entregó a los demás sirvientes de la hacienda de Godula.

El enigmático Karol Godula

Godula era uno de los industriales más ricos de la Silesia del siglo XIX. Su fortuna se estimaba en 2 millones de taleros (el trabajador medio ganaba unos 150 taleros al año). Poseía 19 minas de calamina, 40 de carbón y 3 fundiciones de zinc, además de extensas tierras que hoy forman parte de Ruda Śląska y Mikołów (Paniowy, Orzegów y Szombierki). A pesar de su enorme riqueza, era visto como un personaje excéntrico y solitario. Se rumoraba que había sido atacado en su juventud, quedando con un ojo perdido, cicatrices faciales y una cojera que asustaba a los niños.

Joanna Gryzik, la Cenicienta de Silesia

Su reputación se vio reforzada por los extraños experimentos químicos que realizaba en su propiedad, lo que le valió el sobrenombre de "el demonio de Ruda Śląska". Rara vez se mostraba en público y pasaba gran parte del tiempo encerrado en su mansión.

Una amistad inesperada

Para Joanna, la apariencia temible de Godula no supuso nada. Como la única niña en la finca, no temía al anciano y, según la tradición, un día le entregó un ramo de flores que ella misma había recogido. El gesto sincero conmovió al industrial, quien decidió recompensarla.

Joanna Gryzik, la Cenicienta de Silesia

Godula quiso cambiar el destino de la niña y le pagó una educación privada, reconociendo su inteligencia y determinación. Nunca se casó ni tuvo descendencia, y cuando en julio de 1848 falleció en Wrocław, quedó la incógnita de quién heredaría su inmensa fortuna.

Un testamento sorprendente

En su último testamento, Godula legó toda su fortuna a la pequeña de 6 años, Joanna Gryzik, nombrando a su amigo y abogado Maksymilian Scheffler como tutor. Scheffler envió a Joanna al convento ursulino de Wrocław, donde continuó sus estudios. Los demás herederos intentaron anular el testamento, pero sin éxito.

Joanna Gryzik, la Cenicienta de Silesia

Al cumplir la mayoría de edad, el 6 de octubre de 1858, el propio rey Federico Guillermo IV de Prusia la ennobleció, cambiándole el apellido a von Schomberg‑Godula y otorgándole un escudo que incluía una kuple (símbolo minero) y los colores de la Alta Silesia, azul y oro.

Vida aristocrática y legado filantrópico

En noviembre de 1858 se casó con el conde Hans Ulryk Schlaffgotsch, perteneciente a una familia noble pero poco influyente. La boda tuvo lugar en Bytom y, al año siguiente, la pareja adquirió un palacio en Kopice, que se convirtió en la sede de la nueva rama alta silesia de los Schaffgotsch.

Joanna y su esposo tuvieron un hijo y tres hijas. Reconocida legalmente como adulta en 1865, Joanna administró la fortuna con gran habilidad. Sus minas seguían siendo muy rentables y ella se destacó por su labor benéfica: financió la construcción de decenas de iglesias, escuelas y hospitales en Silesia, y fundó entre 1903 y 1908 el monasterio de los franciscanos en Ligota‑Panewniki, que sigue activo.

El olvido tras la guerra

Joanna Schlaffgotsch falleció en 1910 en Kopice y fue sepultada en el mausoleo familiar. Después de la Segunda Guerra Mundial, soldados del Ejército Rojo saquearon el mausoleo y los restos fueron reinhuidos en una fosa común, dejando su historia prácticamente olvidada.

Joanna Gryzik, la Cenicienta de Silesia

El único recuerdo tangible de la “Cenicienta de Silesia” es el palacio neobarroco de Kopice, rodeado de extensos estanques y considerado una de las residencias del siglo XIX más bellas de la región. Sin embargo, sólo quedan sus ruinas. En los años 50 se desmanteló gran parte del edificio y, en 1956, un incendio provocado destruyó lo que quedaba. A pesar de los repetidos intentos fallidos de restauración, los habitantes de Kopice aún sueñan con que el palacio recupere su antiguo esplendor.

Bibliografía

  1. Gabriela Anna Kańtor, Cenicienta de Silesia, Katowice 2020.
  2. A. Kuzio‑Podrucki, Los Schaffgotsch: el destino cambiante de la aristocracia silesia, Bytom 2007.
  3. I. Twardoch, Historia de la familia Schaffgotsch, Ruda Śląska 1999.