Magos y astrólogos babilónicos
Los adeptos babilónicos del conocimiento secreto – magos y astrólogos – gozaban de gran respeto en su época. Su dominio de los cuerpos celestes resultaba asombroso.
Magia y protección contra el mal
Los babilonios conocían bien el poder de la magia. Para defenderse de fuerzas malignas empleaban talismanes, amuletos, conjuros, exorcismos y otros rituales. La vida cotidiana en Babilonia estaba impregnada de prácticas mágicas. La potencia de los hechizos era tal que el rey Hammurabi, autor del primer código de leyes y fundador del primer estado babilónico, prohibió a los hechiceros malvados bajo pena de muerte. Sus actividades se desarrollaban en secreto, lo que dificulta hoy la reconstrucción de sus técnicas.
Demonios y espíritus malignos
Además de los hechiceros, una numerosa jerarquía de demonios interfería en la vida humana. La demonología babilónica era extensa: las energías negativas podían afectar tanto a personas como a dioses. Cuando una persona estaba poseída, se realizaba un exorcismo que consistía, por ejemplo, en hacer que el demonio “encarnara” en una figura animal o de barro que luego se destruía.
Se recitaban oraciones especiales a Marduk para anular el encanto maligno. Si el demonio provocaba enfermedad, el exorcista colaboraba con el médico, implorando a Marduk y a otras deidades principales la curación.
Los espíritus de los muertos también podían perturbar a los vivos. En esos casos se llevaba a cabo un ritual elaborado: se enterraba simbólicamente al difunto, colocando una figura de cera en la tierra y vertiendo agua mezclada con harina en un hoyo preparado para expulsar al espíritu.
Observación de los astros
Para muchas civilizaciones antiguas, la disposición de las estrellas era crucial. Los babilonios, sin embargo, sobresalieron por la magnitud de sus observaciones celestes. La tradición bíblica de los tres reyes magos que siguieron una estrella para llegar a Belén se asocia a menudo con astrólogos babilónicos que, al interpretar una conjunción planetaria –Saturno, Júpiter y Marte en 6 a.C.– predijeron un acontecimiento extraordinario en Israel.
Conocimientos astronómicos olvidados
Los saberes astronómicos y matemáticos de los babilonios eran mucho más avanzados de lo que se creía. Investigaciones del Dr. Mathieu Ossendrijver (Universidad Humboldt, Berlín) revelaron que los sabios babilónicos utilizaban métodos geométricos, como la construcción de trapecios, para calcular la trayectoria de Júpiter, anticipándose al cálculo integral de Leibniz y Newton por varios siglos.
En la Universidad de Tsukuba (Japón) se descubrieron tablillas cuneiformes que registran intensas llamaradas solares, fuente valiosa para estudiar tormentas magnéticas terrestres en la antigüedad.
Otra pieza sobresaliente es la tablilla conocida como Plimpton 322. Traída por el arqueólogo Edgar Banks en 1920, contiene valores de los triples pitagóricos (a² + b² = c²), demostrando que los babilonios conocían estas relaciones 1 200 años antes de los griegos.
Astrología práctica: de los cielos a la tierra
¿Por qué los babilonios dedicaban tanto esfuerzo a calcular movimientos planetarios y cometas, como el de Halley? Porque creían que cada evento terrestre estaba regido por la configuración celestial. Cada planeta estaba asociado a una deidad: Sol – Shamash, Luna – Sin, Júpiter – Marduk, Venus – Ishtar, Saturno – Ninurta, Mercurio – Nabu y Marte – Nergal. Así, la astrología servía como herramienta para predecir el futuro y orientar decisiones políticas, militares y comerciales.
El fracaso de los astrólogos babilónicos
La Biblia narra el fracaso de los astrólogos de Babilonia al no prever la caída de su propio imperio, episodio descrito en el libro de Daniel durante el reinado de Belshazzar, el último rey (o regente) babilónico. El profeta Isaías ya había advertido que los “escribas del cielo” serían tan inútiles como paja ante el fuego divino.
Según el relato bíblico, Belshazzar profanó un vaso sagrado del templo de Jerusalén durante un banquete. En medio de la celebración apareció una inscripción misteriosa: “MENE, TEKEL, PARSIN”. Ningún mago o astrólogo pudo interpretarla; solo el judío Daniel explicó que significaba “contado, pesado y dividido”, anunciando la inminente derrota del reino ante los medos y persas.
Los historiadores señalan inconsistencias: Belshazzar nunca fue rey soberano (su padre Nabónido lo sustituyó temporalmente), y el personaje llamado Darío Med mencionado en el libro de Daniel no se corresponde claramente con ningún monarca persa conocido.
Bibliografía
- Garelli P., Assyriology. Discovering the Ancient East, M. Korotaj, Varsovia 1998.
- Olmstead A. T., History of the Persian Empire, Varsovia 1974.
- Saggs W. H. F., The Greatness and Fall of Babylonia, Varsovia 1973.
- Stępień M., Hammurabi's Code, ALFA Publishing, Varsovia 2000.