Al final del siglo XIX, la expansión alemana estaba en pleno apogeo. Cuando el Segundo Reich intentó adueñarse de la zona montañosa de Camerún, se topó con un obstáculo inesperado: los “malditos polacos” que el canciller Bismarck maldijo con vehemencia. ¿Cómo lograron adelantarse a los alemanes?
La historia de los éxitos de los viajeros polacos en África comienza en abril de 1883, cuando una inusual expedición compuesta por tres polacos y un perro llegó a la costa de Camerún. La dirigía Stefan Szolc‑Rogoziński, de 22 años, ex‑marino ruso que financió la empresa con la herencia de su madre. Lo acompañaban Klemens Tomczek, geólogo de 23 años, y Leopold Janikowski, meteorólogo de 28 años, junto a su fiel pointer Dollar.
Estos jóvenes fueron impulsados por la curiosidad, la pasión científica, el deseo de aventura y, sobre todo, por la visión de una Polonia independiente. Szolc‑Rogoziński soñaba con crear una colonia en la costa occidental del continente, una patria más agradable que la que les ofrecían Alemania o Rusia. La idea parecía una utopía, pero décadas antes, en la misma región, esclavos liberados de EE. UU. habían fundado Liberia, la primera república del África continental bajo dominio europeo.
¡Hurra, rey Sobieski!
La expedición comenzó adquiriendo su propio territorio: compraron la isla de Mondoleh (también llamada Mondori) al cacique local, situada en la bahía de Ambas. Rogoziński y Tomczek se adentraron más en el interior, mientras Janikowski permaneció varios meses solo (excepto por Dollar) ampliando la base y estableciendo contactos con los habitantes.
El joven meteorólogo invitó a los ancianos de las tribus locales a celebrar el 200.º aniversario del alivio de Viena. Les contó las hazañas del rey Jan III Sobieski y, bajo la orden del cacique, los presentes gritaron en inglés: “¡Hurra, rey Sobieski!”. Después, todos brindaron y la amistad nació.
A partir de entonces Janikowski y sus dos compañeros pudieron viajar libremente por la zona, aprendiendo dialectos y costumbres, e incluso mediando en disputas locales. Mientras tanto, Szolc‑Rogoziński seguía comprando tierras y, según el etnógrafo Janusz Kamocki, “creó una especie de federación tribal bajo su liderazgo”. Entonces llegaron los alemanes.
La ira de Bismarck
Unidos desde 1871, el Segundo Reich desarrolló rápidamente ambiciones coloniales. Camerún parecía un trozo fácil. Los alemanes establecieron contactos comerciales con el rey Bell, el gobernante más poderoso de la costa, y tras presiones y una amenaza naval, lograron que firmara un tratado que colocó la bandera alemana.
El siguiente paso fue la captura de la zona montañosa, lo que alarmó a los británicos, quienes consideraban esa zona dentro de su esfera de influencia. La tensión aumentó y nuevos invasores empezaron a luchar junto a la población local.
Los planes polacos de crear una colonia se vieron truncados. De los tres viajeros, solo permanecieron Szolc‑Rogoziński y Janikowski; Tomczek murió de malaria en mayo de 1884. Aun así, su relación con los alemanes no era de odio: en 1884 Szolc‑Rogoziński invitó al periodista alemán Hugo Zöller a una expedición a las montañas camerunesas, aunque la competencia por los honores coloniales los puso en lados opuestos.
Para frenar la expansión del Reich, en enero de 1885 Szolc‑Rogoziński y Janikowski negociaron con funcionarios británicos. Según Janikowski, la iniciativa surgió de los isleños; fuentes británicas la atribuyen a Szolc‑Rogoziński, aunque Londres quizá quiso desentenderse culpando a los polacos.
Los dos viajeros aceptaron viajar al interior sin escolta militar, portando solo documentos, banderas del Reino Unido y regalos. Mientras los alemanes planificaban una expedición similar, los polacos llegaron primero y lograron que numerosos caciques firmaran tratados a favor de Inglaterra. Janikowski describió la hazaña así:
“En un mes, docenas de caciques firmaron tratados para Inglaterra; los emisarios alemanes encontraron banderas inglesas por todas partes. Fue una carrera extenuante por montañas escarpadas, a veces más de treinta kilómetros al día, con piernas heridas y fiebre. Pero al volver, entregamos los documentos al cónsul: ¡las montañas eran inglesas!”
Cuando la noticia llegó a Berlín, el canciller Otto von Bismarck se enfureció. En la novela biográfica de Maciej Klósak y Dariusz Skonieczka se reproduce su arrebato en el Reichstag:
“Desgraciadamente, las montañas camerunesas no son nuestras, gracias a dos malditos polacos que se las entregaron a los ingleses. He dado órdenes para neutralizarlos”.
La prensa polaca también lo comentó, denunciando la persecución prusiana que se extendía hasta África.
Conspiración polaca
Los polacos lograron mucho, aunque no todo salió perfecto. En la localidad de Lecumbis, Szolc‑Rogoziński izó la bandera británica sin autorización local, solo para que el periodista Hugo Zöller viera que la zona ya estaba “tomada”. Cuando el emisario alemán partió, la bandera fue retirada y el “conquistador” siguió su camino.
Más tarde, al ver un puesto de frontera alemán en Bokonange, Rogoziński lo señaló a Gustav Nachtigal, comisionado especial de Bismarck, y le envió una carta insultante.
Mientras tanto, Londres intentaba minimizar la acción polaca, pero Berlín sospechaba de una “conspiración polaca para destruir nuestra relación con Inglaterra”, según Herbert Bismarck, hijo del canciller.
Al final, Szolc‑Rogoziński se vio superado por la política internacional y regresó a Europa. Los británicos cedieron el control de Camerún a los alemanes a cambio de concesiones en Afganistán, demostrando que “Inglaterra no tiene amigos, solo negocios”.
Desilusionados pero satisfechos de haber obstaculizado brevemente el imperialismo alemán, Szolc‑Rogoziński y Janikowski volvieron a casa con la salud deteriorada y la sensación de una misión inacabada. Solo su perro Dollar parecía indiferente, mimado por la tripulación que los repatrió.
Inspiración
Este artículo se basa en la biografía novelada de Stefan Szolc‑Rogoziński escrita por Maciej Klósak y Dariusz Skonieczka, titulada Stefan Szolc‑Rogoziński. The Forgotten Explorer of the Dark Continent (Gray Hour, 2018).
Bibliografía
- Jan Andrzej Betley, Stefan Szolc‑Rogoziński and the Anglo‑German Rivalry in the Cameroons, Journal of the Historical Society of Nigeria, Vol. 5, No. 1 (1969).
- «Djabeł», No. 18 (1884).
- Leopold Janikowski, In the Jungles of Africa. Memories of the Polish African Expedition in 1882‑1890, Liga Morska i Kolonjalna (1936).
- Janusz Kamocki, Rogoziński‑Szolc Stefan, en Polish Biographical Dictionary, vol. 31, Ed. Emanuel Roztworowski, Ossolineum (1988‑1989).
- Dariusz Skonieczko, Leopold Janikowski – Ethno‑soldier, New Ethnography, No. 6 (2014).
- Józef Ślisz, About S. S. Rogoziński's Expedition to Cameroon, Wiadomości Geograficzne, No. 8‑10 (1932).
- Maria Zachorowska & Janusz Kamocki, Stefan Szolc‑Rogoziński. African Research and Collection from 1882 to 1890, The Ethnographic Museum in Krakow (1984).