Introducción
Leon Kozłowski, profesor de arqueología en la Universidad Jan Kazimierz de Leópolis, apoyó a Piłsudski y al movimiento Sanacja. En mayo de 1934, a los 38 años, se convirtió en el primer ministro más joven de la Polonia de entreguerras. Su breve mandato y su posterior destino lo convirtieron en una figura polémica que todavía genera debate.
Un gobierno de continuidad
El derrocamiento del anterior gabinete careció de justificación clara; la nueva administración estaba compuesta casi en su totalidad por los mismos ministros. La Gazeta Polska, fiel a la línea Sanacja, declaraba: «Sabemos que no fallará y que no cambiará de rumbo». La crítica se centró en la figura del primer ministro, pero su pertenencia al grupo de Piłsudski bastó para legitimar su nombramiento.
En la foto, Kozłowski ocupa el segundo asiento a la izquierda.
Política interna y la crisis mundial
Su gestión coincidió con la Gran Depresión, que golpeó duramente al campo polaco, y con la elaboración de una nueva Constitución Sanacja. Defendió una política autoritaria: elecciones controladas al Sejm y nombramiento de senadores. Bajo su gobierno se creó el campo de detención de opositores políticos en Bereza Kartuska, presentado como medida contra la “anarquía política”. Tras la muerte del ministro Bronisław Pieracki, el recinto se convirtió en un símbolo de represión.
El gabinete de Kozłowski permaneció en funciones hasta la promulgación de la Constitución de abril de 1935, que marcó el fin de su carrera política activa.
Prisión en la NKVD
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Kozłowski abandonó la vida pública y se dedicó a la investigación académica. Cuando el Ejército Rojo ocupó el este de Polonia, fue detenido y llevado a los temidos centros de interrogatorio soviéticos. Él mismo describió los abusos: «Me llamaban dos o tres veces al día, a cualquier hora; los interrogatorios duraban de ocho a diez horas sin pausa».
En marzo de 1940 fue trasladado a la prisión de la NKVD en Lujbánka, Moscú, donde compartió celda con figuras como Aleksander Prystor y el general Władysław Anders. Las acusaciones incluían servir a “el capital internacional”, oponerse a los comunistas y pertenecer a una organización clandestina contra la URSS.
El juicio duró apenas quince minutos; fue condenado a muerte, pero la sentencia se conmutó a diez años de trabajos forzados después de que él redactara, bajo coacción, una solicitud de indulto.
Escape y viaje a la Alemania nazi
El acuerdo Sikorski‑Majski (1941) concedió una amnistía a los polacos detenidos en la URSS, y Kozłowski fue liberado. Decidió no alistarse en el ejército polaco en la Unión Soviética, pues había perdido más de 20 kg y su salud estaba comprometida. Optó por regresar a la Polonia ocupada, confiando en que los alemanes no le impedirían el paso.
Tras un periplo a pie y en tren, llegó a la línea del frente y se entregó a un oficial alemán. Los nazis organizaron su traslado a Berlín, donde a finales de noviembre de 1941 sostuvo entrevistas en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Los alemanes explotaron su escape como pieza de propaganda: Kozłowski relató su cautiverio en la URSS en varios periódicos polacos del Gobierno General.
Propaganda, restricciones y muerte
Su valor como fuente de información fue limitado; no propuso cooperación militar ni influyó en la opinión polaca sobre el ocupante. Fue retenido en Berlín bajo vigilancia policial y se le permitió continuar sus estudios eslavistas y redactar sus memorias. Nunca se le concedió permiso para regresar a la Polonia bajo ocupación.
Los nazis usaron su figura en campañas propagandísticas, incluso incluyéndolo en la comisión que investigó la masacre de Katyn en 1943, culpando a los rusos.
El gobierno polaco en el exilio lo consideró traidor y, mediante el Tribunal de Campo nº 1 del Ejército Polaco en la URSS, lo condenó a muerte por “deserción al enemigo”. La acusación, sin embargo, carecía de base real: Kozłowski nunca fue reclutado ni obligado al servicio militar. El propio Kozłowski denunció la sentencia como una “villanía pura”.
El general Sikorski ordenó que, si Kozłowski intentaba regresar, el Ejército Nacional ejecutara la sentencia. El plan nunca se materializó porque los alemanes no permitieron su salida de Berlín. El 11 de mayo de 1944, una bomba aliada destruyó el edificio donde vivía y le causó la muerte. Fue enterrado en un cementerio berlines, y sus restos fueron repatriados a Polonia en 1978.
Valoración histórica
El caso de Leon Kozłowski sigue generando controversia. Es evidente que colaboró con la ocupación alemana al permitir que lo utilizaran en su propaganda y al permanecer en el corazón del régimen nazi. No se puede excusar su falta de información sobre la Alemania de Hitler; su formación académica incluía estudios sobre el país. Además, su conducta violó tanto los estándares de lealtad nacional como normas morales básicas.
Su participación en la comisión de Katyn y su presencia en la prensa ocupada refuerzan la percepción de colaboración. Aunque nunca se probó que fuera candidato a líder de un gobierno títere, la acusación de “deserción” fue una maniobra política del gobierno polaco en el exilio para deslegitimarlo.
La tumba de Kozłowski se encuentra en el Cementerio de Powązki, testimonio de una vida marcada por la política, la persecución y la polémica.