Introducción
El virólogo polaco Hilary Koprowski salvó a millones de personas de la poliomielitis, pero su camino hacia la vacuna estuvo marcado por prácticas poco éticas, entre ellas experimentos en niños vulnerables.
De pianista a virólogo
Koprowski soñó con una carrera como pianista, pero finalmente se dedicó a la virología. Su decisión cambió el destino de innumerables niños, quienes gracias a su vacuna escaparon a las secuelas mortales de la enfermedad conocida entonces como enfermedad de Heine‑Medina.
Un entorno sin ataduras académicas
Trabajando en Lederle Laboratories, la rama farmacéutica del conglomerado estadounidense Cyanamid, Koprowski no estaba sujeto a las rígidas normas académicas. El objetivo de la compañía era claro: desarrollar una vacuna segura y, sobre todo, rentable lo antes posible.
El “cóctel” de médula espinal, cerebro y virus
En 1947, Koprowski inyectó una cepa del poliovirus tipo II directamente en el cráneo de ratones. Después extrajo los cerebros infectados, los mezcló con solución salina y obtuvo una “sopa” que administró a ratas de algodón. Tras repetir el proceso, obtuvo un preparado con germenes suficientemente atenuados.
Esta mezcla se probó en nueve chimpancés, que luego fueron expuestos al virus de Heine‑Medina sin desarrollar síntomas. El resultado convenció al investigador de la eficacia de su vacuna.
Autoprueba: el primer paso
“Antes de probar la vacuna oral en otros, Koprowski se la aplicó a sí mismo.” – David M. Oshinsky
En el invierno de 1948, Koprowski y su asistente Thomas Norton prepararon un “cóctel de polio” con trozos de médula espinal y tejido cerebral de rata. Tras ingerir la sustancia, ninguno de los dos enfermó, lo que les permitió avanzar a la fase humana.
Ensayos en niños: la polémica más cruda
En 1950, Koprowski llevó su vacuna a un refugio estatal de Letchworth para niños con discapacidades mentales y epilepsia. El director del centro, George Jervis, le pidió que probara la vacuna allí bajo el pretexto de la seguridad pública.
“Era como jugar con granadas de combate.” – Roger Vaughan, biógrafo de Koprowski
Veinte niños recibieron una cucharada del preparado atenuado mezclado con leche con chocolate; dos de ellos tuvieron que ingerirlo mediante una sonda gástrica porque no podían tragar. No está claro si los padres dieron su consentimiento informado.
Dos años después, The Lancet comentó irónicamente sobre el término “voluntario”, señalando que la palabra había pasado de describir a ratones a describir a niños inocentes.
Consecuencias y legado
Años después, Koprowski admitió: “Si hiciéramos tal prueba hoy, acabaríamos en la cárcel y la empresa sería demandada.” Afortunadamente, la vacuna resultó eficaz y segura.
En 1958, 250 000 niños en el Congo recibieron la vacuna, y en Polonia se distribuyeron 9 millones de dosis. Según el epidemiólogo Marcin Marczyński:
“Tras la vacunación, el número de casos cayó drásticamente: de más de mil en 1959 a solo treinta en 1963, y la incidencia anual pasó de varios cientos a dos.”
El régimen comunista criticó a Koprowski por usar a niños polacos como conejillos de indias, lo que mantuvo su nombre en el anonimato hasta finales de los años 90. En este caso, el fin justificó los medios.
Bibliografía
- M. Marczyński, A. Pękacz, Hilary Koprowski – médico, virólogo e inmunólogo polaco, Humanum 28 (1) / 2018, pp. 119‑123.
- D. M. Oshinsky, Polio. La historia de la superación de la enfermedad de Heine‑Medina, Prószyński i S‑ka, Varsovia 2015.
- R. Vaughan, Tácticas y hechos. La vida de Hilary Koprowski, Editorial Poznań, Poznań 1999.