La devastación facial en la Primera Guerra Mundial
La Gran Guerra dejó un saldo de cientos de miles de muertos y de muchos más heridos que, al sobrevivir a los combates, regresaron a sus hogares con graves mutilaciones. El fragmento de metralla que rebotaba en el campo de batalla era la causa principal de heridas faciales devastadoras, lo que llevó a los ejércitos a buscar protectores similares a la armadura medieval.
Harold Gillies y los inicios de la cirugía plástica
Los avances médicos impulsados por la guerra permitieron curar lesiones que antes eran letales, aunque la mayoría de los soldados quedó marcada de por vida. El neozelandés Harold Gillies, considerado el padre de la cirugía plástica moderna, jugó un papel fundamental en esta transformación.
Nacido en Dunedin, Nueva Zelanda, Gillies se incorporó al Cuerpo Médico del Ejército Británico y, en Francia, colaboró con el dentista francés Valadier, pionero en injertos de piel y reconstrucción mandibular.
Walter Yeo es reconocido como el primer paciente en someterse a una cirugía plástica bajo la dirección de Gillies.
Tras observar una trasplante de piel en París realizado por el cirujano Hippolyte Morestin, Gillies convenció a los altos mandos militares de crear una unidad especializada en cirugía maxilofacial. Entre 1916 y 1918, él y su equipo realizaron más de 11.000 reconstrucciones faciales, sentando las bases de una nueva disciplina quirúrgica.
Anna Coleman Ladd: la escultora de nuevas identidades
El número de soldados desfigurados era tan elevado que el gobierno británico contempló la creación de colonias especiales para estos veteranos. La vergüenza y el rechazo social impedían que muchos retomaran sus vidas normales.
Ante esta situación, la escultora y pintora Anna Coleman Ladd abrió un estudio en París con el apoyo de la Cruz Roja. Allí, su equipo confeccionó máscaras de cobre recubiertas de yeso, diseñadas a medida y pintadas a mano para imitar el tono de piel del usuario.
Estas máscaras devolvían a los soldados una apariencia natural, permitiéndoles reintegrarse a la vida civil sin el estigma de la desfiguración.
Impacto visual de las máscaras
A continuación, algunas imágenes que ilustran el proceso y el resultado de este trabajo humanitario.
Trabajo en la confección de una máscara para un soldado herido
Los resultados eran asombrosos: los veteranos recuperaban la confianza y la posibilidad de vivir una vida “normal”.
Es difícil imaginar la pesadilla que vivían estos soldados antes de recibir su máscara.
Bibliografía
- www.gilliesarchives.org.uk (consultado el 28/02/2020)
- www.wyohistory.org (consultado el 28/02/2020)
- www.americanhistory.si.edu (consultado el 28/02/2020)
- https://www.youtube.com/watch?v=BJzjt_aFc00