Bélgica: supervivencia polar
En 1897 el buque Belgica zarpó hacia la Antártida con la misión de realizar investigaciones científicas. Más de un siglo después, la experiencia de su tripulación sirve de referencia para planificar misiones espaciales.
El contexto de la época
En el siglo XIX la literatura estaba plagada de relatos de expediciones polares condenadas al fracaso y a la locura. Edgar Allan Poe, en su novela In bezdni Maelströmu (1841), describió el poder destructivo del hielo, la muerte y la demencia. Sin embargo, la tripulación belga no anticipó el horror que les aguardaba.
El equipo estaba compuesto por nueve belgas, seis noruegos, dos polacos, un rumano y un estadounidense.
Los protagonistas
El viaje fue liderado por el barón Adrien de Gerlache de Gomery, oficial de la Marina Real Belga. Entre los oficiales destacaban:
- Frederick Albert Cook (32 años), médico y fotógrafo de la expedición.
- Roald Amundsen (25 años), futuro conquistador del Polo Sur, sirviente como segundo oficial.
- Antoni Bolesław Dobrowolski (25 años), filósofo y geofísico polaco, atraído por la aventura.
- Henryk Arctowski, geógrafo y geofísico.
- Emil Racoviță (29 años), zoólogo y botánico rumano.
Probablemente ninguno imaginó el infierno de hielo que los esperaba, salvo quizás Amundsen, cuyo ídolo era Fridtjof Nansen.
Un mundo totalmente distinto
De Gerlache escribió: "Navegamos hacia un mundo completamente distinto, como los héroes de las sagas escandinavas, sometidos a pruebas inhumanas". La intención era superar el récord de latitud sur, alcanzando 71° 31' S, pero el precio fue quedar atrapados en una placa de hielo.
El 5 de marzo, en su diario, anotó brevemente: "Todas las velas están izadas. El barco no se mueve".
La trampa del mar de hielo
Al cerrar la temporada de navegación, la tripulación se vio obligada a pasar el invierno polar bajo una noche perpetua. Según los cálculos de Georges Lecointe, el sol desaparecería para mediados de mayo y la noche polar duraría casi tres meses.
El miedo y la incertidumbre se apoderaron de la tripulación. Para sobrellevar el tiempo, se dedicaron a observaciones astronómicas, magnéticas y meteorológicas, a la captura de fauna, y a múltiples tareas diarias.
El carbón se agotó, la ropa y el equipo resultaron insuficientes y la alimentación se volvió escasa. El 21 de marzo de 1898, el Dr. Cook describió la situación como "un pequeño penal donde los condenados cumplen su sentencia".
Una tragedia inevitable
El 19 de mayo el sol desapareció y la noche polar se prolongó 63 días más. El 6 de julio falleció Emile Danco por una enfermedad cardíaca no diagnosticada. Su cuerpo fue envuelto en la bandera belga y llevado al hielo para ser devuelto al mar.
El ambiente se volvió de desesperanza y melancolía. Cook relató que los rostros mostraban "tristeza, resignación y apatía" y que cualquier intento de infundir esperanza fracasaba.
Una chispa de esperanza
Amundsen fue el único que mantuvo el ánimo. El 20 de junio de 1898 escribió que la vida en la Antártida era exactamente lo que había buscado y que no se arrepentía de su decisión.
El 22 de julio el sol volvió a asomar, devolviendo energía a los hombres. De Gerlache describió la visión como "un espectáculo colorido que solo quienes han sido privados del sol pueden comprender".
Sin embargo, la salud seguía deteriorada; muchos no podían levantarse de la cama. Dos marineros noruegos mostraron signos de trastorno mental, y Tollefsen fue descrito como acosado por alucinaciones.
El médico salvador
El Dr. Cook, quien años después se haría famoso por su polémica llegada al Polo Norte, diagnosticó rápidamente la escorbuta, una enfermedad casi olvidada. La solución fue introducir carne cruda de pingüino y foca, mínima cocción, para aportar vitamina C.
Además, implementó la "técnica del escaldado": colocar a los enfermos desnudos frente a un fuego de leña o carbón, lo que mejoró tanto la frecuencia cardíaca como el ánimo. Creó actividades físicas diarias, llamadas irónicamente "desfile de lunáticos", y organizó celebraciones de cumpleaños, aniversarios y fiestas nacionales.
Sexualidad bajo hielo
El aislamiento prolongado incrementó la frustración sexual. Cook advertía que la noche polar podía volver a los hombres estériles si cedían a la charla indecente, y recomendaba un estricto horario y trabajo constante para distraer la mente.
Recuperación y liberación
Gracias a la energía del Dr. Cook y al optimismo de Amundsen, la tripulación recuperó el apetito. Dobrowolski comentó: "Como que nunca había sentido tanto hambre".
Con la llegada de días más cálidos, la salud mejoró, pero quedó claro que no podrían sobrevivir otro invierno. Se emplearon explosivos y se cavó un canal en el hielo; Cook ideó la técnica más eficiente para abrir la vía.
Después de 13 meses atrapados, el Belgica zarpó el 14 de marzo de 1899 y arribó a Punta Arenas el 28 de marzo. Cook resumió la experiencia: "En treinta días parecíamos diez años; nuestra piel estaba tan rugosa como una ralladura de nuez moscada".
El legado
El informe oficial de 1904 describió la expedición como una "casa de locos": anemia polar, alucinaciones, escorbuta y ataques de histeria. Sin embargo, los materiales científicos recogidos sentaron las bases de la glaciología, meteorología y oceanografía modernas.
Los hallazgos sobre la "anemia polar" (hoy llamada síndrome del gusano de invierno) son esenciales para la NASA, que estudia cómo la combinación de miedo, aislamiento y monotonía afecta a los astronautas. El antropólogo Jack Stuster utilizó los documentos belgas para diseñar misiones a Marte, enfatizando la importancia del "espíritu de expedición", la luz natural, la variedad alimentaria y la estructuración del día‑noche.
En conclusión, la odisea del Belgica no solo marcó un hito en la exploración polar, sino que también proporcionó valiosas lecciones para la futura exploración espacial.
Texto inspirado en la novela histórica de Julian Sancton, Madness at the End of the World: Belgica’s Expedition into the Darkness of the Antarctic Night.