Nacimiento de un gigante
En el siglo III a.C., bajo la supervisión del genio matemático Arquímedes, se construyó la nave siracusana, considerada la mayor embarcación de la antigüedad. El tirano Hieron II, gobernante de Siracusa, encargó este prodigio alrededor del 250 a.C. con el objetivo de superar a los barcos de Alejandro Magno y Ptolomeo, que contaban con nueve y doce filas de remos respectivamente.
Foto: Sebastian Ricci / dominio público
Características técnicas
Se estima que la nave medía entre 55 y 110 metros de eslora y desplazaba aproximadamente 2 000 toneladas. Contaba con tres cubiertas, tres mástiles y doce anclas (cuatro de madera y ocho de hierro). El embarcadero disponía de tres pasarelas: una para la carga, otra para los camarotes y una tercera para los soldados.
Su capacidad de carga era asombrosa: se hablaba de 60 000 granos, 10 000 barriles de carne salada, 20 000 quintales de lana y otros productos, además de 2 000 cubos de agua dulce y tanques con peces vivos.
Instalaciones a bordo
La Siracusa no era solo una embarcación de guerra, sino también un palacio flotante. Entre sus lujos se encontraban:
- Una biblioteca y un gimnasio.
- Baños y un templo dedicado a Afrodita.
- Jardines y pasillos con macizos de flores.
- Un mosaico del suelo que recreaba escenas de la Iliada.
- Establos para caballos (se mencionan diez en cada costado).
Armamento
Para protegerse de piratas, la nave estaba reforzada con una gruesa capa de madera y estaba equipada con:
- Una catapulta que lanzaba piedras de hasta 80 kg a 180 metros.
- Ocho torres de vigilancia (dos en proa, dos en popa y cuatro en la cubierta central) con arqueros y soldados.
El desafío de su lanzamiento
Hieron II retó a Arquímedes a poner la nave en el agua usando sólo la matemática. El científico diseñó un complejo sistema de poleas y contrapesos que, según la tradición, le permitió lanzar la embarcación con un simple tirón de cuerda. Se dice que, para dificultar la tarea, el tirano cargó la nave con mercancías y pasajeros, pero Arquímedes logró que la gigantesca barcaza “tocara” el Mediterráneo sin problemas.
El relato es polémico: algunos historiadores creen que el episodio se refiere a otro buque o a un objeto pesado distinto. Sea cual sea la versión, la única travesía documentada de la Siracusa fue su viaje a Alejandría, donde entregó su cargamento de granos a Egipto, entonces escaso.
Legado
Tras su llegada a Alejandría, la nave fue rebautizada como Alexandris (o Alexandria). Independientemente de los detalles exactos, la Siracusa quedó inmortalizada como la mayor y más lujosa nave de la Antigüedad, y como otro brillante logro del ingenio de Arquímedes.