El asesinato del príncipe Luis I Wittelsbach en 1231
El 16 de septiembre de 1231, el príncipe bávaro Ludwig I Wittelsbach murió asesinado a puñaladas en el puente de Kelheim. Las crónicas de la época coinciden en que un hombre desconocido perpetró el crimen, pero la identidad del autor y sus posibles patronos permanecieron ocultas.
El asesino fue capturado y sometido a torturas extremas; sin embargo, nunca reveló quién lo había contratado ni los motivos del asesinato. Tras morir bajo el tormento, el secreto se llevó al sepulcro. La mayoría de los cronistas de la época lo describieron como un miembro de la temida secta musulmana de los Asesinos.
El asesino perfecto
Dos aspectos apuntan a los Asesinos como posibles autores. Primero, su método: la secta utilizaba cuchillos y dagas para eliminar a figuras prominentes, como el califa de Bagdad Al‑Mustarshid y el rey de Jerusalén Conrad de Montferrat. Segundo, la absoluta silencio del asesino pese a la tortura, una característica típica de los miembros de la secta.
Alamut, la famosa fortaleza de los Asesinos en los Elburz.
Los relatos de obediencia ciega al líder de la secta son legendarios. Henry de Champaña, sobrino de Ricardo Corazón de León, presenció en 1194 una demostración en la que los Asesinos, bajo la orden del llamado "Viejo del Monte", se lanzaban al vacío sin vacilar.
¿Por qué un asesino habría viajado desde Alamut hasta Kelheim, en Baviera, para matar a Ludwig? El príncipe había participado en la quinta cruzada contra los musulmanes en Egipto en 1221, diez años antes del asesinato, pero no se ha encontrado una conexión directa.
Un motivo cómodo para el emperador
Otto II Wittelsbach, de 15 años, heredó el trono y sospechó de todos. Al ser incitado por el emperador Federico II de Hohenstaufen, llegó a sospechar que su rival había orquestado el asesinato. Las tensas relaciones entre Federico y Ludwig no eran un secreto: a pesar de los favores imperiales (como el matrimonio de su hijo con la heredera del Palatinado de Renania), Ludwig se había alineado con el Papa en una disputa con el emperador.
Durante la quinta cruzada Federico II estableció los primeros contactos con los Asesinos.
Federico II, ambicioso por ser el monarca cristiano más influyente, mostraba una actitud singular hacia el Islam: hablaba árabe y mantenía la Guardia Saracena. Como señaló el medievalista británico Steven Runciman, "aunque nació mitad alemán y mitad normando, era un verdadero siciliano de crianza, hijo de una isla mitad griega, mitad árabe".
Contactos sospechosos
Ya en 1227, Federico II envió un emisario al castillo de Alamut acompañado de una carta del propio emperador y un regalo de 80 000 dinares. En julio de 1232, la corte siciliana recibió una delegación de Asesinos. Estas relaciones tenían una justificación política: Federico, casado con la heredera del Reino de Jerusalén, estaba muy interesado en los asuntos del Oriente Próximo y buscaba la neutralidad benévola de los Asesinos, quienes a su vez temían la expansión mongola y pedían ayuda al emperador.
¿Podrían esos contactos haber incluido la orden de eliminar al duque de Baviera? Según fuentes medievales, la respuesta parece ser afirmativa. No obstante, los cronistas, muchos de los cuales tenían una visión desfavorable de Federico por sus conflictos con la Santa Sede, tratan este rumor con cautela.
La verdad, lamentablemente, se perdió con la muerte del asesino.
Fuentes
Bibliografía básica:
- Jerzy Hauzinski, Frederick II Hohenstaufen y los Asesinos. Un episodio poco conocido en la crónica de Muhammad al‑Hamawi, Ars historica, Poznań 1976, pp. 229‑240.
- Jerzy Hauzinski, La secta musulmana de los Asesinos en la literatura europea de la Edad Media, Poznań 1978.
- Herzogsmord in Kelheim. Das Attentat auf Ludwig I. von Bayern, Geschichte mit Pfiff, n.º 10, 2011, pp. 16‑19.
Bibliografía complementaria:
- Steven Runciman, Historia de las Cruzadas, vol. 3, trad. Jerzy Schwakopf, Varsovia 1998.