En la antigüedad grecorromana, la iniciación sexual estaba regulada por costumbres y creencias distintas entre griegos y romanos.
En Grecia el novio solía ser considerablemente mayor que su futura esposa, pero no se esperaba que permaneciera virgen hasta el matrimonio. Antes de contraer nupcias, el joven debía enfrentarse a dos fenómenos habituales: la prostitución y la pederastia, que también podían acompañarle más adelante.
Su primera experiencia podía ocurrir con una prostituta, con un amante mayor o, en algunos relatos anecdóticos, con una esclava o incluso con una vecina anciana, a menudo extranjera y sin resistencia.
Qué se permitía y qué no
Los médicos y filósofos de la época advertían que iniciar la vida sexual demasiado pronto agotaba la vitalidad del joven y obstaculizaba tanto el crecimiento físico como el desarrollo del espíritu. Comparaban el exceso de placer con una especie de "epilepsia menor".
Así, Sócrates (siglo V‑IV a.C.) recomendaba la moderación, y Galeno (siglo II d.C.) señalaba que muchos jóvenes enfermaban por haber buscado los placeres corporales con demasiada premura. Según él, la actividad sexual no debía iniciarse antes de los catorce años.
Además de las prostitutas, los jóvenes griegos podían ser introducidos al sexo por hombres mayores, siguiendo la idea del amor pederástico. La imagen muestra un vaso griego que representa a Ganimedes, amante de Zeus.
Ateneo de Naucratis (finales del siglo II‑principios del III d.C.) defendía que los adolescentes deberían dedicar su energía al ejercicio físico, no al coito, pues el cuerpo y el espíritu se fortalecen al suprimir los deseos juveniles.
En cuanto a la masturbación, los griegos la veían como una invención de los sátiros, pero no la consideraban moralmente censurable. Aunque algunos, como Aristóteles, advertían que la práctica podía fomentar la promiscuidad futura, muchos filósofos la describían como una forma casi higiénica de liberar tensiones.
Diógenes de Sinope, popularizado por la pintura de Jules Bastien‑Lepage (1873), abogaba por la abolición del matrimonio y proclamaba que todo lo que se hace en público puede hacerse sin vergüenza. Según los estoicos, la masturbación, al igual que el coito conyugal, debía practicarse en armonía con la naturaleza; el placer consigo mismo encajaba mejor que el placer con otro.
Sin embargo, aunque los adultos respetados podían permitirse ciertas libertades, no era apropiado masturbarse en el mercado, como hacía Diógenes. Platón, en el siglo IV a.C., imaginó una sociedad ideal donde el matrimonio natural bastaba para la procreación, eliminando la necesidad de prostitución, masturbación o pederastia.
Ritos romanos y primeras experiencias
En Roma, la iniciación sexual solía ocurrir la noche de bodas, aunque teóricamente. Las niñas podían casarse a los diez años, lo que dificultaba los encuentros prematrimoniales.
Existen relatos, aunque de dudosa veracidad, que afirman que la primera desfloración de la novia a veces la realizaban los amigos del novio en lugar del propio marido. Otro rito, mucho más documentado, involucraba al dios fálico Mutunus Tutunus.
Se colocaba una imagen fálica en la alcoba nupcial y la novia se sentaba sobre ella, “ofreciendo” su virginidad al deidad. Los historiadores discuten si el acto era meramente simbólico o si pretendía apaciguar temores ancestrales relacionados con la pérdida de la virginidad.
Mutunus Tutunus, dios de la fertilidad, tenía probablemente un santuario en la colina Velia, donde se exhibía una estatua fálica. La práctica desapareció con la caída de la República y el auge del Imperio, y no aparece en la poesía de Catulo (I s. p. C.).
Los poemas de la época, aunque a veces crípticos, expresan deseos de fidelidad y felicidad futura para los recién casados:
No seas imprudente, cónyuge,
No te entregues a la concubina,
No caigas en la fornicación.
En cualquier caso, la noche de bodas romana no era una fiesta desenfrenada; se esperaba que la esposa mantuviera la modestia y que la oscuridad impidiera comportamientos escandalosos.
Nota del autor
Este texto forma parte de la investigación para el libro "Épocas de vergüenza: sexo y erotismo en la Antigüedad".