Cleopatra buscó siempre el poder absoluto sobre Egipto. Forjó alianzas, eliminó rivales y apostó todo a una sola carta. Los antiguos la describieron muriendo tan dramáticamente como vivió. ¿Qué sabemos de sus últimos años y de su muerte?
El conflicto entre Marco Antonio y Octaviano se intensificó, al igual que la propaganda contra Cleopatra. En 33 a.C. el triunvirato se consolidó y, al iniciar el consulado en enero de 32 a.C., Roma se dividió. La culpa de la guerra civil recayó oficialmente sobre la reina egipcia.
Escena de la película "Astérix y Obélix: Misión Cleopatra"
Los consejeros de Antonio aconsejaron a Cleopatra regresar a Egipto para no alimentar la campaña de Octaviano, pero la reina se negó. No quería aceptar que su presencia al lado del líder fuera inútil. Por un lado, esperaba que Antonio negociara con Octaviano; por otro, competía con Octavia, hermana de Octaviano y esposa de Antonio, presentada como el modelo de virtud.
Una gobernante invencible
Cleopatra conocía la debilidad de Antonio y su vulnerabilidad a los consejeros. Temía que, al alejarse, él se reconciliara con Octavia y se volviera contra Egipto. Además, Egipto financiaba el ejército y la flota de Antonio.
La reina siempre quiso subrayar que ella era la única soberana de Egipto. En el relieve del templo de Hathor en Dendera aparece junto a su hijo Cesarión, mostrando un poder compartido, aunque ella ocupa el lugar principal a la izquierda, representada como una belleza enviada por Isis como su regente. No podía permitir que Antonio la relegara a una simple subordinada en Alejandría.
Sarah Bernhardt interpretando a Cleopatra
Los celos como arma destructiva
El temor de Cleopatra a Octavia se manifestó en acciones destinadas a neutralizarla a cualquier precio. En Atenas, la reina obtuvo honores especiales y Antonio, con los atenienses, le entregó la ciudad. Antonio también envió una delegación a Octavia para anunciarle su divorcio y expulsarla de su casa.
La guerra era inevitable. Aunque Antonio tenía ventaja militar, no atacó de inmediato, dando tiempo a Octaviano para reunir fuerzas y recuperar el testamento de Antonio del templo de Vesta. Ese documento, presentado en Roma, provocó escándalo: reconocía a Cesarión como hijo de César y pedía ser enterrado en Alejandría junto a Cleopatra.
El testamento se convirtió en combustible para la propaganda de Octaviano. Cleopatra pasó a personificar la amenaza a Roma; surgieron rumores de que quería conquistar la capital y trasladar su sede a Alejandría. Según Cassio Dión, ella afirmaba que su seguridad era tan segura como que algún día sería juzgada en el Capitolio romano.
Un final imposible
Plutarco y Casio Dión relatan que presagios celestiales y terrenales anunciaban la derrota de Antonio. Estatuas se dañaron misteriosamente; la estatua de Antonio en Albanum comenzó a sangrar. En Roma, los niños se dividieron en dos bandos, "Cesaristas" y "Antoninos", y tras dos días de enfrentamientos, los antoninos perdieron. Incluso las golondrinas que anidaban bajo la proa del buque insignia de Cleopatra, "Antonias", fueron expulsadas y murieron sus polluelos.
El 2 de septiembre de 31 a.C., tras la batalla de Actium, Cleopatra huyó del campo y Antonio la siguió. Abandonó a su ejército y la propaganda octaviana lo retrató como un traidor que se dejó vencer por una amenaza extranjera. El 1 de agosto de 30 a.C. Octaviano entró en Alejandría. Según Plutarco y Casio Dión, los hechos fueron dignos de un melodrama.
Antonio recibió un mensaje de Cleopatra anunciando su muerte; al leerlo, se quitó la armadura y pidió ser ejecutado por su sirviente Eros, pero falló. Al enterarse de que Cleopatra seguía viva y quería verlo, lo llevaron al mausoleo donde ella se encontraba; allí, en sus últimos momentos, murió en sus brazos.
Según los antiguos, Antonio moría arrastrado al mausoleo donde estaba Cleopatra.
Lo que se sabe con certeza: Antonio recibió información errónea sobre la muerte de la reina, fue herido de espada, llevado a Cleopatra y falleció.
¿Y Cleopatra? Muchos piensan que, al estilo de una tragedia, se lanzó al cuchillo junto a su amante. Sin embargo, la reina, a sus 39 años, buscó salvarse a sí misma y a su país. Plutarco describe su encuentro con Octaviano, pero los acontecimientos no siguieron el plan de la monarca.
El drama de la serpiente
Los relatos antiguos afirman que Cleopatra se quitó la vida de forma tan dramática como vivió. Se habla de la mordedura de una serpiente, porque morir con una daga o veneno le habría parecido poco espectacular. Tras la derrota frente a Octaviano, el 12 de agosto de 30 a.C. decidió suicidarse… ¿o fue obligada?
La muerte de Cleopatra ha generado múltiples teorías. Si bien la situación era desfavorable, una mujer de 39 años no necesariamente deseaba morir. Su vida muestra que buscaba siempre mantener el trono egipcio. Sin embargo, su vínculo con César y Antonio la hacía demasiado peligrosa para sobrevivir. Además, era madre de Cesarión, a quien había proclamado sucesor de Egipto.
Según la versión más popular, Cleopatra y sus dos damas murieron por la mordedura de una víbora transportada en una cesta de higos. En Egipto existían dos serpientes mortales: la víbora, cuyo veneno produce necrosis y sangrado, y la cobra, capaz de inyectar 300 mg de veneno (dosis letal: 10‑15 mg). La mordedura de cobra puede causar la muerte en minutos, pero no es fácil provocarla a voluntad y no siempre es fatal.
Incluso Plutarco admitió no saber si la muerte se debió a una serpiente o a una aguja envenenada. Suetonio menciona que Octaviano obligó a Antonio a suicidarse y que le extrajo el veneno a Cleopatra, aunque la frase "se creía que había muerto por mordedura de víbora" sugiere otra versión.
"Muerte de Cleopatra"
Otra hipótesis, basada en Plutarco, sugiere que dos acompañantes de Cleopatra, bajo la influencia de espías de Octaviano, decidieron que era mejor morir en Egipto que ser exhibida en el triunfo romano. Así, podrían haber administrado el veneno para preservar su dignidad.
Cleopatra sigue siendo una figura controvertida. En una época dominada por hombres, no temía alzar el poder que consideraba su destino. Sabía que sus decisiones podían llevarla al trono o a la muerte.
Los últimos años de su vida revelan determinación y fuerza. Al final, su último aliado no pudo ofrecerle seguridad, y la influencia de Antonio resultó ser un desafío insuperable. No obstante, su romance con el general egipcio quedó grabado en la historia.
Como mujer segura y poderosa, Cleopatra se convirtió en una herramienta de propaganda para Octaviano, que la presentó como la enemiga número uno de Roma. Sus rasgos, diferentes del ideal femenino de la época, facilitaron esa tarea. Octaviano enfrentó un dilema: exhibirla en su triunfo romano o temer que, como madre de Cesarión, siguiera teniendo aliados en Roma.
Así, una última posibilidad: Octaviano ordenó su asesinato. El asesinato le habría aportado mayores beneficios al vencedor, que podía narrar la historia a su conveniencia. La simbología de la cobra, animal sagrado de los egipcios y símbolo de Isis, refuerza la carga política del suceso.
La muerte de Cleopatra nunca se esclarecerá con certeza; las fuentes están teñidas por la propaganda octaviana. Lo que sí es indiscutible es que Cleopatra vivió a su manera, con dramatismo y decisión. Su legado sigue siendo el de una mujer que, en un mundo masculino, siempre se impuso.