El caso de Naum Abraham Halbersztadt
Naum Abraham Halbersztadt era propietario de un almacén de farmacia en Varsovia que prosperó hasta 1935. Consciente de la situación de los judíos en la Alemania nazi, rechazó todas las propuestas de cooperación comercial de empresas alemanas, entre ellas la conocida fábrica Elektrodental‑Fischer.
Tras repetidos intentos de la empresa por enviarle ofertas, Halbersztadt respondió con una carta en la que expresaba su repudio al régimen nazi:
«Les he pedido innumerables veces que dejen de molestarme con sus escritos. Desde que existe el régimen nazi, no aceptaré ninguna oferta mientras Hitler y su chusma gobiernen en Alemania; ninguna persona decente quiere relacionarse con ustedes.»
La carta, dirigida al Ministerio de Correos y Telégrafos del Reich, fue interceptada por la oficina postal alemana y remitida a las autoridades polacas.
El fiscal polaco abrió una investigación y, basándose en el artículo 111 del Código Penal, que sanciona “el insulto al jefe de un Estado extranjero”, acusó a Halbersztadt de un delito contra la dignidad de un jefe de Estado ajeno.
El tribunal confirmó la acusación y condenó al farmacéutico a tres años de prisión, la pena máxima prevista por dicha norma.
Los periódicos de la época trataron el caso como una curiosidad, sin ofrecer apoyo al acusado. Hoy, el episodio resulta paradójico: un judío fue juzgado en Polonia por insultar al líder del Tercer Reich, demostrando el oscuro sentido del humor de la historia.