¿Un imperio eslavo de la costa del Báltico al Adriático?
Durante la Segunda Guerra Mundial surgieron planes tan extraordinarios como peligrosos: un imperio eslavo que se extendiera desde el mar Báltico hasta el Adriático, liderado por Polonia, sin judíos y con una visión pagana. Estas ideas fueron realmente concebidas por un pequeño grupo clandestino.
Orígenes de “Espada y Arado”
En octubre de 1939, el sacerdote jesuita León Poeplau fundó en Varsovia una organización subterránea llamada Espada y Arado (Miecz i Póg), tomando el nombre de uno de sus periódicos clandestinos. Poeplau, capellán voluntario del Grupo Operativo Independiente "Polesie" del general Kleeberg, fue detenido y enviado a Auschwitz, donde murió el 28 de agosto de 1940.
Tras su muerte, la dirección pasó a manos del deportista Anatol Słowikowski (alias "Andrzej Nieznany") y del doctor Zbigniew Grad, investigador del antiguo Egipto.
Competencia con el AK
Los nuevos líderes pretendían que Espada y Arado se convirtiera en la principal estructura de la conspiración polaca, desplazando al Ejército Nacional (Armia Krajowa) apoyado por el gobierno en el exilio. Según el historiador Andrzej Zasieczny, hasta inicios de 1943 la organización logró reunir a varios grupos nacionalistas que rechazaban la autoridad del gobierno londinense.
Algunos historiadores estiman que la organización llegó a contar con 30 000‑50 000 miembros, aunque la contrainformación del Gobierno Delegado de Varsovia sólo reconocía alrededor de 1 500.
Su red de inteligencia fue la que, y no el AK como se suele creer, descubrió primero los intentos alemanes de lanzar misiles V‑2 desde Peenemünde.
Ideología: nacionalismo extremo y antisemitismo
El programa de Espada y Arado se basaba en un nacionalismo radical, distinto del tradicional endecista. La nación polaca era el valor supremo y su “tamaño” el objetivo principal. En sus publicaciones se leía: «O los polacos harán todo lo posible… o nuestros enemigos eternos nos aplastarán».
La guerra era vista como una oportunidad para “despertar” al pueblo y romper con la “indolencia y el consumismo”.
El antisemitismo era otro pilar. El investigador Jarosław Tomasiewicz afirma que el movimiento fue de los más hostiles a los judíos en la resistencia. En su programa se declaraba la "eliminación de los judíos de Polonia" y se criticaba la exhibición de la bandera polaca por los insurgentes del Gueto de Varsovia.
Elementos paganos y visión eslava
Aunque citaban la fe cristiana, sus textos ideológicos estaban impregnados de un fuerte paganismo. Aludían a la "cultura eslava" y denunciaban al cristianismo y a Roma como influencias foráneas. Frases como "la cultura romano‑occidental está en bancarrota, sólo nuestra cultura eslava ha sobrevivido" aparecen en sus revistas.
Los líderes no se oponían al Holocausto per se; la foto muestra a judíos bajo custodia alemana en Cracovia, 1939.
El sueño de una Polonia de “mar a mar”
En su visión geopolítica, Polonia se convertiría en una gran potencia europea. Las fronteras occidentales y septentrionales se basarían en el mar Báltico, el río Oder y el Nysa Łużycka, incorporando Lusacia, Silesia, Pomerania, Prusia Oriental y Gdańsk. Al sur, la frontera seguiría los Sudetes y los Cárpatos. Hacia el este, mediante una supuesta unión con Lituania y Letonia, el territorio se extendería hasta Smolensk y el Mar Negro.
Incluso proponían colonias en África (Camerún, Tanganyika, Madagascar), considerando que "las colonias son el honor de la nación y el corazón del Estado polaco".
El imperio eslavo propuesto
Polonia debía ser el centro de un imperio eslavo que abarcara "todas las tierras históricas y etnográficas donde alguna vez pisó un eslavo". El mapa adjunto muestra la zona hipotética de expansión eslava desde el Báltico hasta el Mar Negro y los Balcanes.
Se imaginaba una federación federal en la que cada grupo eslavo disfrutara de desarrollo cultural y nacional libre, sin que Polonia impusiera un estado centralista y homogéneo. Para ello establecieron contactos con húngaros, serbios, eslovacos, ucranianos, bielorrusos e incluso con la resistencia comunista griega.
En 1943 planearon un acuerdo con la Organización Nacional Ucraniana, pero las negociaciones se abortaron por supuestos fallos polacos.
Paralelismos con los planes del Gobierno en Londres
Curiosamente, el gobierno polaco en el exilio también diseñó un proyecto similar: una federación con Checoslovaquia y lazos más débiles con Lituania, Hungría y Rumanía, según un estudio de 1941 titulado "Para un nuevo orden de las cosas". El 23 de enero de 1942 se firmó el Acuerdo de Confederación Polaco‑Checoslovaco, pero la evolución del conflicto impidió su realización.
Aliados contra el bolchevismo
Para Espada y Arado, el bolchevismo era la mayor amenaza. Rechazaban el pacto Sikorski‑Majski como traición y buscaron contactos con la Alemania nazi y el Japón para crear una "cruzada anti‑bolchevique" europea.
Lograron cierta tolerancia de la Gestapo: miembros arrestados fueron liberados tras la intervención de Słowikowski y Grad, y estos pudieron viajar libremente por Europa.
En 1943 enviaron una carta a Adolf Hitler, proponiendo la creación de un ejército polaco dentro de la Wehrmacht contra los comunistas a cambio de la entrega del Gobierno General a manos polacas. También presentaron una propuesta similar al embajador japonés en Berlín.
Los alemanes rechazaron la oferta; la mayoría de la resistencia polaca consideró la iniciativa una traición. En septiembre de 1943, el agente soviético Bogusław Hrynkiewicz entregó pruebas que llevaron a la ejecución sin juicio de Słowikowski y Grad por parte del propio “Espada y Arado”.
El 18 de septiembre de 1943, en Varsovia, el escuadrón especial de la organización disparó a Grad en la calle Wielka 24 y a Słowikowski en la calle Wilcza 16. El sueño del imperio eslavo nunca se materializó, al menos no bajo la forma que sus ideólogos habían imaginado.