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El asalto rojo: los primeros días bajo la ocupación soviética

La invasión soviética y la reacción polaca

El domingo 17 de septiembre, alrededor de las 02:15 h (hora de Moscú), sonó el teléfono en la embajada polaca ubicada en la calle Spiridinowka 30. Un mensajero del subsecretario del Pueblo, Vladimir Potemkin, le entregó al embajador Wacław Grzybowski, a las 03:00 h, una nota del gobierno soviético que anunciaba la entrada del Ejército Rojo en Polonia y la supuesta "retirada general a Rumanía y Hungría por las rutas más cortas".

Grzybowski esperaba malas noticias, pero lo que recibió superó sus temores.

«La guerra polaco‑alemana reveló la quiebra interna del Estado polaco. En diez días de hostilidades Polonia perdió todos sus centros industriales y culturales. Varsovia dejó de existir, el gobierno se desmoronó y los acuerdos con la URSS quedaron sin validez… La URSS no puede permanecer indiferente ante la indefensión de los pueblos ucraniano y bielorruso que viven en Polonia. Por ello ordena al Alto Mando del Ejército Rojo cruzar la frontera para proteger a esas poblaciones y, a la vez, “liberar” a la nación polaca de la guerra provocada por sus líderes».

El embajador, manteniendo la dignidad propia de un diplomático experimentado, rechazó rotundamente el documento, calificándolo de contradicción abierta con la realidad y de agresión del Ejército Rojo.

El asalto rojo: los primeros días bajo la ocupación soviética

El juego de la diplomacia y la resistencia polaca

Potemkin, sorprendido por la postura del embajador, intentó persuadirlo mediante amenazas y la supuesta pérdida de la inmunidad diplomática. Grzybowski, sin ceder, anunció que presentaría una protesta formal y solicitaría visados para abandonar la URSS.

Tras la reunión, el mensajero dejó la nota en la embajada; los polacos la copiaron antes de que los soviéticos la sellaran y enviaran por correo. Grzybowski envió de inmediato un cable advirtiendo del inminente ataque del Ejército Rojo y otro con el contenido del documento soviético.

El 17 de septiembre, Molotov anunció por radio la supuesta protección de minorías y la neutralidad de la URSS, una excusa que incluso sorprendió a Joseph Goebbels, quien anotó en su diario: «Moscú entrará en Polonia para proteger a sus minorías, alegando neutralidad porque el Estado polaco ya no existe. La justificación es original, pero el hecho nos resulta útil».

La evacuación de la misión diplomática

Ante la posible violación de la extraterritorialidad, los empleados de la embajada destruyeron documentos confidenciales y, siguiendo la orden del ministro Beck, comenzaron a evacuar a todo el personal polaco en la URSS (Moscú, Minsk, Kiev y Leningrado). Los soviéticos impusieron obstáculos, negaron billetes de tren y amenazaron con arrestos.

Gracias a la intervención del embajador alemán Friedrich‑Werner von der Schulenburg, los diplomáticos polacos pudieron abandonar la URSS el 10 de octubre de 1939, mientras que sus homólogos británicos y franceses apenas hicieron algo al respecto.

La percepción polaca del Ejército Rojo

Los civiles polacos describieron al Ejército Rojo con desprecio y temor. Compararon su llegada con una invasión de langostas: “Los soldados soviéticos, hambrientos y sucios, llegaron con caballos enclenques, ropa raída y rifles colgados de cuerdas”. Las imágenes propagandísticas mostraban a soldados impecables y heroicos, pero la realidad era muy distinta.

El asalto rojo: los primeros días bajo la ocupación soviética

Testimonios de la población:

Wanda Woźniak (Dubno): «Recuerdo a los soldados con ojos rasgados, caballos pequeños, uniformes rotos y siempre hambrientos. Cada árbol y huerto se quedaba sin fruto; comían verduras crudas y llevaban todo en sacos atados con cuerdas».

Aleksander Szmiel (Dumaryszki): «Los oficiales hablaban con frases educadas y ensalzaban el sistema soviético, pero los soldados rasos eran simplemente cobardes, evitaban responder y se refugiaban tras sus comandantes».

Las descripciones coincidían en que los soldados usaban cuerdas en lugar de correas de cuero para llevar sus fusiles, vestían uniformes sucios, botas remendadas y, en invierno, chaquetas acolchadas. La falta de higiene y el hambre constante eran evidentes.

El asalto rojo: los primeros días bajo la ocupación soviética

Alcohol, tabaco y curiosidades

Los soldados soviéticos abusaban del alcohol, incluso consumiendo aguardiente desnaturalizado y colonia mezclada con agua. También fumaban tabaco de baja calidad, conocido como "kryszka". En Bialystok, un soldado compró peras en una farmacia y, tras desmontar el tubo de Bakelita, se las llevó a la boca como si fuera una pistola.

Los oficiales políticos, temidos por los soldados, eran llamados "sobaks" (perros) y podían castigar a los soldados y a sus familias, enviándolos a Siberia.

Desconocimientos técnicos y momentos cómicos

Los polacos también se sorprendieron por la falta de conocimientos técnicos de los ocupantes. En Przemyśl, un soldado soviético compró una picadora manual y, al intentar usarla, se quedó perplejo porque la máquina no hacía ruido. En Lviv, la oficial Karolina Lanckorońska vio a un oficial comprar un sonajero y, al probarlo, se rieron juntos, mientras el tendero se preguntaba: «¿Cómo es posible, señora? ¡Son oficiales!»

Fuente

Extracto del libro de Dariusz Kaliński, Czerwony Invasion. La verdad sobre cómo los rusos nos apuñalaron por la espalda en septiembre de 1939.