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¿El submarino alemán fue hundido por un monstruo marino?

En patrulla

El estrecho de North Channel, que une el mar de Irlanda con el Atlántico, siempre ha sido una zona de caza para piratas y, durante la Primera Guerra Mundial, para los U‑Boat alemanes. En su punto más angosto mide solo 20 km.

El 30 de abril de 1918, el submarino alemán UB‑85, bajo el mando del capitán Günther Krech, navegaba en esas aguas tras dos semanas de patrulla. Su objetivo era lanzar uno de sus diez torpedos mortíferos, pero la suerte no le sonrió. En abril de 1918 los U‑Boat alemanes habían hundido 280 000 toneladas de buques aliados; Krech quería añadir su propio “botín” a esas cifras.

Mientras vigilaba el horizonte con binoculares, el barco sintió un fuerte golpe en la borda de estribor. Krech describió lo que vio como "un enorme monstruo marino intentando trepar a bordo, con ojos gigantes y una cabeza calva, dientes que brillaban bajo la luna". Según su relato, el supuesto animal se quedó frente al cañón de proa y no se movió, lo que obligó a la tripulación a abrir fuego.

Consecuencias del supuesto encuentro

El peso del animal, según Krech, arrastró al submarino de 730 toneladas hacia el agua. La escotilla del salón quedó abierta, lo que supuso una amenaza mortal. Tras varios disparos, el monstruo desapareció y la tripulación respiró aliviada… al menos momentáneamente.

El daño causado por el supuesto peso impidió que el UB‑85 se sumergiera de nuevo. La tripulación, ahora como "pato en llamas", quedó a la deriva. Poco después apareció el barco británico HMS Coreopsis (clase Anchusa). Al acercarse, los británicos encontraron a los alemanes en cubierta con los brazos en alto. Tras tomar el control, hundieron el submarino, destruyendo cualquier evidencia que pudiera confirmar la historia del monstruo.

Misterio sin resolver

En octubre de 2016, la empresa Scottish Power descubrió un naufragio en el fondo marino que coincidía con la posición indicada por el Coreopsis en 1918. El sonar mostró un objeto de 103 m de profundidad con dimensiones compatibles con un submarino alemán. Los análisis posteriores identificaron el buque como el UB‑85, descartando al hermano UB‑22.

Aunque la foto del casco no reveló daños en la cubierta, la leyenda de un monstruo volvió a circular. Gary Campbell, encargado de los datos oficiales del monstruo de Loch Ness, comentó que la zona había sido escenario de anteriores avistamientos de criaturas marinas, lo que podría haber alimentado la imaginación de Krech.

La verdad impactante

Los documentos estadounidenses, que abarcan más de 4 300 rollos de microfilm, revelan la causa real del hundimiento. El navegante del UB‑85 informó que, tras detectar una patrulla británica, se ordenó una inmersión de emergencia. La escotilla del salón estaba cerrada, pero una gran inundación entró por ella, inundando los compartimentos de baterías y motores.

El agua provocó la falla de bombas, baterías y motores, y generó cloro tóxico por la reacción química de las baterías sumergidas. La tripulación enfrentó dos peligros simultáneos: ahogamiento y envenenamiento por gases de cloro.

El cabo Julius Göttschammer explicó que el capitán Krech había instalado un radiador en su camarote, cuyo cable pasaba por el tablero de control y atravesaba la escotilla, impidiendo su sellado completo. Esa instalación fue la verdadera razón de la inundación; sin ella, solo el salón habría tomado agua.

Al salir a la superficie, el submarino fue alcanzado por fuego británico, pero la munición alemana estaba en el compartimento inundado, lo que imposibilitó la defensa. Krech y el navegante fueron los últimos en abandonar la nave, destruyendo válvulas, documentos y libros de códigos para evitar que cayeran en manos enemigas.

En resumen, el submarino se hundió porque un radiador mal instalado obligó a abrir una escotilla que no pudo sellarse, provocando una inundación catastrófica, no por un monstruo marino.

Otros avistamientos de criaturas marinas

El 30 de julio de 1915, el buque británico Iberian fue torpedeado por el U‑28. Tras el hundimiento, la tripulación alemana afirmó haber visto una criatura de unos 20 m de longitud, con cuatro patas con membranas, cola larga y cabeza puntiaguda, similar a un cocodrilo. No se obtuvo fotografía.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el submarino estadounidense comandado por George Grider describió un “monstruo verde” con una larga barba fibrosa que emergió cerca del periscopio. Grider lo calificó de monstruo marino, aunque los historiadores consideran que tales relatos suelen ser exageraciones o errores de identificación.

Estos episodios muestran cómo la incertidumbre y el estrés en el combate submarino dieron lugar a relatos fantásticos que perduran en la cultura popular.