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Mató a su hijo, a su esposa… y se convirtió en santo: Constantino el Grande y sus víctimas

Constantino I, el primer emperador cristiano, rivaliza con Nerón en la categoría de "asesinos de seres queridos". Su lista de víctimas incluye a su suegro, cuñados, sobrino, esposa e hijo. Todo ello a pesar de que Eusebio de Cesarea lo describía como "un alma tres veces bendita, unida a Dios y libre de toda impureza terrenal".

La tragedia comenzó el 25 de julio de 306 en el campamento militar de Eboraco (actual York). Ese día falleció el emperador Constancio Cloro, designando a su hijo mayor, Constantino, de 34 años, como sucesor. Sin embargo, la sucesión no debía ocurrir así.

En ese momento el Imperio Romano estaba gobernado por cuatro emperadores: dos con el título de Augusto y dos con el de César. El Augusto debía reinar 20 años y luego abdicar a favor de su César. Constancio, ya Augusto, había nombrado a su propio César, su hijo, rompiendo el orden establecido y desatando una guerra civil.

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En octubre de 306, en Roma, Máximus, hijo de Maximiano (ex‑Augusto), se proclamó emperador. Pronto Maximiano, ansioso por recuperar el poder, abandonó su retiro político, lo que multiplicó peligrosamente el número de pretendientes al trono.

En 307, Constantino se casó con Fausta, hija de Maximiano y hermana de Máximus, sellando una alianza familiar que pronto se tornaría sangrienta.

El suegro Maximiano

Maximiano, ambicioso y poco perspicaz, intentó derrocar a su propio hijo Magnencio sin éxito y buscó refugio en la corte de Constantino. Más tarde intentó destronar a su yerno, pero también fracasó. Acabó en Marsella, donde sus tropas fueron sitiadas por las de Constantino. La ciudad abrió sus puertas, y Maximiano fue capturado, perdiendo cualquier esperanza de recuperar el trono.

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Según la versión oficial, Maximiano planeó asesinar a Constantino y arrastró a su hija Fausta al complot. La esposa del emperador delató el plan; durante la noche, Maximiano irrumpió en la cámara imperial, mató a un esclavo que sustituía al emperador y salió con el puñal ensangrentado. Fue detenido por Constantino y sus guardias y, según el relato, se ahorcó.

Algunos historiadores, como Aleksander Krawczuk, ponen en duda la veracidad de estos detalles, pero la responsabilidad de Constantino en la muerte de su suegro es indiscutible.

Cuñados y sobrino

Ser cuñado de Constantino era prácticamente una sentencia de muerte. En 316, el senador Basiano, marido de su media hermana Anastasia, fue ejecutado bajo sospecha de conspiración. No está claro cuán fundadas estaban las acusaciones, pero el emperador no dejó margen a posibles rivales.

El destino de Licinio, marido de otra hermana de Constantino, Constance, fue similar. Licinio gobernó la parte oriental del Imperio y se convirtió en el último obstáculo para la unificación bajo Constantino.

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El 18 de septiembre de 324, en la batalla de Calcedonia, el ejército de Constantino derrotó al de Licinio, quien se refugió en Nicómaco. Tras un acuerdo, Licinio renunció al poder, fue enviado a Tesalónica y asesinado unos meses después bajo el pretexto de un intento de sublevación.

En 326, Constantino condenó a muerte al hijo de Licinio y Constance, un niño de 11 años, bajo la sospecha de haber sido parte del complot contra el emperador.

Hijo y esposa

En el mismo año, Constantino ordenó la ejecución de su propio hijo Crispus, que había disfrutado de una carrera brillante: tres consulados, título de César y destacados éxitos militares contra Licinio. La causa exacta de su muerte sigue siendo objeto de debate.

Una versión sugiere que Crispus mantuvo una relación amorosa con su madrastra Fausta; otra indica que Fausta se enamoró de él y, al ser rechazada, lo acusó de seducción o violación. El relato recuerda al mito griego de Fedra e Hipólito.

Helena, madre de Constantino, atribuyó la muerte de su nieto a Fausta y la acusó de adulterio. Consumido por la sospecha, el emperador ordenó la muerte de su esposa, que fue encerrada en una bañera de agua caliente hasta asfixiarse.

Según crónicas tardías, Constantino temía la retribución divina por estos crímenes. Un misterioso egipcio de origen español le aseguró que el cristianismo podía absolverlo de todos sus pecados, lo que llevó a la conversión de Fausta y al suicidio de su esposa.

Mató a su hijo, a su esposa… y se convirtió en santo: Constantino el Grande y sus víctimas

Constantino no se bautizó hasta su lecho de muerte en 337. Como señala la especialista Teresa Wnętrzak, en esa época era común retrasar el bautismo para que este sacramento borrara todos los pecados cometidos durante la vida.

Galería criminal

Según Aleksander Krawczuk, "en la lúgubre galería de los emperadores más criminales, tres destacan por asesinar deliberadamente a sus seres queridos: Nerón, el matricida; Caracalla, el fratricida; y Constantino, el asesino de familiares".

Aunque sus crímenes familiares son indiscutibles, Constantino también consolidó la unidad del Imperio, derrotó a los bárbaros y promovió reformas legales, económicas y administrativas. Krawczuk reconoce que, pese a sus ambiciones, el emperador mostró una sincera preocupación por la estabilidad del Imperio y el bienestar de las clases bajas.

Su legado religioso influyó en la valoración histórica: los autores paganos lo criticaron, mientras que los cristianos lo recordaron como quien puso fin a la persecución y fomentó la tolerancia. Con el tiempo, en Occidente se convirtió en héroe de leyendas piadosas y, en Oriente, fue incluso venerado como santo.