Introducción
En la Edad Media, los monarcas franceses no dudaban en sacrificar sus matrimonios para asegurar la sucesión o satisfacer sus caprichos. Entre expulsiones, encarcelamientos y asesinatos, la historia está plagada de intrigas y abusos de poder.
La primera gran bigamia: Roberto el Piadoso
Roberto, hijo del rey Hugo Capeto, fue coronado a los 15 años. Su padre buscó una esposa real, pero las princesas estaban escasas. En 988 apareció Rozala, viuda del rey de Italia y mucho mayor que él. A los 17 años, Roberto se casó con ella.
El matrimonio duró poco. Roberto abandonó a Rozala y tomó a Bertha, viuda de siete años mayor que él y princesa de Borgoña. En 996, tras la muerte de su padre, Roberto se casó con Bertha, pero el Papa Gregorio V anuló la unión por consanguinidad: ambos compartían un bisabuelo.
En la visión medieval, incluso el parentesco en la séptima generación era suficiente para considerar incesto. El matrimonio era una transacción política, y la Iglesia vigilaba que no se cruzaran los lazos de sangre demasiado cercanos.
Después de varios años sin hijos, Roberto abandonó a Bertha y se casó con Constance de Arles, quien finalmente le dio dos hijos. Sin embargo, el rey volvió a intentar revivir su relación con Bertha, sin éxito.
La esposa demasiado gorda: Felipe I
Felipe I, nieto de Roberto, se cansó de su esposa Bertrada tras veinte años de matrimonio y la encerró en el castillo de Montreuil-sur-Mer por considerarla "demasiado gorda". Pronto, se enamoró de la condesa Eugenia de Anjou, a quien, según la historiadora Régine Pernoud, "le permitió secuestrar con gracia".
Felipe se casó con ella, incurriendo en una segunda bigamia, y sufrió la censura papal en el Concilio de Clermont, donde el Papa Urbano II condenó sus actos.
Aunque prometió no mantener relaciones con Bertrada, el rey no cumplió su palabra, pero la falta de una nueva escandalosa transgresión le salvó de mayores sanciones.
Anulaciones y parentescos prohibidos
Los límites de la consanguinidad eran a menudo el pretexto para anular matrimonios. Luis VII, nieto de Felipe I, se casó con Leonor de Aquitania; la relación fue anulada en 1152 al descubrirse que ambos descendían de Roberto el Piadoso.
El propio Felipe II Augusto intentó el mismo truco con Ingeborg, princesa danesa. Tras la boda, Felipe la rechazó públicamente, alegando incesto. La disputa duró años y la princesa permaneció encarcelada hasta la muerte de su marido en 1223.
Escándalo de 1314: la muerte de las reinas
El rey Felipe IV el Hermoso vivió un escándalo sin precedentes. Tres de sus hijos tenían esposas; dos de ellas fueron descubiertas en relaciones extramatrimoniales. En 1314, las amantes fueron ejecutadas brutalmente (desolladas, castradas y decapitadas) y, tras una humillación pública, las reinas fueron encarceladas en el castillo de Château-Gaudin.
Marguerite de Burgundia, esposa de Luis X, fue estrangulada en abril de 1315 cuando el rey necesitaba un heredero legítimo. Su muerte quedó registrada como uno de los crímenes reales más atroces.
Matrimonios entre hermanos y parentescos espirituales
El caso de Blanca de Borgoña y Carlos IV ilustra la complejidad de los lazos prohibidos. Aunque contaban con una dispensación papal para su parentesco sanguíneo, la Iglesia descubrió un vínculo espiritual: el rey era ahijado de la madre de su esposa, lo que equivalía a incesto.
El Papa Juan XXII anuló el matrimonio en 1322, pero Blanca siguió en prisión hasta su muerte en 1326.
Conclusión
Los reyes franceses utilizaron la bigamia, la anulación y la violencia como herramientas para mantener el poder y asegurar la sucesión. La intervención de la Iglesia, aunque a veces flexible, marcó límites que muchos monarcas intentaron superar, dejando una historia plagada de escándalos que aún fascinan.