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Sixto IV: el Papa que monopolizó la prostitución

Sixto IV y el monopolio de la prostitución

Francesco della Rovere, elegido Papa bajo el nombre de Sixto IV en 1471, utilizó los fondos del Tesoro papal para fundar un prostíbulo en Roma y, posteriormente, impuso tributos a todas las casas de placer de la ciudad, convirtiéndose en el monopolista del mercado de la prostitución.

Contexto eclesiástico

Desde la Edad Media la Iglesia mostraba una actitud ambivalente frente a la prostitución. Tomás de Aquino argumentó que, aunque la práctica contravenía la enseñanza divina, los ingresos de la mujer no eran inmorales, lo que permitía a la Iglesia aceptar sus limosnas. Esta postura influyó en teólogos que consideraban menos grave que una esposa incitara a su marido a buscar una prostituta que otras prácticas sexuales consideradas pecados graves.

Depravación permitida por la ley

Algunos teólogos de la época llegaban a calificar como menos pecaminoso que una mujer persuadiera a su marido a visitar una casa de citas que la práctica de actos sexuales como el sexo anal u oral. Incluso sacerdotes y religiosos no dudaban en usar esos servicios, bajo la premisa de que el acto era "una simple actividad fisiológica".

Sixto IV: el Papa que monopolizó la prostitución

Así, el propio Sixto IV fundó un prostíbulo con recursos papales y gravó con pesados impuestos a su personal, tanto femenino como masculino.

El proxeneta en el trono de Pedro

El Papa no se limitó a la fundación del prostíbulo; ordenó que se cobrara un tributo a todas las casas de placer de Roma, incluidas aquellas que no pertenecían a la cofradía oficial. De este modo, Sixto IV se convirtió en un monopolio estatal de la prostitución, obteniendo enormes beneficios gracias al flujo constante de peregrinos que llegaban a la ciudad.

¿Reformista?

Antes de su elección, Francesco della Rovere había destacado por su elocuencia y sus tratados teológicos dentro de la orden franciscana. Fue proclamado Papa el 9 de agosto de 1471 con una mayoría mínima. En sus primeros actos mostró una faceta moralista: defendió la Inmaculada Concepción y se presentó como guardián de la moralidad, firmando la llamada capitulación electoral que prometía convocar un concilio ecuménico y acabar con el nepotismo.

Sixto IV: el Papa que monopolizó la prostitución

Sin embargo, la realidad de su pontificado pronto desmentiría esas expectativas.

Familia, familia…

Sixto IV fue un férreo promotor del llamado nepotismo. Se sospecha que tuvo decenas de hijos y sobrinos, algunos de los cuales nacieron de relaciones incestuosas. Seis de sus “sobrinos” fueron nombrados cardenales, y uno de ellos, Giuliano della Rovere, llegó a ser el Papa Julio II.

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El pontífice también utilizó alianzas matrimoniales para fortalecer su influencia, vinculando a su familia con las casas más poderosas de Italia y aspirando a crear una monarquía papal.

Creador de palabras

Para financiar sus proyectos, Sixto introdujo la ofrenda obligatoria de regalos a Su Santidad por cualquier favor papal, y perfeccionó la venta de cargos eclesiásticos. Estas prácticas dieron origen al término sinecura, que hoy designa un cargo sin responsabilidades reales pero con remuneración.

Diversificación de ingresos

Además de los tributos por la prostitución y las sinecuras, el Papa vendió indulgencias para los difuntos, figurillas de corderos que supuestamente protegían contra rayos y fue necesario, y hasta el privilegio de "consolar temporalmente a mujeres casadas solteras". En algunos casos aceptó sobornos por actos de sodomía, limitados a los meses de junio, julio y agosto.

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Sixto IV también financió la construcción de la Capilla Sixtina.

El caso de la Inquisición española

En 1482 concedió a los súbditos de los Reyes Católicos el derecho a apelar las sentencias de la Inquisición, no por justicia sino por las cuantiosas sumas que los apelantes estaban dispuestos a pagar.

Aspectos espirituales

Aunque su pontificado estuvo dominado por intereses temporales, Sixto IV presidió el jubileo de 1475, impulsó la devoción mariana estableciendo la fiesta de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y fundó varias iglesias, apoyando especialmente a los franciscanos.

Conflictos armados

Su afán de crear un Estado dinástico lo llevó a participar en la conspiración de los Pazzi (1478) contra los Medici y, tras el fracaso, a iniciar una guerra de dos años que agotó las arcas vaticanas. De ese conflicto nació la Guardia Suiza, reclutada bajo un acuerdo con cantones helvéticos.

Más tarde, Sixto IV enfrentó a Venecia, ofreciendo indulgencias plenarias por matar a venecianos y, al enterarse de un tratado de paz firmado sin su consentimiento en 1484, exclamó: "¿Paz con Venecia? ¡Sobre mi cadáver!" Murió poco después, agitado por la noticia.

El legado cultural

A pesar de su impopularidad, el Papa destinó gran parte de sus recursos a la cultura y la arquitectura. Patrocinó a artistas como Botticelli, Perugino y Pinturicchio, encargó la decoración de la Capilla Sixtina, construyó el puente que lleva su nombre (Ponte Sisto) y la Via Sisto, y enriqueció la Biblioteca Vaticana y los Museos Capitolinos.

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Su impulso a la ciencia incluyó la autorización de autopsias, algo extraordinario para la época.

Evaluación final

El pontificado de Sixto IV es valorado de forma muy negativa. Sus obras de arte y arquitectura no pueden encubrir la corrupción, el nepotismo y la decadencia moral de la curia romana. Maquiavelo lo describió como "el primer Papa que demostró cuánta autoridad podía ejercer y cuántas cosas erróneas podían ocultarse bajo la apariencia del poder papal".

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