historia historica

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

Con el ataque alemán a Polonia el 1 de septiembre de 1939, Berlín vivió un apagón total. La medida, destinada a proteger la ciudad de los bombardeos nocturnos, provocó más daño que beneficio: los accidentes viales y ferroviarios se dispararon y la oscuridad se convirtió en un auténtico paraíso para criminales, entre ellos un asesino en serie.

En otoño de 1940, poco después de la victoria alemana en Francia, se encontró el cadáver de Gerda Ditter en Friedrichsfelde, suburbio oriental de Berlín. La joven de veinte años, madre de dos hijos, había sido estrangulada y apuñalada varias veces en el cuello dentro de su propia vivienda. El brutal crimen conmocionó a la ciudad.

La conmoción se intensificó al relacionarse el caso con cinco ataques previos contra mujeres en el mismo barrio. Tres fueron apuñaladas, una recibió una agresión que la dejó inconsciente y la última fue estrangulada y arrojada desde un tren del S‑Bahn.

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

En ese clima, el asesino del S‑Bahn se sentía como pez en el agua.

El asesino del S‑Bahn

Al principio la policía de Berlín estaba indefensa. Los ataques se producían de noche y, gracias al apagón, nadie podía describir al sospechoso. Los investigadores tuvieron que esperar el próximo movimiento del criminal, que llegó el 4 de noviembre.

Esa vez la víctima fue una mujer de treinta años que viajaba hacia Köpenick, en el sur de la ciudad. Un psicópata anónimo le golpeó la cabeza y la arrojó fuera del vagón en movimiento. La pasajera sobrevivió y declaró que el agresor llevaba el uniforme de un ferroviario. En un coche cercano se encontró el arma del crimen: un tubo de plomo.

Una semana después, el 4 de diciembre, aparecieron dos nuevas víctimas. La primera, Irmgard Frese, de diecinueve años, fue hallada inconsciente junto a las vías de Karlshorst, golpeada en la cabeza con un objeto contundente y luego violada.

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

La segunda víctima fue la enfermera Elfriede Frank, de veintiséis años, encontrada en Rummelsburg. Al igual que las anteriores, fue arrojada desde el tren y sufrió una fractura craneal fatal.

En diciembre se registraron dos asesinatos más: Elisabeth Büngener, de treinta años, hallada cerca de las vías en Rahnsdorf dos días antes de Nochebuena, y Gertrud Siewert, encontrada una semana después en Karlshorst.

El 5 de enero de 1941 apareció otra víctima, Hedwig Ebau, de veintiocho años, encontrada muerta cerca de Wuhlheide.

Aunque las autoridades intentaron silenciar el caso, la prensa sensacionalista de Berlín alimentó la histeria colectiva, describiendo al “asesino del S‑Bahn”. El apagón dificultaba distinguir entre víctimas de accidentes ferroviarios, suicidios y los crímenes del asesino.

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

En diciembre de 1940 se registraron 28 accidentes mortales en los trenes de Berlín, 25 de ellos directamente atribuibles al apagón.

¿Espía, judío o trabajador forzado?

La serie de asesinatos alimentó toda clase de teorías. Algunos sospechaban que el culpable era judío, otros que actuaba bajo órdenes de la inteligencia británica. La Kripo (policía criminal) centró sus investigaciones en dos grupos: trabajadores forzados y empleados del ferrocarril.

En la zona de los crímenes había numerosos obreros extranjeros contratados en fábricas de la Deutsche Bahn. Los testimonios apuntaban al uniforme ferroviario, por lo que se revisaron los horarios y turnos de más de 5 000 empleados del S‑Bahn, ofreciendo una recompensa de 10 000 Reichsmark por información que condujera a su captura.

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

Se intensificaron las patrullas en estaciones y plataformas; agentes de la Kripo, algunos disfrazados de mujeres, intentaron provocar al criminal. Las mujeres policías, sin armas, solo contaban con cascos reforzados como protección.

Según Roger Moorhouse, autor de Hitler's Capital. Life and Death in Wartime Berlin, estas medidas no lograron la captura, pero sí pudieron haber generado temor en el asesino.

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

Tras una pausa de cinco semanas, el 11 de febrero de 1941 se encontró el cuerpo de Johanne Voigt, de treinta y nueve años, en Rummelsburg.

El asesino volvió a la escena en julio, pero esta vez no atacó en el tren, sino que regresó a los métodos iniciales. La última víctima fue Frieda Koziol, hallada el 3 de julio en Friedrichsfelde, el mismo barrio donde comenzó la ola de crímenes.

En el lugar se encontró una huella de zapato. El análisis de los horarios ferroviarios redujo la lista a ocho sospechosos, entre ellos Paul Ogorzow, de veintinueve años, subinspector de señales, miembro del NSDAP y de la SA.

Los compañeros describían a Ogorzow como un hombre que despreciaba a las mujeres; uno de ellos aseguró haberlo visto saltar la valla del ferrocarril y desaparecer en la oscuridad.

La culpa del médico judío

El asesino en serie del S‑Bahn en la Berlín nazi

El 12 de julio Ogorzow fue detenido, sometido a intensos interrogatorios y a pruebas forenses. Se compararon las huellas y se verificó su coartada.

Seis días después confesó ocho homicidios, seis intentos de asesinato y treinta‑y‑uno asaltos sexuales.

Durante el juicio, intentó justificarse alegando que su conducta era el resultado de un tratamiento no convencional para la gonorrea prescrito por un médico judío. Los fiscales descartaron la excusa, describiéndolo como “frío y calculador, con nervios de acero y sin inhibiciones para satisfacer sus impulsos sexuales”.

El tribunal lo condenó a muerte y, el 25 de julio, fue ejecutado en la prisión de Plötzensee.

Fuentes

  • Roger Moorhouse, Hitler's Capital. Life and Death in Wartime Berlin, Znak, 2011.