historia historica

¿Puede justificarse el romance de una mujer polaca con un agente del NKVD?

Una joven atractiva y audaz

Ludwika Zachariasiewicz, de 17 años cuando estalló la guerra, usó su belleza y su falta de escrúpulos para seducir a oficiales alemanes, colaboradores polacos y, después, a agentes soviéticos. Su vida se convirtió en un juego de supervivencia y traición, narrado en su libro «Citas con el enemigo» (1946).

Servicios al Ejército Nacional

Su padre, oficial del ejército, fue prisionero alemán en Murnau. Ludwika se unió a la resistencia gracias a un conocido y empezó transcribiendo listas de emisoras, falsificando documentos y distribuyendo prensa y armas clandestinas. Estas tareas menores le sirvieron de puerta de entrada a misiones más arriesgadas, como observar a colaboradores polacos en los casinos de Varsovia.

En el verano de 1944, antes del Levantamiento de Varsovia, sus superiores le asignaron una misión especial: aprovechar su encanto, valor y astucia para infiltrarse entre los soviéticos. Se sintió como la "Mata Hari polaca".

Encuentro con el NKVD

Cuando las tropas soviéticas llegaron a Wołomin en septiembre de 1944, Ludwika, bajo las órdenes del AK, se presentó en la oficina del NKVD declarándose miembro del Ejército Nacional y ofreciendo colaborar. Los soviéticos la llevaron a casinos, restaurantes y banquetes, llamándola «nuestra pequeña niña».

Durante ese periodo conoció a varios oficiales soviéticos, incluso a uno con quien mantuvo una relación sentimental. Sin embargo, la constante violencia y la represión la fueron desgastando. Finalmente rompió contactos con ambos bandos y huyó a su ciudad natal, Grudziądz.

Del NKVD a la Milicia Ciudadana

En Grudziądz la resistencia polaca la capturó, la acusó de indisciplina y la obligó a seguir trabajando como informante. Se incorporó a la Milicia Ciudadana, donde, bajo el pseudónimo "Lena", estableció contactos con la Oficina de Seguridad del UB. Gracias a sus coqueteos y a su posición, obtuvo información valiosa sobre planes del AK y posibles arrestos.

Su apartamento se convirtió en un punto de encuentro para agentes del UB; allí organizó fiestas y mantuvo romances con varios oficiales, justificando sus actos como cumplimiento de órdenes subversivas.

El declive y la captura

En 1946, a los 24 años, Ludwika fue arrestada mientras intentaba robar dinero en una fábrica de caramelos. Fue llevada a la prisión de Bydgoszcz‑Fordon, donde sufrió torturas, golpes y amenazas de violación. Tras una larga condena, fue liberada en la amnistía de 1952.

Durante décadas mantuvo silencio. Sólo recientemente decidió publicar sus memorias, ofreciendo una visión única de la compleja red de traiciones, romances y supervivencia en la Polonia de la guerra y la posguerra.