El caso de Henryk Walezy
Los libros de texto suelen narrar que la Commonwealth polaco‑liubela tenía un rey electo que simplemente entregaba el país a quien elegía. Henryk Walezy, convertido en fiel aliado de la nobleza polaca, acabó muriendo en Francia a manos de un compatriota. Pero esta historia no es la única que demuestra que un rey polaco intentó huir de su propio país.
Zygmunt III Waza: la otra huida
Descendiente de Władysław Jagiełło y representante de la joven dinastía sueca, Zygmunt III Waza también intentó escapar de Polonia. Su ascenso al trono fue apoyado por su parentesco con los Jagiellón y la expectativa de una alianza con Suecia.
La huida a Francia de Henryk Walezy
Tras la muerte de su hermano, el rey de Francia, el trono quedó vacante. Walezy, que gobernaba la República de Polonia en ese momento, vio una oportunidad y, durante la noche del 18/19 de junio de 1574, se escapó en secreto de Polonia. Nunca regresó y el Séj tuvo que reconocer el trono como desierto, convocando otra elección que resultó en la elección de István Báthory.
El legado de Stefan Batory
Aunque Batory gobernó Polonia durante poco tiempo, muchos historiadores lo consideran uno de los mejores monarcas electos. Tras su muerte, la República tuvo que organizar otra elección.
El ascenso de Zygmunt III Waza
Un año después de la muerte de Stefan Batory, el príncipe sueco Zygmunt fue elegido rey. Su padre, Jan III Waza, rey de Suecia, había luchado por conseguir la corona polaca para su hijo, buscando una alianza contra Moscú. Cuando la misión fue exitosa, Jan se sintió triste y aislado, pues su esposa había fallecido y su hija Anna había partido con Zygmunt.
El intento de huida a Suecia
En agosto de 1589, Jan III Vasa decidió liberar a su hijo de la “cruel esclavitud” y llevarlo a Suecia. El 5 de agosto, Zygmunt, rodeado de una legión de unos dos mil polacos, se reunió con su padre en Rewel, Estonia.
En la reunión, ambos compartieron el mismo deseo: Zygmunt quería abandonar Polonia, y Jan solo lo persuadía. Sin embargo, la salida del rey polaco habría desestabilizado las relaciones polaco‑sueca y desencadenado otra guerra civil.
Los delegados de ambos países intentaron mantener el status quo, conscientes de que la retirada de Zygmunt podría provocar conflictos.
El regreso de Zygmunt y la tragedia familiar
Después de negociaciones, se decidió que Zygmunt permanecería en Polonia. Pudo reunirse con su padre en varias ocasiones, pero su última visión se produjo en Rewel. Los acuerdos reforzaron su vínculo con Polonia y lo alejaron de la capital sueca.
El resentimiento de Jan III Vasa
Al dejar Rewel, Jan III sabía que era su última oportunidad de ver a su hijo. Su hermana Anna Wazówna lo acompañó en los últimos momentos, pero la ira de su padre no cesó.
“Tras su regreso de Estonia, su política interna y externa desapareció. Se dedicó a vengarse de los miembros del consejo que lo habían obligado a permitir que su hijo se postulara al trono polaco en 1587, y dos años después los que le impedirían volver a Suecia.” — Lars Wolke, biografía de Jan III Waza.
No es de extrañar que pocos recibieran a Zygmunt con brazos abiertos cuando finalmente regresó a reclamar su corona paternal.
La figura de Anna Wazówna
Anna, hermana del rey, también tuvo un papel notable. Dos años después de acompañar a su padre de Rewel a Estocolmo, regresó a Polonia. Era una mujer de inteligencia y astucia, aunque poco popular en la corte.
Al convertirse en fiel católica, en su adolescencia aceptó la confesión luterana, lo que complicó su vida en Polonia. Fue rechazada en el entierro en Wawel, a pesar de su estatus real.
En 1598, se estableció de manera permanente en la Vístula, donde vivió hasta su muerte, apoyando a varios artistas.
Conclusión
Zygmunt III Waza, al igual que Henryk Walezy, demostró que la política polaca del siglo XVI estaba marcada por la ambición y las huellas de alianzas extranjeras. Sus intentos de huir reflejan la complejidad de un rey que debía equilibrar sus raíces polacas con su identidad sueca.
Fuente
Esta crónica se basa en:
- L. E. Wolke, Jan III Waza. Rey renacentista, Oficyna Wydawnicza Finna, Gdańsk 2011.