Un otoño tempestuoso en el bloque comunista
En 1956 la Polonia comunista cambió de liderazgo y Hungría vivió una rebelión brutalmente sofocada. La Unión Soviética parecía, a primera vista, la única isla de «socialismo modelo» que permanecía tranquila.
Pero la calma era solo aparente
Los jóvenes rusos recibieron rápidamente la noticia de los movimientos de libertad en Varsovia y Budapest. El 25 de octubre, en el club del Ministerio del Interior, estudiantes del Instituto Histórico‑Archivístico de Moscú brindaron por los acontecimientos y por lo que llamaron la Cuarta Revolución Rusa.

Al día siguiente, tras el famoso discurso de Gomułka en Varsovia, los estudiantes moscovitas comenzaron a manifestarse contra el sistema.
Una avalancha de protestas
La invasión soviética de Hungría avivó el descontento. Según William Taubman en Khrushchev. Hombre y época:
Los estudiantes de la Universidad Estatal de Moscú cuestionaron abiertamente las justificaciones de la invasión. En Leningrado circulaban periódicos independientes en segunda mano. El 7 de noviembre, durante un desfile en Jarosław, alumnos de secundaria colocaron un enorme cartel pidiendo la retirada de las tropas húngaras.
No sólo los jóvenes se opusieron a la represión. El profesor Lev Landau, futuro Nobel de Física, expresó a un informante del KGB: «¿Cómo podemos creer en los carniceros? Son carniceros malvados». En el Instituto de Geología Exploratoria de Moscú se debatió intensamente la actitud de la URSS en Hungría.

La foto muestra tanques soviéticos en las calles de Budapest, símbolo del sometimiento que alimentó la ira en toda la Unión.
Resistencia dentro del Partido
Cuando Yekaterina Furtseva, presidenta de la organización del partido en Moscú, intentó clausurar una sesión, la mayoría votó para continuarla. Para calmar los ánimos, Furtseva admitió que la información al público había sido insuficiente, pero al concluir la reunión, los críticos más ruidosos fueron arrestados.
Los obreros también mostraron su rechazo: en una panadería de Sebastopol se recortaron catorce retratos de líderes soviéticos, y en Sierpuchów, a 100 km al sur de Moscú, un trabajador destruyó la imagen de Nikita Khrushchev.
Temores de una nueva revuelta
En Leningrado, un informe del 5 de diciembre recogió la declaración de un obrero que advirtió: «Si no mejoran las condiciones de vida, aquí ocurrirá lo mismo que en Hungría». Otro comunicado citó a un miembro del partido de 31 años que resumió la línea del partido como: «Cállense o los arrestaremos». Estas voces, aunque minoritarias, alarmaron a la cúpula del poder.
Para sofocar cualquier brote, el 19 de diciembre el Comité Central aprobó una carta secreta dirigida a todos los órganos del partido, describiendo a los disidentes como una "multitud hostil" y "criminales a combarrrar sin piedad".

Represión y campos de trabajo
En los primeros meses de 1957, varios cientos de manifestantes fueron enviados a campos de trabajo; algunos recibieron penas de hasta siete años. La comisión encabezada por Brezhnev describió a los opositores como una "multitud hostil" y los persiguió bajo el artículo 58 del Código Penal estalinista.
Durante el primer trimestre se investigaron 32 casos de «crímenes contra la revolución»; en las siguientes seis semanas, el número se disparó a 96. Entre los acusados estaban:
- Un estudiante que portaba un cartel anti‑soviético.
- Un obrero que distribuía folletos anti‑soviéticos.
- Estudiantes que presentaban tesis contrarias a la línea del partido.
- Remitentes de cartas anónimas a la prensa, que fueron rastreadas por la KGB.
Curiosamente, estas represiones coincidieron con la proclamación de Khrushchev de que ya no había prisioneros políticos en la URSS, una afirmación que la realidad desmentía rotundamente.
Fuentes
Este artículo se basa en:
- William Taubman, Khrushchev. Hombre y época, Bukowy Las, 2012.