El colapso de la URSS y la excepción bielorrusa
Cuando la Unión Soviética se desintegró en quince Estados, la mayoría de los aparatos del partido tomaron el control en los nuevos países. Bielorrusia fue la excepción: su presidente surgió como un hombre del pueblo que derrotó al primer ministro postcomunista, responsable de los medios y de las instituciones estatales. Así, Aleksandr Lukashenko logró lo que parecía un triunfo democrático.
Los primeros pasos en la política
Al independizarse Bielorrusia, Lukashenko era director de una granja estatal y diputado de bajo rango. Aunque pertenecía al partido, se presentaba como independiente, defensor de la democracia y opositor al sistema colapsante. Sin embargo, pronto se convirtió en un ferviente partidario de la reconstrucción de la Unión Soviética.

Colaboró con nacionalistas y con comunistas. Hablaba a diario en la Cámara de Representantes, en radio y televisión, usando un lenguaje sencillo, a veces vulgar, y eslóganes pegajosos que lo hicieron rápidamente reconocible.
El golpe contra la corrupción
El 4 de junio de 1993 marcó un punto de inflexión: Lukashenko fue elegido presidente de la comisión parlamentaria anticorrupción. La oposición lo vio como una herramienta contra la nomenclatura del partido. Sin embargo, él superó a ambos bandos, convirtiéndose en un autoproclamado cazador de políticos corruptos.

Entre sus primeras víctimas estuvo Stanislau Shuszkiewicz, entonces presidente del parlamento y jefe de Estado. Según el relato de Siarhej Antonczyk, miembro de la comisión, Lukashenko dejó de lado la lucha contra la corrupción para acumular pruebas que le sirvieran a sus propios intereses.
Acusaciones y campañas de desprestigio
En diciembre de 1993 presentó un informe plagado de denuncias, algunas de ellas absurdas: acusó a Shuszkiewicz de apropiarse de cien dólares y a un diputado de poseer un coche extranjero.

Durante la campaña presidencial de 1994, Lukashenko se mostró no solo como el salvador de Bielorrusia, sino también como un padre ejemplar, posando junto a sus hijos Viktor y Dmitry.
El escenario electoral
Los principales rivales eran el primer ministro Vyacheslav Kebich, favorito del aparato estatal y de Moscú, y Zianon Paźniak, líder de la oposición nacional. Lukashenko, apoyado por un equipo joven y ambicioso, se lanzó a la contienda con una estrategia basada en la cercanía con el votante: recorría la ciudad en autobús o tranvía y utilizaba un lenguaje coloquial.
Prometió encarcelar a los corruptos, reintegrarse a Rusia y garantizar bienestar universal. La gente respondió con entusiasmo, aumentando su apoyo en aproximadamente un 2 % diario.
El supuesto atentado
Durante la campaña se difundió que su coche había sido disparado al regresar de una reunión. La investigación policial determinó que el disparo provenía de dentro del propio vehículo, a un metro de distancia, pero el episodio sirvió para reforzar la imagen de Lukashenko como víctima de la mafia política.

En la primera vuelta de 1994 obtuvo el 44,82 % del voto, con una participación cercana al 80 %. En Minsk solo alcanzó el 26,5 %, pero ganó cómodamente en las provincias. Kebich quedó segundo con 17,33 %.
De presidente electo a dictador
El 10 de julio de 1994 se celebró la segunda vuelta. Lukashenko obtuvo el 80,34 % de los votos, convirtiéndose en presidente de Bielorrusia. A partir de entonces, utilizó la posición de jefe de la comisión anticorrupción, ahora cerrada, para consolidar su poder.
El triunfo y la caída de la democracia
Su ascenso se debió a una combinación de factores: la nombramiento en la comisión anticorrupción, el descontento popular con la élite, y la división del voto entre candidatos democráticos como Paźniak y Shuszkiewicz. Aunque no hay pruebas de que los servicios secretos rusos impulsaran su victoria, Lukashenko convenció a los bielorrusos de que él era la mejor opción.

Prometió la reintegración con Rusia y, en 1997, firmó el tratado de la Unión de Bielorrusia y Rusia. Sin embargo, su gobierno se transformó rápidamente en una dictadura, convirtiéndose en el último dictador de Europa.