El hundimiento del USS Indianapolis
El 30 de julio de 1945, el crucero USS Indianapolis regresaba de una misión ultra secreta: transportaba los componentes clave de la bomba atómica “Little Boy”, que poco después sería lanzada sobre Hiroshima. El presidente Franklin D. Roosevelt apreciaba especialmente este buque, pero su regreso terminó en tragedia.
“El mar estaba en calma y el crucero hacía los zigzags obligatorios (según otra versión, los zigzags cesaron al anochecer). A las 00:14 del 30 de julio dos torpedos impactaron el flanco de estribor.”
Ese ataque fue sólo el comienzo del drama que se desarrollaría durante los siguientes cinco días en el Pacífico.
El impacto y el hundimiento
Una serie de infortunios dejó al Indianapolis sin escolta, sin sonar y a cientos de millas de la costa. El submarino japonés I‑58, bajo el mando de Machitsura Hashimoto, lanzó seis torpedos convencionales. Uno de ellos alcanzó la proa, evitando el depósito de gasolina de aviación; de haberlo tocado, la explosión habría sido instantánea.
El buque se hundió en apenas 12 minutos, dejando a la tripulación sin tiempo de evacuar.
El infierno en el océano
Alrededor del 25 % de los 1 200 tripulantes murieron en el instante del ataque. Los supervivientes quedaron a la deriva en aguas cubiertas de petróleo. Solo tres de los cuatro grupos de náufragos lograron alcanzar balsas salvavidas; quienes quedaron en el mar sufrieron quemaduras, intoxicación por el petróleo y una terrible deshidratación.
Los sobrevivientes describieron cómo el agua “se volvió roja” y cómo la falta de alimentos y la sed extrema los obligó a beber agua de mar, provocando alucinaciones.
Los tiburones
En la segunda noche, los náufragos descubrieron que el lugar donde se hundió el crucero era una zona de alimentación de tiburones. “Había cientos de tiburones. De repente alguien gritó y el tiburón lo atacó”, recordó el artillero Woody Eugene James. El océano se tiñó de sangre y la muerte se volvió aún más inminente.
El rescate
Cuatro días después, el teniente Wilbur C. Gwinn, de la escuadrilla de reconocimiento VPB‑152, avistó una mancha de petróleo y a varios hombres exhaustos. Tras dudar inicialmente, se envió un hidroavión Catalina que logró rescatar a nueve supervivientes; poco después llegaron los buques de rescate que salvaron a los 316 náufragos restantes, incluido el capitán.
Consecuencias y legado
El comandante Charles B. McVay fue juzgado y condenado por la pérdida del buque, aunque años después fue indultado. La tragedia inspiró obras como “Jaws”, la película “USS Indianapolis: La última misión” (2016) y el hallazgo del naufragio en 2017. Sin embargo, la atención mundial se desplazó rápidamente a Hiroshima, donde el 6 de agosto el bombardeo atómico marcó la historia.
El hundimiento del USS Indianapolis sigue siendo un símbolo de horror, valentía y controversia en la historia naval estadounidense.