Una visión medieval de la locura
En los siglos pasados el desconocimiento sobre la enfermedad mental obligó a tratarla de forma torpe y, con frecuencia, peor que la propia dolencia, recurriendo a métodos extraños que rozaban el sadismo.
Durante la Edad Media, la superstición intentó colmar los enormes vacíos culturales de la medicina. La locura se concebía como una especie de “piedra” material que debía ser «erradicada» del cráneo del enfermo con la ayuda de un bisturí.
El “procedimiento” de El Bosco
La famosa obra del pintor neerlandés Hieronymus Bosch, datada a finales del siglo XV (posiblemente 1492), muestra de forma visual y contundente esta creencia: un supuesto cirujano, en realidad un charlatán, intenta extraer la “tontería”, simbolizada por una pequeña flor, de la cabeza de un paciente ingenuo. A su alrededor, un monje con una jarra y una monja con un libro sobre la cabeza observan la supuesta operación.
El charlatán lleva un embudo, símbolo de estupidez y, en este caso, un instrumento de crítica hacia quienes se creen sabios pero son, en realidad, más ignorantes que los “tontos” que pretenden curar.
La obra, que hoy se exhibe en el Museo del Prado de Madrid, no solo destaca por su valor pictórico, sino que también constituye un valioso testimonio histórico que nos ayuda a comprender la mentalidad predominante en la época medieval.