Orígenes y contexto histórico
Asia Tuhajbejowicz, personaje que Sienkiewicz incluyó en su “Trilogía” y que la televisión popularizó, no es una invención total. Su modelo histórico no llevaba “el color azul en el pecho trasquilado”, pero su vida resultó igualmente fascinante.
Según la novela, Asia lidera la rebelión de los Lipkos, tártaros asentados en la Mancomunidad Polaco‑Lituana y al servicio del ejército. Se dice que es hijo del famoso comandante crimeano Tugai Bey, secuestrado y criado por un noble polaco, y que sus motivaciones son la gloria, el honor, la venganza contra su “guardián” polaco y el amor por Barbara Wołodyjowska.

En la realidad, el personaje se inspira en Aleksandr Kryczyński, líder de las banderas tártaras que cambiaron de bando a principios de 1672, tal como menciona Sienkiewicz.
El prototipo histórico: Aleksandr Kryczyński
Kryczyński, descendiente de una familia que se estableció en Lituania a principios del XV y que en los años 1720 se trasladó a Volinia, fue capitán de su propia bandera tártara desde 1654. Luchó contra los insurgentes de Khmelnytsky en Ucrania, contra la invasión rusa en 1655 y, según crónicas, salvó al gran hetman de la Corona, Stanisław Rewera Potocki, en la batalla de Gródek.
Participó en campañas contra los suecos bajo Stefan Czarniecki, en combates contra moscovitas y cosacos en 1660, y en las guerras contra los rebeldes de Lubomirski (1665‑66) y las invasiones tártaras (1667‑71). Entre conflictos, resolvió disputas con vecinos en Volinia, a veces en tribunales y otras con la espada.
Del héroe al traidor
Varias causas motivaron la rebelión Lipka. El Seym había dejado de pagarles salarios atrasados y les negó el derecho a construir o reparar mezquitas, un golpe duro para una comunidad que se había asentado en la Corona después de 1655. El rey prometió a Kryczyński la propiedad hereditaria de la aldea de Ceceniowce, pero el Seym no aprobó la concesión.
Cuando en 1672 se avecinó la guerra polaco‑turca, el fervoroso musulmán Kryczyński decidió unirse al sultán, arrastrando a decenas de banderas tártaras. La familia Lipka abandonó sus casas de invierno y se alió con el enemigo, sin quemar pueblos ni destruir propiedades.

Los tártaros lituanos que permanecieron leales a la República polaca siguieron combatiendo del lado de Polonia, incluso en la batalla de Jotón.
Honores, envidias y muerte
Los Lipkos, expertos en reconocimiento del terreno, se convirtieron en valiosos exploradores, guías e intérpretes para el ejército otomano, y a menudo atacaban a sus antiguos camaradas polacos. Como señaló el historiador Julian Bartoszewicz, “vestidos y hablados como polacos, no se les distinguía”.
Kryczyński fundó su propio harén y, en julio de 1673, fue nombrado por el sultán como gobernador de la fortaleza de Bar. Su ascenso provocó la envidia de otros capitanes tártaros. Al ser polonizado y acostumbrado a ciertas libertades, pronto se sintió decepcionado con el trato otomano.
El 13 de octubre de 1673, mientras las tropas polacas se acercaban a Bar, un grupo de partisanos le asaltó y lo asesinó con una lanza. A diferencia de la versión literaria, no fue empalado ni le perforaron el ojo; simplemente recibió una puñalada mortal.
Posteriormente, la familia Lipka obtuvo una amnistía, volvió al servicio del ejército polaco y permaneció leal a la Mancomunidad hasta su disolución.