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Un juego de vida o muerte: la pelota de los antiguos mayas

Introducción

Si hoy los principales canales de televisión mostraran este juego, tendría millones de espectadores. No se trataba ni de fútbol ni de baloncesto, sino de una disciplina que combinaba el deporte con el combate cuerpo a cuerpo.

El balón, de unos 5 kg y fabricado con caucho natural, podía resultar mortal; la partida se jugaba por la vida misma y los perdedores eran ofrecidos como sacrificio a los dioses sedientos de sangre.

Un juego de vida o muerte: la pelota de los antiguos mayas

Los dioses mayas y aztecas demandaban sangre.

Orígenes y campo de juego

Los primeros pueblos olmecas fueron los creadores del juego conocido como ullamaliztli. El campo más antiguo, hallado en la zona de Mazatán, Chiapas, data de 1700‑1550 a.C. El balón de caucho más antiguo descubierto tiene unos 3 000 años.

Los campos se construían en el centro de las ciudades, en plazas y templos. Eran rectangulares, con paredes de piedra en los extremos donde la pelota rebotaba. En Chichén Itzá existía una pista de 166 m × 68 m con anillos de piedra de aproximadamente 90 cm de diámetro, situados a varios metros de altura (hasta 6 m).

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El juego de caderas

En esta disciplina la pelota se movía principalmente con caderas y muslos; los pies y las manos estaban prohibidos. Los jugadores debían golpear el balón sin que tocara el suelo, lo que obligaba a realizar deslizamientos peligrosos y a usar los glúteos, rodillas e incluso codos para mantenerla en el aire.

Los equipos estaban formados por dos a cuatro jugadores. No se conoce con exactitud el sistema de puntuación, pero pasar la pelota por el anillo era tan difícil que probablemente se consideraba una victoria instantánea.

Para protegerse, los participantes utilizaban protectores de cadera de cuero, madera o piedra, que además les permitían golpear con mayor fuerza.

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Lesiones y sacrificios

Los crónicos de la Nueva España relatan que el peso y la elasticidad del balón hacían que golpes en la cabeza o el abdomen pudieran ser letales. Excavaciones arqueológicas han encontrado esqueletos con fracturas de costillas, cráneos y huesos de la cadera, confirmando la violencia del juego.

Los perdedores eran sacrificados en altares; los vencedores también podían ser ofrecidos, a veces bajo efecto de narcóticos para que murieran con una sonrisa. La decisión de quién moría dependía del contexto político: a veces eran prisioneros de guerra, otras veces el propio equipo ganador.

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Religión y espectáculo

El juego estaba imbuido de significado ritual y se vinculaba al calendario sagrado. Los anillos a menudo mostraban serpientes, aludiendo a Quetzalcóatl (Kukulkán), el dios emplumado. El balón simbolizaba la creación del mundo y su lanzamiento era una ofrenda para garantizar cosechas abundantes.

Los observadores eran, en su mayoría, sacerdotes y élites; no había gradas como en los anfiteatros romanos. La Iglesia colonial condenó la práctica como superstición pagana, pero el juego sobrevivió en forma modificada, conocido hoy como ulama, practicado en algunas regiones de México.

Bibliografía

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