El origen legendario del “Agua de la reina de Hungría”
Una receta que prometía rejuvenecimiento
Según la tradición, la mezcla debía prepararse con tres partes de vodka filtrado cuatro veces, a lo que se añadían dos partes del tallo y las hojas de romero. Todo se cerraba en un recipiente hermético, se dejaba reposar en un sitio cálido durante cincuenta horas y, después, se destilaba en un alambique especial. La dosis recomendada era una dracma por la mañana, acompañada de comida o bebida, durante varias semanas.
Esta fórmula apareció por primera vez en 1666 en un manuscrito atribuido al médico italiano Jan Praevotius, originario de Padua. Sin embargo, Praevotius aclaró que no era autor de la receta; la había encontrado en la biblioteca de una familia chipriota mientras revisaba antiguos breviarios.
¿Quién fue la supuesta autora?
En el manuscrito se citaba una nota manuscrita que, supuestamente, pertenecía a la reina Elisabet de Hungría, hermana de Casimiro el Grande y regente de Polonia. Según esa anotación, la reina había recibido la mezcla de un ermitaño y la utilizó para curar una grave enfermedad que la había dejado débil y cojeando. Además, afirmaba que el brebaje le devolvió la juventud y la belleza, tanto que varios pretendientes quisieron casarse con ella, pero ella los rechazó por devoción a Jesucristo.
La figura histórica detrás de la nota es Elżbieta Łokietkówna (también conocida como Elisabet de Hungría), hija de Władysław Łokietek y hermana de Casimiro el Grande. Durante siglos su nombre se ha vinculado al “agua de la reina”.
El mito se popularizó en el siglo XVIII
En la época de la Ilustración, la fórmula se difundió por toda Europa occidental. Se fabricó en masa en ciudades francesas como Lyon y Montpellier, y llegó a ser utilizada por el propio rey Luis XVI, que la empleaba para embellecer la piel y aliviar el dolor de muelas. Poemas latinos y grabados satíricos austriacos alababan sus supuestos efectos, y el producto se comercializó bajo nombres como “larędogra” en Polonia, aunque nunca se vendió en el lago Balaton ni en Hungría.
Lo que la historia realmente nos dice
Los estudios modernos consideran que la historia del breviario chipriota es una falsificación tardía, creada para impulsar la venta de productos de longevidad en el siglo XVIII. Jan Praevotius, aunque real, nunca mencionó a la reina ni a su supuesto remedio.
Lo que sí es cierto es que la reina Elisabet era una mujer influyente y muy dedicada a la medicina. En 1369 fundó una farmacia exclusiva junto al convento de las Clarisas Pobres en Buda, donde se vendían medicinas, velas, jabones, papel e incluso ropa.
En 1364, cuando tenía menos de sesenta años, la salud de la reina se deterioró gravemente, impidiéndole asistir al famoso Congreso de Cracovia y a la gran fiesta de Wierzynek. Los rumores sobre su muerte circularon, y el Papa envió condolencias al rey de Hungría, su hijo. Su posterior recuperación generó la creencia de que había existido algún secreto sobrenatural.
Conclusión
El “Agua de la reina de Hungría” es, en esencia, una leyenda creada para vender un producto de belleza y longevidad. La figura de Elżbieta Łokietkówna es histórica, pero su supuesta receta mágica es una invención posterior. Lo que permanece verdadero es su papel como mecenas de la medicina y el comercio en la Polonia medieval.