Durante más de mil años de historia, Roma libró innumerables guerras. Sólo unos pocos líderes lograron acercarla al colapso. Si hubieran triunfado, el Imperio romano habría terminado siglos antes, o quizá nunca habría surgido.
Muchas potencias surgieron y cayeron a lo largo de la civilización europea, pero ninguna perduró como Roma, un estado que emergió de guerras sucesivas y las venció. Sin embargo, antes de su desaparición legendaria, la ciudad tuvo que enfrentarse, en varias ocasiones, a amenazas de pueblos vecinos.
Estas rivalidades a veces pusieron al incipiente Estado en una situación crítica. ¿Quiénes fueron los comandantes que casi lograron detener su expansión?
5. Breno
El 18 de julio del 387 a.C. quedó grabado en la historia de Roma gracias a Breno, líder de la tribu celta de los senones. Ese día sus tropas derrotaron al ejército romano cerca del Alia, afluente del Tíber. Según Aleksander Krawczuk en "Crónica de la Roma antigua", generaciones posteriores describieron el suceso como un día de desgracia, durante el cual ningún ciudadano podía contraer matrimonio ni realizar sacrificios.
El 21 de julio Breno entró en la ciudad sin resistencia y la saquearon por completo. Los galos permanecieron en Roma varios meses, sitiando el Capitolio, aunque nunca lograron tomarlo. Los romanos, acorralados en la colina, optaron por pagar un rescate en oro. Satisfechos con el botín, los invasores abandonaron la ciudad sin mayor oposición.

Aunque Breno logró capturar y saquear Roma, no consiguió tomar el Capitolio.
4. Aníbal
Para los amantes de la antigüedad, la rivalidad entre Roma y Cartago sigue siendo una de las más fascinantes. El antagonismo mutuo entre ambas ciudades culminó en una serie de conflictos que duraron más de un siglo, entre 264 y 146 a.C. La república peninsular, en ascenso, salió victoriosa.
Aníbal encarna la lucha entre ambos pueblos. Su genialidad estratégica, a finales del siglo III y comienzos del II a.C., casi lleva a la derrota de la Ciudad Eterna. La marcha de su ejército –50 000 infantes, 9 000 caballería y 37 elefantes – a través de los Alpes es considerada una hazaña extraordinaria. Tras entrar en Italia, obtuvo numerosas victorias, destacando la Batalla de Cannae (216 a.C.), un símbolo perdurable de victoria total.
Sin embargo, el éxito no se mantuvo. La guerra de diecisiete años (218‑201 a.C.) agotó sus recursos. A pesar de la humillación infligida a Roma, los cartagineses no lograron conquistar la ciudad. Finalmente se retiraron de Italia y Aníbal fue forzado a renunciar al poder por sus compatriotas. Perseguido por los romanos, se suicidó en 183 a.C.
3. Vercigétoro
Otro líder que desafió a Roma fue Vercigétoro, comandante del siglo I a.C. de la tribu galga de los arvernos. Al igual que Aníbal, se distinguió por su astucia y dureza. Tras la muerte de su padre en el 52 a.C., centró sus esfuerzos en unir a las tribus galas, creando una base militar sólida para rebelarse contra los romanos.
Su estrategia incluía decisiones crueles pero efectivas, como la quema de sus propias aldeas para privar al enemigo de recursos. Así lo relata Julio César en La Guerra de las Galias:
«Vercigétoro, después de tantas derrotas sucesivas, convocó a su pueblo a una conferencia. Expuso que esta guerra debía librarse de manera distinta. Primero, impedir que los romanos obtuvieran alimentos, pues los galos contaban con suficiente caballería y el clima les favorecía.»

En el 52 a.C. rodeó la fortaleza romana de Alesia con un ejército que, según fuentes, llegó a los 250 000 soldados. Aunque logró aislar a los romanos, no pudo romper sus defensas. Tras la derrota, fue capturado, juzgado y ejecutado. Aun así, Vercigétoro sigue siendo recordado en Francia, como lo atestiguan los monumentos de Clermont‑Ferrand, Gien y Alesia.
2. Arminio
Décadas después de la muerte de Vercigétoro, Roma se enfrentó a otro rival capaz: Arminio, líder germánico de la tribu de los queruscos. Curiosamente, había servido como oficial del ejército romano.

Al observar el comportamiento de las legiones en Germania, decidió organizar una revuelta. Lideró una coalición de tribus germánicas contra el gobernador romano Publio Quintilio Varo. En el 9 d.C. los derrotó en la batalla del bosque de Teutoburgo, donde solo una decena de los veinte mil legionarios lograron escapar.
Sin embargo, el triunfo no se tradujo en una victoria duradera. En los años siguientes, Arminio se enfrentó a las fuerzas de Germanico. En el 16 d.C. perdió dos batallas, en el río Weser y en la ribera de Angrivium. La falta de apoyo de las tribus germánicas y su posterior asesinato por compañeros en el 19 d.C. pusieron fin a su rebelión.
1. Alarico
El rey de los visigodos, Alarico, que vivió a finales del siglo IV y principios del V, también amenazó con la destrucción de la Ciudad Eterna. Al igual que Arminio, había sido aliado de Roma y sirvió bajo el emperador Teodosio. Tras la muerte de este, fue elegido rey por su pueblo y rompió el tratado, volviéndose contra el imperio.

La captura de Roma por parte de Alarico, aunque temporal, marcó el inicio del declive del imperio. El 24 de agosto de 410, los visigodos entraron en la ciudad y saquearon durante tres días. ¡Era la primera vez en ochocientos años que Roma caía!
Aunque el rey no aprovechó plenamente su victoria, retiró sus tropas hacia el sur con la intención de cruzar a África. Una tormenta que destruyó la flota visigoda frustró sus planes, y Alarico murió inesperadamente poco después. Roma sobrevivió una vez más, pero el daño estaba hecho.
Inspiración
El artículo se inspiró en el último libro de Ben Kane, Hannibal. Enemigo de Roma, publicado por la editorial Znak Horyzont.