Introducción
En la República Popular de Polonia, la contrainteligencia utilizó el espionaje comercial para obtener documentos que permitieron comprar licencias de productos occidentales a precios mucho más bajos. Desde aspiradoras hasta automóviles, los agentes del Departamento IX del Ministerio del Interior aprendieron a robar información en los hoteles donde se negociaban los acuerdos.
Operaciones en los hoteles
Los oficiales del llamado "betka" vigilaban constantemente los establecimientos donde se alojaban los empresarios extranjeros. Cuando una compañía sueca construía el Hotel Forum (hoy Novotel), incluso le preguntaron a los polacos si deseaban reservar espacio para dispositivos de escucha; la respuesta oficial fue negativa.
El objetivo del Departamento IX era conocer las condiciones exactas en que las empresas occidentales estaban dispuestas a vender sus licencias. Para ello, los agentes se hacían pasar por empleados del hotel, realizaban inspecciones exhaustivas de las habitaciones y organizaban "cenas de suavizado" la noche anterior a las negociaciones, prolongando la estancia del invitado para ganar tiempo de registro.
La técnica del registro
Al entrar en la habitación, los agentes primero tomaban fotos con una Polaroid para documentar el estado original. Después abrían maletas con cerraduras Samsonite en cuestión de segundos usando una fina lámina cortada de una cuchilla de afeitar. También empleaban trucos más rudimentarios: colocar una corbata enrollada y una pila de monedas sobre la maleta; al moverla, las monedas caían, alertando al espía de que alguien había manipulado el equipaje.
Otro método consistía en colgar una tapa sobre la manija de la puerta o dejarla en el suelo, creando dudas sobre si había sido movida por el propio huésped o por el personal del hotel.
Copiado de documentos
Una vez obtenidos los papeles, los agentes los reproducían con un "combinate" soviético: una pequeña caja con dos lámparas, una mesa y una cámara montada en un brazo extensible. El equipo era compacto, alimentado por la corriente y mucho más práctico que los escáneres occidentales, que requerían baterías pesadas y emitían destellos que podían delatar la operación.
Los operadores dominaban el inglés, el alemán y el francés, lo que les permitía identificar rápidamente el contenido de los documentos. En una ocasión, lo que parecía ser un manual técnico resultó ser la constitución de la propia República Popular de Polonia.
Otros focos de espionaje
Además de los hoteles, el Departamento IX intervenía en el correo diplomático en el aeropuerto de Okęcie, abriendo paquetes antes de que fueran entregados a las embajadas. Gracias a esta información, el presidente Edward Gierek podía prepararse con antelación para las negociaciones de préstamos internacionales.
Impacto económico
El robo de licencias permitió a Polonia adquirir productos antes inaccesibles, como Coca‑Cola o el Fiat 126p, a precios reducidos. En esencia, el país no solo pedía préstamos al Oeste, sino que también les robaba la información que hacía esos préstamos más baratos.
Preparación para operaciones mayores
Las incursiones en hoteles y en el aeropuerto sirvieron como entrenamiento para asaltos a embajadas y consulados occidentales, donde se utilizaban técnicas más sofisticadas, como la apertura de cerraduras con radiación gamma.
Conclusión
Si bien estas acciones pueden juzgarse con dureza, es importante reconocer que la contrainteligencia del Segundo Departamento polaco tenía poco que ver con la represión política interna y, tras 1989, muchos de sus agentes fueron rehabilitados. La práctica del espionaje comercial no era exclusiva del bloque soviético; servicios como el MI5 británico también realizaron operativos similares en sus respectivos países.
En palabras del "Ingeniero", uno de los protagonistas: "Al final, pagamos menos por las licencias y eso ayudó a aliviar la pesada deuda del país".