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Operación Impensable

1945. El Tercer Reich cayó, pero la URSS se fortaleció. Podía amenazar a Gran Bretaña a menos que ella atacara primero. Así nació el plan Operación Impensable.

Durante la Segunda Guerra Mundial empezaron a circular dudas sobre si la Unión Soviética podría convertirse en un adversario de Gran Bretaña. Cuanto más se acercaba el final del conflicto, más intensas eran las discusiones. Ya en 1944 los militares británicos consideraban a la URSS una amenaza potencial para la seguridad del Reino Unido. Los diplomáticos, sin embargo, se mostraban escépticos: era ilógico sospechar de un aliado con el que compartían agentes y una estrecha cooperación.

En 1945 se redactó el documento La Seguridad del Imperio Británico, que afirmaba sin ambigüedades que, en una década, la Unión Soviética sería un serio peligro para Gran Bretaña y sus intereses. Los analistas militares de la época no dejaron de subestimar la magnitud del reto.

¿Qué opinaban los estadounidenses?

Curiosamente, el posible conflicto no se ubicaba inicialmente en Europa, sino en el Cercano Oriente, donde los campos petrolíferos eran estratégicos. Se barajaban escenarios de agresión soviética en Irán o incluso en la India a través de Afganistán.

Para los británicos era crucial saber cómo reaccionarían sus aliados más importantes, los Estados Unidos. Sin embargo, el secretario de Estado estadounidense declaró en 1946: «Washington no está más interesado en una alianza con Gran Bretaña contra la URSS que en una alianza con la URSS contra Gran Bretaña».

Operación Impensable

Si Moscú descubría que los británicos sospechaban de su aliado y preparaban planes contra él, la situación se volvía insostenible.

La tensión aumentó cuando los estadounidenses se mostraron descontentos con la postura de Winston Churchill respecto a una conferencia tripartita. Churchill, firme ante la expansión soviética en Europa Central, sostenía que cualquier traición, como la que temía para Polonia, podría desencadenar una guerra.

David contra Goliat

Un informe ultra secreto sobre un posible ataque a la URSS, revelado en 1998, describía los planes británicos. El 22 de mayo de 1945 el general Sir Hastings Ismay entregó a Churchill una hoja de ruta que fijaba el 1 de julio de 1945 como la fecha de inicio de nuevas hostilidades, es decir, de una tercera guerra mundial. ¿Con qué contaría Gran Bretaña? Se preveía la participación de estadounidenses, polacos y los restos de la Wehrmacht.

El mismo informe, fechado el 8 de julio de 1945, estimaba la disponibilidad de 103 divisiones: 64 americanas, 35 británicas y 4 polacas, de las cuales solo 23 serían blindadas. En contraste, la Unión Soviética contaba con 170 divisiones del Ejército Rojo, 30 de ellas blindadas, y potencialmente hasta 264 divisiones al movilizarse por completo. ¿Qué ocurriría si EE.UU. abandonara Europa?

Aunque la superioridad numérica del Ejército Rojo era abrumadora, los analistas británicos subestimaban la moral y disciplina soviéticas, mientras sobrevaloraban el agotamiento de las fuerzas alemanas. Calculaban que la URSS podría desplegar hasta 6 millones de soldados y alrededor de 600 000 agentes del NKVD.

Operación Impensable

Se contemplaron dos escenarios: un conflicto limitado o una guerra total, aunque el primero podía escalar rápidamente. La línea de frente propuesta abarcaba el eje Szczecin‑Piła‑Bydgoszcz o Leipzig‑Chodzież‑Poznań, con el objetivo de ganar la batalla blindada en la zona Odra‑Nysa Łużycka y abrir paso a una ofensiva más amplia, principalmente en Polonia.

Operación Impensable

Los aliados también debían considerar que el Ejército Rojo tendría zonas de retirada y que extender demasiado el frente perjudicaría a la coalición. Como señalaban los analistas de la época: «no existe una frontera que los Aliados puedan cruzar para romper la resistencia rusa». La historia de Napoleón, que ocupó Moscú sin lograr la rendición, sirvió de advertencia.

Una derrota rápida del Ejército Rojo era improbable, incluso con apoyo estadounidense. La única alternativa plausible era debilitar la economía soviética hasta impedir su capacidad de guerra, mediante la captura de ciudades estratégicas y bombardeos profundos, aunque la distancia y el riesgo para los bombarderos aliados eran considerables.

«Misión imposible» fracasó

Los estrategas también temían una contraofensiva soviética que podría dirigirse hacia Dinamarca, Noruega, Suecia o Grecia, e incluso una invasión de Turquía que cortaría al Occidente del Mar Negro. Se preveía, además, una posible ofensiva soviética en Oriente Medio. En Francia e Italia, la influencia comunista era fuerte y Moscú podría aprovecharla para sabotajes. Sorprendentemente, los analistas anticipaban que Stalin podría encontrar un aliado inesperado: Japón.

Operación Impensable

Al final, el plan Operación Impensable quedó en el olvido. Todo indicaba que, sin una movilización mucho mayor, la iniciativa británica no tenía posibilidades de éxito frente a la abrumadora superioridad numérica soviética. Gran Bretaña decidió, en cambio, centrarse en la defensa contra una posible agresión soviética. La cuestión política también influyó: el Partido Conservador de Churchill perdió las elecciones.

Con el tiempo, el proyecto se convirtió en una curiosidad histórica. Esperemos que las lecciones extraídas de esta evaluación militar y geoestratégica sirvan para evitar errores similares en el futuro.