Según algunos historiadores, la Blitzkrieg se impulsó tanto por tanques y vehículos como por… anfetaminas. Los soldados alemanes ingerían pastillas con esta droga como si fueran caramelos. ¿Podría el pervitín haber sido realmente la clave para que el Tercer Reich ganara la guerra?
En noviembre de 1939, un joven soldado de la Wehrmacht escribió una carta desde la Polonia ocupada a su familia en Colonia. En ella saludó a sus hermanos y padres y les pidió que le enviaran "algo de pervitín".
Se trataba de una versión de baja dosis de lo que hoy conocemos como metanfetamina clorhidrato, cristal o speed.
Un remedio para refrescar la mente y mejorar la libido
En los Juegos Olímpicos de 1936, los atletas estadounidenses usaron benzedrina, lo que incitó a la farmacéutica alemana Temmler a investigar. En 1938 lanzó al mercado alemán tabletas de pervitín publicitadas como un estimulante que refrescaba la mente y aliviaba diversos males, desde la depresión hasta la disminución de la libido.
El pervitín se convirtió en el motor inesperado de la Blitzkrieg.
El producto ganó rápidamente popularidad y llamó la atención del ejército alemán. En verano de 1939, el Dr. Otto Ranke, de la academia médica militar de Berlín, empezó a experimentar para evaluar los beneficios del uso de Temmler por los soldados.
Tras probarlo con conductores de la Wehrmacht durante la campaña en Polonia, se constató que los efectos del fármaco se asemejaban a los de la adrenalina: aumento de la concentración y la confianza, disminución de las inhibiciones y mayor propensión al riesgo. La conclusión fue evidente: un estímulo de ese tipo ayudaría a Alemania a ganar la guerra.
En la primavera y verano de 1940, el ejército recibió más de 35 millones de tabletas de pervitín, coloquialmente llamadas "stukas". A los soldados se les indicó tomar una o dos pastillas de tres gramos para mantenerse activos pese a la falta de sueño.
Soldados estimulados
Los efectos del consumo masivo de metanfetamina por la Wehrmacht siguen siendo objeto de debate. Es evidente que personas alertas, seguras y dispuestas a asumir riesgos, capaces de operar durante tres días sin descanso, resultaron ser combatientes muy eficaces.
Un dato curioso proviene del libro de Roger Moorhouse "El Tercer Reich en 100 objetos", publicado por la editorial Znak Horyzont.
Los testimonios de la época subrayan la gran importancia del pervitín. El oficial encargado del suministro de la 1ª División Blindada durante la campaña de Francia tenía que proveer a la unidad con 20 000 tabletas del fármaco y las distribuía entre los soldados que avanzaban sin control hacia el oeste. Algunos comentaristas contemporáneos afirman que la Blitzkrieg se alimentó tanto de anfetaminas como de tanques y automóviles.
No obstante, el efecto efímero del fármaco pronto se hizo evidente. Aunque los beneficios iniciales fueron indudables, los militares comenzaron a preocuparse por los efectos secundarios, la tolerancia creciente y el aumento de los accidentes. Ya en 1940 se intentó incluir al pervitín de Temmler en la lista de sustancias prohibidas.
Resulta simbólico que el soldado mencionado al inicio solicitara tabletas estimulantes en noviembre de 1939, más de un mes después de que concluyera la fase de combate en Polonia. Aunque los combates habían cesado, el remitente seguía necesitando otro impulso.
Fuente
El texto proviene del libro de Roger Moorhouse "El Tercer Reich en 100 objetos", publicado por Znak Horyzont.
Los títulos, ilustraciones con pies de foto, textos en negrita, explicaciones entre corchetes y subtítulos son aportes de los editores. El contenido ha sido ligeramente editado para introducir saltos de párrafo más frecuentes.