Clima invernal y el desafío logístico
En Italia el clima puede ser apacible, pero el invierno de 1944 fue una pesadilla para los Aliados. Las lluvias torrenciales convirtieron los ríos del bosque en caudales furiosos y las carreteras en lodazales. Los vehículos de última generación se volvieron inútiles; solo las mulas pudieron salvar la campaña en Monte Cassino.
¿Qué es una mula?
Una mula nace del cruce entre un burro macho y una yegua. Es más inteligente que un caballo y menos obstinada que un burro, además de requerir muy poca alimentación. Su gran resistencia le permite transitar senderos estrechos y escarpados, por eso los Aliados recurrieron a ella cuando el terreno se volvió intransitable.
“Abrumando” al ejército
Al iniciar la campaña italiana, todavía en Sicilia, los Aliados contaban con apenas trescientos ejemplares. Los analistas militares pronosticaban una demanda de 1.300 mulas solo para el 5.º Ejército. Al comenzar la compra masiva, los italianos vieron una oportunidad de negocio: el precio pasó de 80 USD a 250 USD por unidad.

Para cubrir la necesidad se organizaron traslados masivos desde Sudáfrica, Chipre, Líbano y otros países mediterráneos. Sin embargo, el aumento de la manada generó un nuevo problema: el suministro de alimento. Se creó el Consejo Aliado Conjunto de Suministro de Alimentos, pero resultó ineficaz.
La solución llegó con los conductores italianos de mulas, incorporados al ejército aliado tras la declaración de guerra de Italia al Tercer Reich (13 oct 1943). La unidad "Salmerie" fue la primera en servir bajo mando aliado. En la víspera de Monte Cassino, la cifra ascendía a 14 500 mulas.

Los soldados de cuatro patas
Las caravanas de mulas recorrían incansablemente los estrechos caminos, transportando municiones, raciones y evacuando heridos y fallecidos bajo fuego constante, mayormente de noche. Muchas murieron o resultaron heridas; se instaló un hospital veterinario de campaña. Allí, por razones de seguridad, se les realizaba una cirugía en las cuerdas vocales para evitar su característico rebuzno.
El corresponsal de guerra Ernie Pyle describió una noche en la que una caravana descendía del Monte Sammucro bajo la luz de la luna, cargada de cadáveres y acompañada por siluetas sombrías de soldados.

Los soldados desarrollaron un vínculo especial con estos animales. Una mula herida fue abrazada por su cuidador, quien la llamó por su nombre antes de que otro soldado la matara por compasión. Historias como esa muestran la inteligencia superior de las mulas frente a caballos y su trato cercano, similar al de perros o gatos.
Una compañía esencial
La 5ª Compañía de Transporte, equipada con un camión de la Primera Guerra Mundial, rifles Carcano 1891, seis caballos y 258 mulas, mantuvo caravanas en marcha continua. En una ocasión, marchó durante 24 horas seguidas, tomó un breve descanso de cinco horas y siguió avanzando.

Por sus méritos recibió el título honorífico de "Compañía Monte Cassino". Un historiador de la 45ª División de Infantería, citado por Peter Caddick‑Adams, afirmó: "Sin mulas la campaña de invierno en Italia habría sido imposible. En terreno plano los vehículos se hundían en el barro; en las pendientes más pronunciadas sólo los hombres cargando raciones podían avanzar. Entre esos extremos, los senderos requerían mulas como una necesidad irritante".
Conclusión
Sin la ayuda de las mulas, los Aliados no habrían podido vencer en Monte Cassino, cruzar la Línea Gustav, expulsar a los alemanes ni entrar en Roma en junio de 1944. Las mulas fueron, sin duda, un factor decisivo en la victoria.