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Yo fui el comandante del Escuadrón 303: el conmovedor relato de un piloto polaco

De la aldea de Podlasie al cielo de la guerra

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, un joven de la aldea de Podlasie no perdió tiempo: se alistó como piloto de caza y pronto se encontró sobre los cielos de Polonia, combatiendo a la Luftwaffe. Con el paso de los años, sus misiones lo llevaron a lo que hoy se conoce como toda Europa, hasta llegar al mando del escuadrón polaco más célebre de la historia.

El accidente de 1943 y el regreso inesperado

El 3 de febrero de 1943, el capitán Tadeusz Kotz fue derribado sobre el norte de Francia. Creyó que nunca volvería a volar. Tras una fuga audaz a través de los Pirineos, alcanzó Gibraltar y, de allí, fue trasladado a Inglaterra. Sus compañeros, convencidos de su muerte, lo ignoraron al volver al cuartel, pensando que se trataba de un fantasma.

Al llegar a Gran Bretaña, Kotz fue ascendido a mayor y, el 20 de noviembre de 1943, nombrado comandante del Escuadrón 303 de Varsovia, también conocido como el Escuadrón Kościuszko. No era un puesto fácil, pero él aceptó el reto sin vacilar.

Misiones bajo fuego enemigo

En su libro "303. Mi Escuadrón", Kotz recuerda una orden del 11.º Grupo de Aviación: dos Spitfire debían volar a baja altura sobre París para atacar objetivos terrestres, como aeropuertos.

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Durante una de esas misiones, él y un joven aviador se acercaron a 20 km de Le Havre cuando fueron atrapados por una intensa lluvia de fuego antiaéreo. El teniente Mijakowski gritó por radio: "¡Entendido!" y, segundos después, su Spitfire se estrelló en el mar. Kotz logró dar dos vueltas sobre el sitio antes de regresar a la base, donde fue confundido por la defensa antiaérea británica y recibió fuego propio.

El Escuadrón 303 en la Operación Market Garden

El 17 de septiembre de 1944, bajo el mando de Kotz, el escuadrón participó en la mayor operación aerotransportada de la guerra: Market Garden. A las 2 a.m. sobre la zona inglesa, los pilotos cubrieron el descenso de los paracaidistas aliados. Kotz describió la escena:

"Nuestro dominio aéreo era tal que los aviones alemanes escaseaban. Durante la mañana realizamos varios patrullajes y, a las ocho, escoltamos a los paracaidistas mientras cientos de paracaídas amarillos y rojos se desplegaban sobre territorio enemigo".

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Aunque el día se caracterizó por buen tiempo, la caída de los paracaidistas fracasó por la elección del sitio de aterrizaje. Kotz y sus hombres siguieron combatiendo en tierra mientras el fuego cruzado ardía sin cesar.

El drama sobre Walcheren

Tras otra misión de escolta, el escuadrón volvió a la isla de Walcheren, donde el intenso fuego antiaéreo alemán amenazó a los pilotos. En medio del bombardeo, el motor del Spitfire de Kotz se apagó tres veces. Sin alternativa, entregó el mando al teniente Bruno Kudrewicz y trató de aterrizar de emergencia.

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Mientras descendía a escasa altura, el motor volvió a encenderse inesperadamente. En lugar de arriesgarse a otro ataque, Kotz giró el avión hacia Bélgica, donde se refueló en la base de Gent. Allí, un amigo de la época prebélica le regaló una botella de vino francés en señal de celebración.

Regresó a su base del sur de Inglaterra con el avión reabastecido por el servicio polaco. Sus compañeros, que temían lo peor, lo recibieron con alegría y champán. El 25 de septiembre, Kotz entregó el mando del escuadrón a su sucesor.

Fuentes

  • Memorias de Tadeusz Kotz, "303. Mi Escuadrón", editorial Bellona.

Lee las memorias del comandante del Escuadrón 303

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