Se le suele pintar como un tacaño torpe, antagónico a Kalina Jędrusik, y obediente ciego a Moscú. Son muchos los mitos que rodean a Władysław Gomułka. Es hora de revisar la "leyenda negra" del camarada "Wiesław".
1. Un horizonte limitado y falta de estudios
Se dice que Gomułka era inculto y de pensamiento estrecho. En parte es cierto: solo terminó la escuela primaria de cuatro años en Krosno y cursó dos años en la Escuela de Varones. Además asistió a cursos del Partido en la Escuela Internacional Lenin en Moscú (1934). Sin embargo, sus biógrafos contemporáneos destacan que era autodidacta, leía con avidez y poseía una gran memoria. Compensó la escasa formación formal con lectura y una inteligencia innata.
En la segunda mitad de los años 20, trabajando como secretario del sindicato de la industria química en Drohobych, aprendió el ucraniano por su cuenta para comunicarse con sus compañeros.
Cuando estuvo preso tres años por "desviación nacional‑reaccionaria", aprovechó los interrogatorios para leer. Se conservó una lista de 141 libros leídos tras las rejas. Tras su liberación, según su hijo Ryszard Strzelecki‑Gomułka, siguió leyendo prensa nacional y de la diáspora, sobre todo la revista parisina Kultura, y escuchaba emisoras extranjeras.
2. El mito del zapato lanzado al televisor
Una anécdota popular cuenta que, al ver el programa Kabaret Starszych Panów y la actriz Kalina Jędrusik, Gomułka se quitó la zapatilla y la arrojó contra la pantalla. Piotr Bojarski, autor de 1956. Despertado, cita a Ryszard Strzelecki‑Gomułka, quien asegura que su padre apenas veía la tele en la cena y luego se retiraba a trabajar en su despacho. Además, nunca usaba zapatillas dentro de casa; las llevaba sólo por una lesión en la pierna sufrida en los años 30.
3. Obediencia absoluta a Moscú
Como comunista de carrera, Gomułka siguió la línea soviética, pero su lealtad no fue incondicional. A finales de los años 40, en un enfrentamiento con Bolesław Bierut, Stalin intervino y le pidió que terminara la disputa. Gomułka respondió que no podía colaborar con Bierut, Minec y Berman. El historiador Jerzy Eisler señala que Gomułka fue el único líder comunista de la Europa del Este que se opuso a Stalin.
En 1956 se enfrentó a Nikita Khrushchev durante el 8.º Pleno del Comité Central, logrando un acuerdo que regulaba la presencia de tropas soviéticas, mejoraba las condiciones del suministro de carbón polaco y facilitaba el retorno de polacos desde la URSS.
También se opuso a la interferencia del NKVD en la vida interna polaca, al intento de colectivizar la agricultura y a la excesiva presencia de oficiales soviéticos en el ejército.
4. ¿Era un vengativo?
Su discurso del 19 de marzo de 1968, en el Salón del Congreso de Varsovia, atacó a escritores como Stefan Kisielewski, Janusz Szpotański y Paweł Jasienica. Sin embargo, Bojarski muestra que, tras su regreso al poder en 1956, Gomułka no persiguió a sus antiguos perseguidores. Según el profesor Andrzej Werblan, "no buscaba venganza, sino lo que consideraba del interés público".
En el juicio de 1957 contra funcionarios estalinistas del Ministerio de Seguridad, Gomułka rechazó incluir el caso de su propio encarcelamiento.
5. ¿Lo odiaba la sociedad?
En octubre de 1956, Gomułka era "el líder indiscutido, no solo del partido, sino de la nación". El profesor Jerzy Eisler afirma que "nunca antes ni después en la historia de Polonia un líder comunista gozó de tanto apoyo, respeto y confianza".
Desilusionada con el estalinismo, la población vio en él a un ex‑preso político capaz de cambiar el país. Gomułka llegó a decir: "Sin el apoyo de toda la sociedad, no podría ni quisiera permanecer ni una hora al frente del partido".
Su discurso en el 8.º Pleno, que defendió a los obreros de Poznań, es considerado el más escuchado en la historia de la República Popular de Polonia.
6. ¿Ahorro en cigarrillos?
Se difundió la imagen de un Gomułka ascético que rompía sus cigarrillos a la mitad para ahorrar. Su hijo Ryszard asegura que la práctica tenía otro motivo: fumar menos, no ahorrar unos centavos. La nieta Hanna Strzelecka‑Gomułka explica que su esposa Zofia compraba ropa de buena calidad y que le encargaba trajes a un sastre cercano.