¿Filósofos o guerreros?
¿Los filósofos son esas personas que sólo piensan encerradas en una torre de marfil? Claro que no. Pablo Lamberti lo demuestra con convicción en su libro Vida de Combatiente, donde reúne a filósofos‑guerreros como Sócrates, Séneca y los samuráis japoneses.
Mi experiencia en el tatami
Me encontraba en el piso de una escuela de taekwondo en Rotterdam. De lejos, parecía imponente: casi dos metros de altura, hombros anchos y varios tatuajes. Ya había alcanzado el cinturón morado y estaba a un paso del negro, dominaba bien las patadas y los golpes, y había roto tablas con puños y patadas. Sin embargo, ese día mi rendimiento fue pobre.
«¡Alto!», gritó el instructor. «¿Qué haces? En un arte marcial no se golpea al aire. Cuando alguien se coloca frente a ti, basta con tocarlo». De repente, el miedo a herir al otro me paralizó.
Al leer Vida de Combatiente recordé esa escena. Lamberti, doctorando en filosofía en la Universidad de Ámsterdam, escribe sobre filósofos‑guerreros como el Sócrates griego y los samuráis japoneses. «Pocas cosas revelan más sobre uno mismo que los conflictos que ponen cara a cara con nuestras debilidades», afirma.
El soldado resistente
Esa frase resonó en mí. Un arte marcial actúa como un espejo: me mostró que, a menudo, soy demasiado complaciente y me cuesta defenderme, incluso en una pelea.
Practicar artes marciales, servir en el ejército o ser gladiador constituye, según Lamberti, «una forma de auto‑examen». El espejo que la disciplina nos devuelve debe motivarnos a actuar: a reivindicarnos, a ser más firmes. Lamberti no usa la lucha como mera metáfora; su libro relata filósofos con experiencia real en el combate.
El propio Sócrates ejemplifica esta idea. Defendía que «una mente fuerte reside en un cuerpo fuerte», por lo que la buena condición física era esencial. También resaltaba la importancia del autocontrol, cualidad indispensable para un soldado. Según Lamberti, Sócrates fue un soldado valiente que participó en varias guerras, poniendo en práctica sus enseñanzas en la Atenas de su tiempo.
Artistas de la vida
Además de Sócrates, Lamberti dedica gran parte del libro a los samuráis japoneses, guerreros de élite entre los siglos XII y XIX. El pasaje más destacado cita a Yagyū Munenori (1571‑1646): «La filosofía debe ponerse en práctica. Las palabras escritas son bonitas, pero lo que importa es cómo las aplicas». Para Lamberti, estos filósofos‑guerreros son verdaderos artistas de la vida, lejos del estereotipo del académico aburrido y aislado.
¿Es este libro solo para practicantes de artes marciales y amantes de la teoría? No. Incluso quien no se identifica con la lucha encontrará en él una mirada fascinante al “cocina” de la filosofía guerrera. Lamberti ofrece una visión inspiradora que muestra cuán entrelazados están el pensamiento y el combate.
¿Y qué ocurrió conmigo? Aprendí que, para mejorar en taekwondo, debía arriesgarme a ir más allá de mis límites: alargar mis movimientos y golpear con mayor audacia. Tras mucho entrenamiento, el esfuerzo dio frutos y, el pasado fin de semana, obtuve mi cinturón negro con la inscripción «Más fuerte por la lucha».